Firmas

Una oportunidad en el caso del máster sospechoso

  • Llevará al TS toda la documentación que tiene y que mostró en plaza pública
Pablo Casado. Foto: Efe

La nueva época que la política española ha abierto en el ultimo trimestre, en palabras controvertidas del presidente Pedro Sánchez, tiene demasiados claroscuros de épocas anteriores. La moción de censura supuso para el jefe del gobierno un cambio de era política que, mirando los titulares que el español medio lee estos días en su retiro veraniego, son más de lo mismo en muchos aspectos de la actualidad. Hay un nuevo enfoque en las políticas y en la agenda que se marca desde La Moncloa, mucha más actividad mediática que con el anterior inquilino, pero han tenido que pasar unas pocas semanas para comprobar que sobre la mesa están los mismos argumentos con parecidos protagonistas. Y en ese contexto se enmarca la andadura judicial del nuevo caso máster que afecta al líder del Partido Popular, y que le va a acompañar a su pesar en el próximo otoño.

El desnudo integral que Pablo Casado hizo públicamente en su rueda de prensa de la pasada primavera, acompañada de una hiperactiva profusión de entrevistas en medios de comunicación de todas las tendencias, vaticina cual va a ser su defensa en el caso de que el Tribunal Supremo acepte el traspaso del caso por la juez madrileña que lo ha investigado. Llevará al TS toda la documentación que tiene y que fue mostrada en plaza pública, algo que la propia Universidad no ha sido capaz de hacer. Como hizo José Blanco con su pre imputación en el caso Campeón que fue archivado en la misma instancia judicial. Los mismos derechos que asistieron entonces al ex ministro socialista deben ser ahora defendidos en el caso del presidente popular.

En el tiempo que transcurrirá desde ahora hasta que el Supremo decida la opinión pública va a volver a presenciar idénticos procesos de juicio popular a los que este 2018 ya ha asistido. Será complicado separar la posible responsabilidad y el grado en que se produjera por parte de Casado del cargo que ocupa desde finales de julio, y el resto de partidos adversarios no va a dejar pasar ni un solo titular para exigirle responsabilidades en la misma medida que se le exigieron a Cifuentes y a Rajoy. Pero pocas oportunidades como esta se van a presentar para que las fuerzas políticas miren de una vez lo importante que es la salud del sistema educativo en el que se han producido disfunciones como esta concesión de títulos académicos muy discutibles, para unos y para otros por más que la actualidad se empeñe en mostrar sólo los que inclinan a un lado la balanza.

La Universidad Rey Juan Carlos de Madrid ha sufrido un daño irreparable en su imagen, que repercutirá en las matrículas que este centro educativo siempre envuelto en la polémica recibirá en el futuro. Hasta la forma en que nació, o mejor aún el momento político en que se produjo su alumbramiento, supusieron un constante quebradero de cabeza en contraste con el camino de rosas que han sido siempre otros campus considerados de excelencia en la región capital. Más allá de estas circunstancias debe ser revisado el sistema de organización de los cursos de posgrado que han sido la excusa ideal para que miles de alumnos ya licenciados siguieran dormitando en el mundo universitario antes de engrosar las listas del desempleo o de acceder a sus primeros trabajos mal remunerados. ¿Lograrán los partidos políticos, más allá aún, intentarán buscar un acuerdo para regular este submundo universitario de los títulos-adorno para el currículum?. Sería lo más deseable.

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