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El aval como producto más preciado

Muchas veces hablamos de las principales materias primas de cada sector, el petróleo en el energético, el silice en el cerámico, el algodón en el textil... pero, ¿cuál es la materia prima de las ingenierías o constructoras (o por sus siglas en ingles, EPC)? ¿El hormigón? ¿El acero? La respuesta no es tan obvia, es el aval.

El aval se ha convertido en un producto preciado y necesario para las EPC que junto con las referencias, generan la capacidad de ganar nuevos proyectos. Este pasivo, normalmente contingente, y que en casos de distress pasa a ser real, se otorgaba incluso con ciertas alegrías, sin un control y sin un seguimiento exhaustivo, es decir, no se le puso la vigilancia necesaria y esta situación ha sido crucial en las últimas operaciones de refinanciación.

Después de los procesos de Abengoa, Isolux, Duro Felguera y otras menos mediáticas, sabemos que el aval ha tenido un gran protagonismo por un doble objetivo: obtener nuevas líneas de financiación para que la empresa vuelva a su senda habitual y frenar las ejecuciones de los avales otorgados. En el pasado, y también actualmente, la visibilidad de la situación de los avales ha sido y es uno de los grandes problemas en las refinanciaciones o post refinanciaciones. Su actual restricción o escasez como materia prima es un problema para las EPC debido, entre otros, a los cambios reglamentarios IFRS9 impuestos por los organismos internacionales desde el 1/1/18.

Para saber de qué magnitudes estamos hablando, el Banco de España en su publicación de la AEB de estados financieros agregados de septiembre de 2018, en su partida de "Otros compromisos concedidos" en el capítulo de Riesgo Total de Exposiciones fuera de balance, se cifra un total 128,8 billones de euros. Esta nada desdeñable cantidad, distribuida por todos los sectores, alcanza mayor importancia en el caso de alguna empresa de EPC cotizada, cuyos avales pueden ascender a más de 2.000 millones de euros.

Por tanto, estamos ante un producto en el que la banca tiene poca visibilidad durante su vida útil y a veces poco conocimiento del subyacente, su estado y evolución, lo que convierte en un foco de riesgo e incertidumbre que afecta a su propio balance, consumo de capital y a su disposición de no otorgar nuevos avales, aun sabiendo que no darlos supone una necesidad para que no se deteriore más su exposición en la financiación ya otorgada.

Debido a esta exposición de riesgo del banco, y a la necesidad de la empresa de poder explicar la evolución de los avales, desde A&M estamos impulsando un producto denominado BGA (Bank Guarantee Analysis) en el que se ofrece la visibilidad de la situación de los avales con un doble componente: el económico y el operacional. Nuestro objetivo es reportar a los mandos decisorios de la compañía información sobre la salud de sus avales y, de este modo, que éstos puedan dar a los bancos más información sobre la situación de su riesgo e incluso corregir deficiencias. Este informe analítico es realizado de abajo hacia arriba a todos los niveles: proyecto, unidad de negocio, compañía y grupo. Su objeto es poder tener una visión objetiva no solo de la situación financiera particular del proyecto sino también de sus pares, de su riesgo proyecto, de la gestión, sistemas-digitalización, liquidez, tiempo… y otros muchos factores que no son comunicados en los informes de gestión, IBRs u otros reportes. Los bancos podrán ver cómo se encuentra su riesgo y de esta forma podrán determinar cuánta provisión deben dotar e, incluso, qué grado de confianza tendrían para dar nuevos avales.

El BGA es realizado por expertos sectoriales de ingeniería, riesgos y finanzas para ofrecer esta visión completa de la salud de los avales. Para la compañía, el BGA servirá para reforzar los planes de viabilidad, conocer sectorialmente cómo se comportan sus proyectos, la evolución por tipología de proyecto, sector o posición geográfica. Desde la experiencia hemos aprendido que la parte no visible es la que siempre genera más incertidumbre (¡y sustos!) y las entidades financieras necesitan esta visión para poder seguir moviendo la maquinaria de las EPC. La transparencia que aportará BGA servirá para dar la confianza necesaria en la gestión de los avales, su otorgamiento, seguimiento y recuperación. Ya han pasado los tiempos de la alegría de conceder un riesgo contingente que afecta a la política de financiación y del que no se tiene conocimiento hasta que se convierte en un problema. El aval es la materia prima necesaria, pero su uso debe ser monitorizado, reportado y así no se convertirá en kryptonita para la empresa y el banco.

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