Innovación Oncológica

Investigación básica, clínica y traslacional: del laboratorio al paciente

L a Asociación Española de Investigación sobre Cáncer (ASEICA) y la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) coinciden en que hay que esperar entre 10 y 15 años hasta que un descubrimiento realizado en un laboratorio básico se pueda trasladar a los pacientes con cáncer. Asimismo, apuesta por mejorar las condiciones de la investigación en cáncer para que los avances lleguen antes a los pacientes.

El presidente de ASEICA (Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer), el doctor Xosé Bustelo, indica que "la escasa financiación en investigación en cáncer, junto con ciertas trabas burocráticas, limitan la transferencia de los hallazgos en investigación oncológica al ámbito clínico, lo que repercute negativamente en los tratamientos y seguimiento en pacientes. Los científicos patentarían más si hubiese una financiación pública adecuada en I+D+i, menos burocracia y mayor colaboración entre investigadores básicos y clínicos".

La estratificación del cáncer también forma parte de las tareas pendientes, como un paso necesario para una atención verdaderamente personalizada, pues permite una mayor individualización del tratamiento y optimizar la línea de I + D mediante la segmentación de los pacientes. Además, otro de los retos es conseguir que toda la información de las investigaciones oncológicas esté disponible para todos los investigadores de cáncer, lo que multiplicará la posibilidad de encontrar los elementos diferenciadores esenciales con potencial diagnóstico y terapéutico. Combinar los enfoques existentes con los nuevos podría ayudar a enfrentar este desafiante problema de salud, permitiendo el desarrollo de terapias para detener la progresión de la enfermedad y prolongar las vidas de los pacientes.

Muchas compañías, incluido Google, están desarrollando sus propios sistemas de inteligencia artificial y datos para una mejor evaluación del diagnóstico y tratamiento del cáncer.

A pesar de considerarnos un país a la vanguardia de la innovación en medicina, las cifras no dicen eso. Francia dedicó 120 millones de euros entre 2012 y 2017 a la promoción de ensayos clínicos independientes, España invirtió 300.000 euros. España no ocupa buenas posiciones ni en financiación de la innovación, ni en la actividad en patentes de biomedicina.

Por su parte, la presidenta de SEOM (Sociedad Española de Oncología Médica), la doctora Ruth Vera, indica que hoy "en España hay más de 800 ensayos clínicos con reclutamiento activo, lo que indica una alta implicación de nuestros investigadores. Como aspecto más negativo, la gran mayoría de los estudios han sido financiados por la industria. Esto implica una fuerte inversión en nuevos fármacos que es importante, pero debería estar más balanceado con estudios académicos que respondan a preguntas necesarias y fundamentales para los pacientes".

La investigación orientada al paciente (traslacional) es clave para la generación de conocimiento científico con potencial impacto en la práctica clínica

El doctor Jesús García-Donas, jefe de la Unidad de Tumores Ginecológicos y Genitourinarios del Centro Intergal Oncológico Clara Campal HM CIOCC, indica que "los avances tecnológicos nos han permitido alcanzar una profundidad en el conocimiento de los fenómenos biológicos, nunca vista. Las agencias reguladoras han empezado a facilitar la aprobación de fármacos que solo se han ensayado en poblaciones relativamente pequeñas de pacientes cuando el racional biológico es muy claro. Este cambio no solo acelera el acceso a nuevos fármacos, sino que ha permitido que patologías extremadamente infrecuentes dispongan de terapias específicas.

Igualmente, reduce el coste del desarrollo de los fármacos lo que debería dar lugar a un abaratamiento de los tratamientos. Lamentablemente, no somos capaces de predecir con precisión los efectos de una nueva sustancia sobre organismos complejos, como el ser humano. Por ello siempre es necesario completar estudios clínicos que confirmen los resultados esperados no solo en cuanto a eficacia, sino también en lo relativo a su seguridad".

Los esfuerzos actuales están muy centrados en los enfoques de células individuales en los que las células tumorales se analizan individualmente y tienen el poder de detectar células raras con características genómicas capaces de impulsar el reinicio de la enfermedad incluso después del tratamiento.

Colaboración

El futuro de la investigación del cáncer dependerá cada vez más de una mejor colaboración a medida que desarrollemos herramientas terapéuticas, de diagnóstico y de pronóstico más sofisticadas.

El importante desafío que plantea el cáncer exige innovaciones rápidas y accesibles que puedan probarse rápidamente en un entorno clínico. Debido a que el desarrollo de nuevas tecnologías prospera en un entorno interdisciplinario, los desafíos apremiantes de la investigación del cáncer requieren la colaboración a través de la academia y la industria con barreras financieras o intelectuales mínimas.

La investigación orientada al paciente (traslacional) es clave para la generación de conocimiento científico con potencial impacto en la práctica clínica, y tiene su base en una comunicación bidireccional entre la investigación clínica y la básica. La terapia dirigida es la base de la medicina de precisión, y son fármacos que actúan sobre alteraciones moleculares o características biológicas que promueven el crecimiento, la división y diseminación de las células cancerosas. La participación en ensayos clínicos aporta una serie de beneficios directos. Para los pacientes representa la forma de poder acceder a tratamientos que tardarán años en estar disponibles para la población general.

Hoy, una dificultad añadida en los últimos años ha sido la revolución de la inmunoterapia en el escenario de la oncología, que requiere modelos muy específicos para su estudio preclínico. El cáncer constituye uno de los mayores problemas de salud en el mundo desarrollado y su impacto negativo incide de manera especial en los grupos humanos más desfavorecidos. Además, también se ha demostrado que la dieta es muy importante para determinar el riesgo de cáncer, pero todavía se está muy en la oscuridad en cuanto a cómo. Se están realizando enormes estudios en todo el mundo sobre cómo la dieta y otras opciones de estilo de vida pueden afectar al riesgo de la enfermedad.

El doctor Jesús García-Donas también indica que uno de los principales problemas es "la escasa interacción entre investigadores clínicos y básicos. De forma tradicional se han separado ambos campos, siendo la industria farmacéutica, mediante el desarrollo de nuevas terapias, el principal vector a la hora de llevar la innovación del laboratorio a la vida real. Este panorama ha empezado a cambiar con el desarrollo de los biomarcadores (determinaciones moleculares que permiten seleccionar terapias singulares para pacientes concretos) pero aún estamos lejos de una verdadera integración. Necesitamos que el oncólogo médico amplíe sus conocimientos en campos como la genética y la inmunología a la vez que básicos especialistas en estas disciplinas empiezan a incorporarse a los equipos asistenciales. Solo de esta forma seremos capaces de avanzar hacia una verdadera individualización de la medicina partiendo de un conocimiento profundo de la biología de cada caso e incorporar de forma rápida los avances científicos al manejo de pacientes".

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