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La biodiversidad, la cara menos visible

Foto: Archivo

Instalados en nuestro cómodo autismo social, hemos llegado a creer que nuestra vida, la del mundo occidentalizado y uniformado por el consumismo, es el no va más allá de la variedad y multiplicidad de objetos de deseos fugaces e inmediatamente satisfechos. Pero cuando analizamos la principal base que mantiene la vida: la alimentaria, nos encontramos con datos que a la par que preocupantes nos apean de los sueños de vivir en el mejor y más seguro de los mundos.

Me refiero a la biodiversidad agropecuaria. A lo largo de la Historia se han utilizado unas diez mil especies para la alimentación humana y la agricultura. En la actualidad tan sólo 12 especies vegetales y 5 especies animales proporcionan algo más del 70% de alimentos. Solamente cuatro especies vegetales (patatas, arroz, maíz y trigo) y tres especies animales (vacas, cerdos y pollos) nos proporcionan más de la mitad.

Sólo en EEUU ya han desaparecido más de un 90% de árboles frutales y variedades hortícolas que se cultivaban a comienzos del siglo XX. Esta pérdida de diversidad biológica agropecuaria produce una reducción de la capacidad de las generaciones presentes y futuras para afrontar los posibles e imprevistos cambios del medo ambiente y las necesidades humanas.

En general puede afirmarse que ningún país es hoy autosuficiente y que la dependencia media entre países para los cultivos más importantes es del 70%. Se ha demostrado que la mayor parte de los centros de origen y diversidad de las plantas cultivadas se encuentran en países pobres en dinero pero ricos en diversidad biológica necesaria para la supervivencia. Esto explica muchas de las inversiones en plantaciones y tierras por parte de empresas multinacionales. Lo que ocurre es que muchas de esas inversiones se orientan al cultivo extensivo de plantas para la producción de biocombustibles. Lo de la soberanía alimentaria tiene más que fundadas razones de supervivencia.

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