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Un centenario a tener en cuenta

I nteresa mucho, desde el punto de vista de la economía, contemplar un centenario: el que transcurre desde 1919 y se atisba en los primeros momentos de 2019. Ese gran cambio de 1919 motivó el inicio de los artículos de Keynes, que constituyen la parte inicial de sus Ensayos de persuasión.

Por eso es adecuado, al referirnos a esa realidad cronológica en el caso de España, recordar unas palabras, precisamente de Keynes, en su Prefacio a los citados Ensayos de persuasión, fechados a finales de 1931, donde señala la necesidad de analizar "el pasado, tal como fue, recordando al lector lo que hemos pasado, como apareció en su tiempo y la naturaleza de los errores que hemos cometido".

Recordemos los acontecimientos socioeconómicos más importantes. Basta para ello, recoger los títulos que se consideraban entonces más significativos; por ejemplo tomándolos de la recopilación efectuada por José G. Ceballos Teresí, a la sazón director de El Financiero, titulada Economía, Finanzas, Cambio. Historia económica, financiera y política de España en el siglo XX, y concretamente de su tomo IV, que abarcaba el periodo 1918-1922.

¿Y qué capítulos básicos existían en 1919? En el inicio de 1919 se leía textualmente en esta obra: "Toda la atención de España estaba enfocada principalmente, al empezar el año, hacia la cuestión de Cataluña… La presentación de los catalanistas en las Cortes con su Estatuto fue poco afortunada, contrastando con el gran acierto del jefe del Gobierno (el conde de Romanones) en la réplica y la discreta y plausible intervención del jefe de los conservadores, Dato".

La consolidación del déficit arranca en España con las malas decisiones tomadas en 1919

Inmediatamente apareció otro problema. Un agudo molestar social. Por ejemplo, "el Congreso de los obreros ferroviarios adoptó una conclusión que exteriorizaba los perniciosos efectos de las ideas del bolchevismo…, puesto que proclamaba nada menos que la explotación y administración directa de las empresas por los obreros". Y se alude también a una cierta relación entre tres acontecimientos: por un lado, al finalizar febrero de 1919, "se acentuaban los descontentos locales por la causa fundamental de las subsistencias… (y el) caciquismo"; la huelga de los obreros de La Canadiense y de la industria textil en Barcelona, conflictos que relegaban "en secundario lugar el fantasma catalanista".

Se elogiaba por Ceballos Teresí "la postura adoptada por el diputado por Tarrasa, señor Sola (quien)… señalaba que hay una gran fuerza de trabajo y orden en Cataluña que desconfía y teme más aun que al centralismo de Madrid, la absorción del centralismo de Barcelona, en manos de unos pocos gananciosos que intentaron, con manejos sentimentales, sus ventajas comparativas con los trabajadores".

Pero además de los revolucionarios de Barcelona, a comienzos de 1919 se destacaban en principio los de Cádiz y el que se iniciase un clamor favoreciendo una huelga general. Y tengamos en cuenta lo mucho que entonces significaba el pan para la alimentación de enormes porcentajes de la población, sobre todo de la urbana. Estalló, con una fuerza política notable, la cuestión del trigo, agravada por la llamada "cuestión de las subsistencias" y por la inflación. "Los salarios del proletariado y el de las clases medias, más aún las de éstas, no guardaban proporciones sus aumentos con las alzas" de artículos de primera necesidad. El 28 de febrero de 1919, hubo saqueos en tabernas y panaderías, en Madrid. Y Ceballos Teresí añade que fue el momento en que se apostó entonces a "la idea de una dictadura".

Desde 1957, el país emprendió un camino adecuado desde el punto de vista económico

Hubo, incluso entonces, un intento de huelga general, que abortó en sus inicios en Sevilla: Romanones suspendió "las garantías constitucionales en toda la nación, y se estableció la previa censura para la prensa". Llegó Maura al poder, e intentó en vano que Flores de Lemus ocupase la cartera de Abastecimientos. Cambió todas las perspectivas la huelga de telegrafistas, modo básico entonces de comunicación. El 1 de junio se convocaron elecciones generales, que produjeron una mayoría de derechas conservadoras, o sea de mauristas, ciervistas y conservadores sin más, que se enfrentaba con una fuerte oposición de liberales y socialistas, quienes por el asunto del acta de Coria hicieron que Maura dimitiese tres meses después.

