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Los viejos nuevos tiempos que vienen en el PP de Madrid

  • García Escudero es un dirigente político tranquilo, moderado, discreto...
  • Supo conseguir que convivieran Ruiz Gallardón y Álvarez del Manzano
  • Conociéndole, el nombramiento le ha sacado un poco de sus deseos
Pío García Escudero. Foto: Efe

"El PP de Madrid vuelve al siglo pasado", se escuchaba hoy en la radio. No sin razón: tras doce días de cavilaciones, menos incluso de lo que acostumbra para tomar decisiones importantes, Mariano Rajoy ha decidido que Pío García Escudero dirija la formación política de los milagros electorales del siglo XXI hacia un objetivo muy distinto al que se marcaba en aquellos años de gloria: evitar la catástrofe que todos le auguran. Toda vez que Escudero ya fue presidente del PP madrileño entre los años finales del XX, es un indudable retorno al pasado. Aunque las situaciones y los hechos recientes son ahora muy distintos a los que en el lejano 1993 llevaron a Rodrigo Rato a colocar a aquél joven arquitecto especialista en la conservación del patrimonio de las grandes ciudades.

Pío García Escudero es un dirigente político tranquilo, moderado, discreto y prudente en sus decisiones. Es respetado por todos los partidos, incluso por los más acérrimos adversarios que descalifican a diario a su formación política. La forma en que preside el Senado, sus modos a la hora de hacer respetar a todos los grupos, tienen mucho que ver con ese prestigio de su figura, que ahora deberá volver al ámbito más partidista a nivel interno, compaginándolo con sus labores institucionales.

De su labor como presidente del partido en aquellos once años hablan los resultados electorales obtenidos en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, que llegaron a convertirse en un bastión de fortaleza electoral del Partido Popular, algo insólito solo con ver las encuestas que se publican estos días incluida la de hoy mismo del CIS. Supo conseguir que convivieran Ruiz Gallardón y Álvarez del Manzano, aquella extraña cohabitación en la que el presidente ninguneaba al alcalde un día sí y al otro también. Fue una labor de puertas adentro, como casi todo lo que acostumbra a hacer Escudero que no suele conceder entrevistas, prefiere trabajar lejos de ruido de los medios. Hasta que llegaron los ejércitos aguirristas para tomar la primera planta del Génova, 13, y despreciaron todo lo que se había hecho antes en el PP regional, enviando al olvido a García Escudero. Eran tiempos de conmigo o contra mí, y la perspectiva ha demostrado que el verdadero contrario en aquellas guerras internas era el propio PP al que dejaron en la dura encrucijada en la que ahora se encuentra.

Conociendo a García Escudero se puede asegurar que el nombramiento le ha sacado un poco de sus deseos, que pasan exclusivamente por presidir la alta institución que actualmente preside y a la que profesa una admiración, veneración diría, fuera de cualquier duda. Pero la petición de Rajoy es inexcusable, aunque suponga el dolor de cabeza que conlleva poner orden en un patio en el que se han consentido demasiadas libertades a personas que creyeron durante demasiado tiempo que un partido político es un cortijo particular en el que hacer y deshacer a sus anchas. Una tarea nada fácil que excede con mucho la mera elección de candidatos para las municipales y autonómicas de mayo de 2019, algo que decidirá Rajoy en solitario con su oráculo y luego se revestirá como decisión colegiada en los órganos del PP.

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