Firmas

Rivera, Rajoy y Marta Sánchez: soldados de la patria

En la imagen, la cantante Marta Sánchez.

"Españolito que vienes / al mundo te guarde Dios / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón". Los versos de Machado retumban siempre con la música de Serrat que, hacia 1968, no pudo ir a Eurovisión porque se empeñaba en cantar en catalán el La La La del Dúo Dinámico, el que finalmente interpretó Massiel en Londres para ganar.

Veinte años después de aquello, la democracia se instauró en España cuando nos preguntaron, con una pistola en la sien, si preferíamos más caudillos o una monarquía constitucional. Contestamos que mejor libertad con rey que dictadura con palos, y acertamos: medio siglo después, aquel mismo Serrat recuerda que en España podemos cantar hasta en ruso si se nos antoja y que excluir lo español es tan repugnante como prohibir el catalán, aquello que en el 68 hacían los fascistas por la fuerza y ahora pretende el secesionismo irracional.

Pero Serrat nos une porque es un amante de la libertad más que un patriota. Marta Sánchez vuelve a ser patriota 28 años después de aquella Nochebuena de 1990 en Abu Dabi, cuando con su body negro cantó a Narcís Serra y a los soldados del amor. Este fin de semana Marta ha cambiado la cubierta de la fragata Numancia por el teatro de la Zarzuela, donde abrazó el himno nacional y le puso letra.

En su Twitter, Albert Rivera y Mariano Rajoy hacen suyo con gran regocijo un gesto tan propagandístico como legítimo. Tanto, como mi libertad de recordar aquí, no la frase de Kirk Douglas en 'Senderos de gloria', pero sí la de Gila: "El patriotismo es un invento de las clases poderosas para que las clases inferiores defiendan los intereses de los poderosos". Patriotismo puede ser también marketing para vender discos o votos. Puesto a comprar himnos y letras, me quedo con Serrat, Machado o Miguel Hernández. Para la libertad.

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