Internacional

El doble golpe electoral previsto para los 'tories' señala el fin de Theresa May en Reino Unido

Reuters.
Londres.

La parálisis de la salida de Reino Unido de la UE se convertirá esta semana en el catalizador de un serio correctivo para los conservadores en las elecciones locales parciales que se celebran en Inglaterra e Irlanda del Norte. El castigo será solo el anticipo de la aniquilación que sufrirán el 23 de mayo en unos comicios europeos que se consideran ya inevitables, dada la incapacidad de tramitar en el Parlamento la legislación necesaria para impedir su convocatoria. La falta de apoyo suficiente al acuerdo negociado con Bruselas y la división que persiste en Westminster ha convencido al Número 10 de la conveniencia de abandonar los planes de presentar la Ley de Retirada de la UE, la normativa necesaria para el divorcio.

Como consecuencia, la ciudadanía no perdonará a los tories, fracturados ante el ojo público por las luchas cainitas generadas por las diferentes ambiciones que cohabitan en materia de ruptura. De los 8.425 asientos que se juegan en 248 autoridades municipales. se prevé que la derecha pierda más de un quinto de los 4.906 que defiende, lo que la dejará en una posición todavía más vulnerable para la votación para la Eurocámara, en la que será fagocitada por el Partido del Brexit, que pese a su reciente formación, lidera todas las encuestas, ayudado por el tirón de Nigel Farage, ex líder del UKIP.

Pese a las profundas contradicciones de un hombre que fracasó en sus siete intentos de acceder a la Cámara de los Comunes y que dice ir en contra de los "políticos de carrera", ignorando que lleva 20 años como europarlamentario, Farage encarna como pocos la identificación con un proyecto. Su campaña para provocar la salida de la UE lo convirtió en una excentricidad en el panorama británico, pero la paulatina desafección de los ciudadanos con Westminster, su inusitada popularidad e, innegablemente, la eurofobia padecida tradicionalmente por los conservadores se convirtieron en el caldo de cultivo para el auge del UKIP.

La presión interna resultó insoportable para David Cameron, que acabó claudicando con un referéndum cuyas consecuencias amenazan en la actualidad no solo con provocar una escisión en su partido, sino con hacerlo inelegible. El batacazo del jueves será el prólogo de lo que está por venir el 23 de mayo, una humillación paradójicamente esperada por muchos en la propia formación como el golpe de gracia para desalojar a Theresa May.

Si Farage es identificado indisolublemente con el Brexit, la primera ministra tiene el dudoso honor de estar considerada la causante del bloqueo. Independientemente de que éste persista por la profunda división que los tories presentan en materia de salida, la fijación de May por un plan rechazado tres veces en el Parlamento y su invitación de última hora al Laborismo para intentar hallar un consenso han resultado medicinas indigeribles para los suyos. Como consecuencia, si la semana pasada habían decidido en una ajustadísima votación no cambiar el reglamento para permitir un motín interno antes de doce meses, es difícil que la clemencia se repita tras dos escarnios en las urnas.

Desacuerdo reinante

La toxicidad de May como agente electoral es indisputable, como evidenció con la pérdida de la mayoría absoluta en las generales de 2017, cuando la breve luna de miel que había disfrutado en los meses inmediatamente posteriores a su mudanza a Downing Street la convenció de jugársela para aumentar la escasa hegemonía que había heredado de Cameron. Sin embargo, no son pocos quienes en su partido dudan de que un recambio en la residencia oficial resuelva un conflicto que no es tanto de liderazgo, como del desacuerdo reinante.

Aunque los conservadores quieren que la premier dé una fecha para su salida antes de junio, un jaque a May antes del divorcio oficial podría llevar al Número 10 a un representante del núcleo duro, un desenlace tan temido por los moderados como el peor de los escrutinios.

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