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El arcano de las tasas aéreas

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La decisión del Ministerio de Fomento de proceder a una reducción de las tasas aéreas ha sido recibida con aplausos por parte de las compañías y con indiferencia por el consumidor.

Ni Ministerio ni compañías hacen grandes esfuerzos por explicar un componente tan importante del precio final en los billetes y el consumidor carece de tiempo y conocimientos para interpretar el arcano de siglas que identifican las diferentes tasas.

Las tasas significan del orden del 40% en los billetes de clase turística, pero pueden llegar a ser superiores al ingreso de la compañía que ofrece el servicio de transporte en el caso de muchos vuelos de bajo coste.

Según el presidente de Easy Jet, Johan Lungren, en 2017 los pasajeros pagaron 6.000 millones de euros en tasas.

Como cualquier otro tipo de tasa, las aéreas son un tipo de tributo por el uso del dominio público o por la prestación de servicios que benefician a quienes las pagan. Y solo pueden ser impuestas por las autoridades correspondientes.

Básicamente hay dos tipos, las aeroportuarias por todo tipo de servicios prestados en tierra, tanto a pasajeros como a aerolíneas, y las de ruta o navegación por los prestados en el aire.

Las compañías aéreas son las encargadas de recaudarlas al cobrar el importe total del billete y luego proceder al pago a Eurocontrol de la tasa de ruta que después transfiere la mayor parte a Enaire, gestor de la navegación aérea, empresa pública que depende del Ministerio de Fomento. El resto de las tasas aéreas las pagan directamente a esta.

Las tasas aeroportuarias se pagan, en general, a Aena, filial al 51% de Enaire y privada en el resto. Aena opera casi todos los aeropuertos españoles -250 millones de pasajeros en 2017- y es el mayor gestor aeroportuario del mundo.

Las tasas aeroportuarias varían enormemente según los aeropuertos. Los precios bajos de los de poco uso fueron determinantes para que algunas compañías de bajo coste decidieran establecerse en ellos.

Las tasas aéreas se fijan anualmente en los Presupuestos Generales del Estado, en una larga enumeración de los servicios a prestar y el pago a realizar por los mismos. Luego vienen las excepciones o reducciones, en algunas de las aeroportuarias, para incentivar la temporada baja, por ejemplo, en el caso de Baleares, o determinados días de la semana, como en Canarias.

Las tasas aéreas son, probablemente, el instrumento más poderoso con el que cuenta el Gobierno para la fijación de la política turística, al permitirle determinar en gran medida el precio final de los billetes aéreos a nuestro país y a cada uno de los destinos. Esas medidas influyen en las decisiones de las compañías aéreas que no pueden controlar un componente tan importante del precio final.

A veces no transfieren en su totalidad un incremento de tasas al consumidor y tienen que absorberlo, pero cuando un mercado está estabilizado una reducción de las mismas va directamente a la cuenta de resultado como si fuera un ingreso neto, puesto que no tienen obligación de reducir el precio de los billetes.

El Ministerio de Fomento ha decidido un importante descenso de ambos tipos de tasas para los próximos años, que, según el ministro Íñigo de la Serna significarán para las aerolíneas un ahorro de 330 millones de euros hasta el 2020 y ha solicitado a las mismas que bajen los precios, al igual que el ABC del 7 de marzo, que señalaba que tres años de reducción de tasas no estaban abaratando los precios de los billetes, mientras que Aceta, asociación del sector, indica que en los últimos diez años las tasas habían subido un 68% y los billetes habían bajado un 14%.

Las decisiones se toman al margen de la Secretaría de Estado de Turismo, que no cuenta con ningún representante en el Consejo de Administración de Enaire y es representada por una subdirectora general en el de Aena.

Se plantea así un interesante dilema: una reducción de tasas aeroportuarias, recomendada por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, favorece el incremento del tráfico aéreo y consecuentemente el del turismo, pero perjudica a los accionistas privados de Aena, que se opone y a los ingresos del Estado. Lógicamente ocurre lo contrario con los incrementos. Para los que piensan que hay saturación en ciertos destinos, sería conveniente subirlas para controlar los flujos. La Secretaría de Estado de Turismo, que oficialmente asegura que debe primar la calidad, turistas con más gasto, que la cantidad, favorece una política que va en dirección contraria. Así no hay quien se aclare el arcano de las tasas aéreas.

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