Caos político que se intentó que apaciguase la presión social con la implantación de la jornada de ocho horas el 3 de abril de 1919, con representación paritaria "de patronos y obreros". Y todo lo complicaba una especulación extraordinaria sobre el marco alemán, lo cual alteraba el tipo de cambio de la peseta y que motiva que todavía yo haya contemplado masas de aquellos marcos acumulados en los domicilios españoles. El entonces llamado Comité Central de la Asociación de Banqueros -que pronto se convertiría en Consejo Superior Bancario intentaba, bastante en vano, ordenar esta situación.

Únase a ello la profunda modificación ocurrida en el Instituto de Reformas Sociales (Gaceta de Madrid de 15 de octubre de 1919) y la creación de la Comisión del Trabajo en Barcelona. Y un problema con el mundo militar generó, en los momentos finales de 1919, otra crisis ministerial, que dio lugar a un Gobierno presidido por Allende-Salazar y de concentración, calificado en la prensa como "Gabinete de saldos", todo ello cuando comenzaba el espartaquismo comunista en Alemania, la práctica consolidación de Lenin en Rusia, y se firmaba la paz en Versalles con las famosas críticas de Keynes con la primera parte, titulada El Tratado de Paz de sus Ensayos de persuasión.

Finalmente, 1919 cerraba sus últimos días con un incremento de "la agitación terrorista en Barcelona, basada en un fundamento doctrinal esencialmente anarcosindicalista, mezclado con una oleada de despidos por la parte patronal, que acabaría vinculándose al llamado Sindicato Libre, en combate sangriento con el Sindicato Único relacionado con un anarquismo, que acabaría consolidándose en España hasta el final de la Guerra Civil, en 1939. Y, por otro lado, exactamente un año después, se provocaría una crisis bancaria que afectó fuertemente a Cataluña: el 24 de diciembre de 1920 cerró sus puertas el Banco de Barcelona, implicando en el cierre a personas muy importantes de la Lliga. Sólo ahora tenemos ideas claras sobre esa quiebra gracias al libro de Juan Muñoz sobre esta cuestión.

Pero como dice Nart quedó claro desde el principio que esta crisis bancaria concreta "había conmovido por mucho tiempo los cimientos del crédito en Cataluña, como expresión doblemente sugestiva de la incapacidad y de la inmoralidad bancaria". Y de ahí se derivaría, por un lado, la Ley de Ordenación Bancaria Cambó-Bernis de 1921 y la Ley de suspensión de pagos del catalanista Beltran i Musitu, ministro de Gracia y Justicia en un Gobierno de Sánchez Guerra, que transformó así lo que era una quiebra con posibles consecuencias penales, en una suspensión de pagos, novedad que así nació.

Y, aparte de eso, 1919 supuso el definitivo ingreso de Cambó en el marco del capitalismo internacional por un lado, sobre lo que basta señalar la aparición, para evitar expropiaciones aliadas a Alemania, por ejemplo, de la … de la CADE germana en la CHADE española, y por otro, con la reedificación de medidas del sistema fiscal español, como ha señalado perfectamente García Delgado, con la alianza de Cambó (Lliga)-Sota (PNV)- marqués de Comillas (Iglesia Católica)-, Melquiades Álvarez -reformismo emparentado con el Krausismo-, y Maura -conservadurismo enemigo de Alba, consolidándose así el déficit de nuestro sistema presupuestario.

Para que comprendamos lo que esto significó para España, neutral en la I Guerra Mundial, la realidad es que todo empeora de 1919 a 1957 y mejora de ahí a 2017.

Esto es: esa política de aislamiento, o sea la economía castiza que va de 1874 a 1957, tuvo uno de sus elementos clave en la neutralidad en los conflictos europeos. Y, a partir de ahí, empeora la que era ya una historia de decadencia relativa a lo largo del periodo 1915-1957, y mejora con claridad desde 1957 a 2017, y se puede adelantar que hasta 2019. Aparte de muchas otras cuestiones derivadas de todo lo señalado, eso indica que, desde 1957, ahora, hemos emprendido el camino adecuado. Por eso, cuando va a cumplirse un siglo de uno de esos empeoramientos, ¿no merecería un homenaje nacional Ullastres y todo su mundo de colaboradores?

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