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¿Riesgo de suspensión de pagos en la economía estadounidense? Improbable, pero...

Si escuchara a alguien que Estados Unidos corre el riesgo de suspender pagos, seguramente se reiría. Pensaría que es una broma, e incluso creería que no está en su sano juicio. Pero si la persona que advierte de esa amenaza es el mismísimo Henry Paulson, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, la cosa cambia.

Un escalofrío recorre el cuerpo, y las manos empiezan a sudar. No es para menos. Una suspensión de pagos por parte de la economía norteamericana provocaría un auténtico tsunami financiero. La tormenta perfecta habría llegado a los mercados.

"Insto al Senado a aprobar el proyecto de ley del Comité de Finanzas para aumentar el límite de la deuda tan pronto como sea posible". Con estas palabras, recogidas en una carta a un senador demócrata, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, ha solicitado esta semana la ampliación de la deuda que puede emitir la Administración.

Hasta ahora, el límite se sitúa en los 8,965 billones de dólares -unos 6,38 billones de euros-, y el nuevo tope podría ascender a 9,115 billones de dólares -alrededor de 6,48 billones de euros-. Por sí solas, estas cantidades no dicen nada. Más explícito es el motivo por el que Paulson, que supone el brazo económico de la Casa Blanca, solicita tal incremento: ¡lo hace para evitar la suspensión de pagos de Estados Unidos!

¿Puede EEUU suspender pagos?

¿Cómo? ¿Acaso es posible que la mayor economía del mundo, la potencia hegemónica de las últimas ocho décadas, pueda suspender pagos? A priori, parece complicado. Sin embargo, Paulson ha pedido ese aumento por la necesidad de recursos que tiene la Administración para hacer frente a todos sus compromisos económicos y financieros.

A su juicio, en un escenario tan inestable y sensible como el actual, en el que la crisis derivada de las hipotecas de alto riesgo o basura -subprime, en inglés- ha abierto la caja de Pandora de la incertidumbre y la volatilidad de los mercados, el secretario del Tesoro teme los efectos que podría desencadenar en las plazas financieras el más mínimo contratiempo o retraso en algún pago por parte de Estados Unidos. Para evitar ese riesgo, necesita más dinero, de ahí la petición de Paulson.

Vientos que afectan a EEUU

Pero el asunto no se limita a que una vez que cuente con esa financiación el problema será resuelto. Va más allá. El mundo está cambiando, y estos vientos también afectan a la mayor potencia económica. Y mucho, además.

Acompañando a la misiva de Paulson, esta misma semana distintos sucesos han encendido otras luces de alarma muy próximas a las que el secretario del Tesoro pulsó: se ha conocido que los inversores internacionales compraron en julio la menor cantidad de activos norteamericanos de todo el año; el dólar ha caído hasta un mínimo histórico frente al euro desde el nacimiento oficial de la moneda única en 1999 y también ha bajado con fuerza frente a otras divisas como el dólar canadiense; y existe el rumor de que Arabia Saudí, y tal vez otros países de la región, abandonen la vinculación de sus divisas con respecto al billete verde.

El dólar, bajo la lupa

Es decir, una combinación que pone precisamente en entredicho otra de las observaciones del secretario del Tesoro. "La fe y el crédito de Estados Unidos, con los que todos estamos comprometidos, son activos nacionales y piedras angulares del sistema financiero global", escribió Paulson. Lejos de tener fe, el mercado cada vez desconfía más del dólar.

Como sostiene el premio Nobel de Economía de 2001, Joseph Stiglitz, "el sistema en el dólar como moneda de reserva está entredicho". Y esta sensación no es nueva, sino que viene de lejos. En concreto, del abultado déficit exterior que acumula la economía estadounidense en los siete últimos años. Su reequilibrio pasa, entre otros caminos, por el debilitamiento de la divisa norteamericana.

Pero también arroja otra consecuencia: somete a Estados Unidos a la financiación internacional. Cada día, la mayor economía del mundo necesita casi 3.000 millones de dólares. Sólo así puede mantener su ritmo de consumo. "Esta dependencia del ahorro exterior mantiene al dólar en el filo de la navaja y la sombra de inestabilidad en el mercado de divisas es una amenaza para el crecimiento de la economía mundial. La actual crisis financiera global, tendrá un fuerte impacto sobre el mercado hipotecario y residencial americano y la probabilidad de que EEUU entre en recesión en 2008 ha aumentado significativamente".

Forzar una rebaja de tipos

Esto forzará a la Fed a bajar con fuerza los tipos de interés y el dólar perderá su principal aliado de los últimos años; un diferencial de tipos positivo contra el euro. "Sin duda, esta crisis supondrá la primera prueba seria sobre la sostenibilidad del déficit por cuenta corriente estadounidense y la posibilidad de asistir a un desplome del dólar", argumenta José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney.

Es "improbable" que suspenda pagos

A su vez, estos riesgos no son independientes de la hipotética suspensión de pagos. ¿Y si para atraer capitales Estados Unidos debe incrementar tanto los intereses que ofrece de su deuda que acaba teniendo problemas verdaderos para afrontar los compromisos adquiridos?

Un panorama improbable. Más propio aún de la economía ficción que de la realidad actual. Ahora bien, no hace falta llegar al extremo de una suspensión de pagos en Estados Unidos para que tiemble todo el sistema actual.

"Es muy improbable que Estados Unidos suspenda pagos. Antes de que eso ocurriera, estallaría una recesión mundial", admite José Carlos Díez. Un consuelo, desde luego, nada alentador.

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