Innovación Oncológica

Hacia una precisa y necesaria eficacia

Álvaro Rodríguez-Lescure, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM)

Durante años, el tratamiento sistémico del cáncer se ha basado en esquemas de quimioterapia clásica, dirigidos frente a los mecanismos de división celular, una de las características principales de las células tumorales. Cierto es que en el armamentario clásico contra el cáncer hemos utilizado terapias dirigidas muy eficaces, sin conceptuarlas como tales, como es el caso de la hormonoterapia. El mecanismo de la quimioterapia clásica es poco específico, aunque en muchos casos muy eficaz. Sin embargo, en otros casos su inespecificidad es responsable de un margen terapéutico muy estrecho, definido por una discreta eficacia muy penalizada por los efectos secundarios.

La investigación en biología celular y molecular ha estudiado de forma intensiva los mecanismos biológicos responsables del desarrollo, progresión y capacidad metastásica de los tumores, permitiendo el desarrollo de terapias dirigidas más específicas, adaptadas a grupos de pacientes concretos y no a todos en general. De esta manera, gracias a la identificación de las vías de señalización alteradas en cada tipo de tumor, se han desarrollado en los últimos años fármacos dirigidos frente a esas dianas concretas.

Por otro lado, también se han desarrollado fármacos frente al microambiente tumoral, responsable de favorecer el crecimiento del tumor a través de la generación de vasos sanguíneos o de un entramado denominado estroma tumoral que dificulta el acceso de fármacos. Con este abordaje terapéutico, se ha conseguido atacar mecanismos concretos de crecimiento tumoral con beneficios importantes en supervivencia, con un perfil de toxicidad diferente, en general más favorable que el de algunas quimioterapias clásicas, con lo que se contribuye a mejorar la calidad de vida de los pacientes y el cumplimiento terapéutico.

Un nuevo concepto en la terapia dirigida y la medicina de precisión ha aparecido recientemente: la identificación de mutaciones esenciales (conductoras del proceso neoplásico) como dianas terapéuticas ha supuesto el desarrollo de terapias "tejido-agnósticas", de forma que el fármaco demuestra su eficacia en neoplasias con dicha mutación, que ejerce como biomarcador, independientemente del origen anatómico o tisular del tumor.

Fruto de la evolución y del conocimiento es la combinación de terapias tradicionales como la quimioterapia con inmunoterapia o de los antiangiogénicos con la inmunoterapia. Las hipótesis que se generan promueven el avance y desarrollo de ensayos clínicos en Oncología, que alcanzan cifras nunca conocidas hasta ahora.

La inmunoterapia ha sido, sin duda, uno de los mayores avances logrados en la oncología del siglo XXI, logrando la destrucción de las células tumorales por el propio sistema inmune del paciente, al que algunos cánceres mantienen en un estado de inhibición. Esto es posible gracias a los tratamientos que logran restaurar el funcionamiento correcto del sistema inmune frente al tumor. En esa primera generación, aparecen los inhibidores de check-point, pero ya dan sus pasos nuevas estrategias centradas en la inmunoterapia celular, virus oncolíticos, vacunas... Un paso importante en este sentido es el desarrollo de fármacos que actúen en la denominada edición génica, es decir, la modificación de genes que nos permita dirigir la respuesta antitumoral.

Por último, no debemos olvidar el valor esencial de los tratamientos locales del cáncer, la cirugía y la radioterapia, cuyos desarrollos técnicos de los últimos años generan nuevas opciones de combinación y sinergia con los tratamientos sistémicos, ya no solo en la enfermedad localizada, sino también en la enfermedad metastásica.

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