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Nobel al buen gobierno corporativo

  • Las investigaciones empíricas tienen aplicaciones prácticas en las empresas

Como cada año por estas fechas, desde 1969, Suecia se vuelve el centro de atención mundial ya que en memoria de Alfred Nobel se entregan los reconocimientos a quienes contribuyen con sus conocimientos y acciones a desarrollar grandes ideas en materia económica, como este caso. Los economistas volvemos la mirada hacia el país nórdico para ver quién ha sido el agraciado (no más de tres personas el mismo año), y con qué tópico de investigación.

Este año el honor ha recaído en el británico nacionalizado estadounidense Oliver Hart y el finés Bengt Holmström, profesores respectivamente de Harvard y Massachusetts Institute of Technology (MIT), por sus contribuciones a la Teoría de los Contratos. Ambos profesores han desarrollado herramientas teóricas para entender los contratos en la vida real, así como los posibles problemas en su diseño, estableciendo un marco teórico para analizar muchas cuestiones diversas en el diseño de contratos para lograr que ambas partes cooperen en beneficio mutuo y no se generen conflictos de intereses.

Hart y Holmström han estudiado cuestiones como las retribuciones por rendimiento y objetivos a los ejecutivos, las deducciones y copagos en los seguros y la privatización de actividades propias del sector público (gestión de prisiones y escuelas). Pero estos trabajos de investigación no se quedan sólo en el marco teórico, son muchos los campos de aplicación en el mundo empresarial, así por ejemplo, mientras Holmström, ahondaba en la optimización de los contratos incluyendo incentivos o elementos ligados al rendimiento para que el contratado operase en beneficio máximo de la empresa, a través de un modelo que apunta que el contrato óptimo busca el equilibrio entre los riesgos y los incentivos, Hart, desarrollaba su investigación en los contratos incompletos.

Aunque muchos piensen que las investigaciones empíricas son una gran elucubración mental, éstas tienen aplicaciones prácticas como qué tipo de empresas tiene sentido que se fusionen, qué proporción de financiación debe hacerse vía deuda y cuál a través de capital (estructura óptima de capital), y que instituciones deberían ser gestionadas por el sector privado vs. sector público.

A finales de 1970, Bengt Holmström demostró cómo un principal (por ejemplo, accionistas de la empresa) debe diseñar un contrato óptimo para un agente (CEO de la compañía). Utilizando el modelo principal-agente básico, mostró cómo el contrato óptimo sopesa cuidadosamente los riesgos contra incentivos. En un trabajo posterior, Holmström generalizó estos resultados a valores más realistas, es decir: cuando los empleados no sólo son recompensados con disfrute de sueldo, sino también con promociones potenciales.

Éstas se aplican cuando los agentes gastan esfuerzo en muchas tareas, mientras que los directores observan sólo algunas dimensiones del desempeño y cuando los miembros individuales de un equipo pueden aprovecharse de los esfuerzos de los demás.

A mediados de la década de 1980, Oliver Hart hizo contribuciones fundamentales a una nueva rama de la teoría del contrato que aborda el caso importante de los contratos incompleto, que estudia los efectos de incentivo de la incapacidad de las partes para escribir contratos completamente contingentes, por ejemplo, se trata de inversiones específicas en las relaciones. En otras palabras, como sería extremadamente complejo y costoso para las partes que llegan a un acuerdo para hacer su contrato completo, la ley establece reglas predeterminadas que llenan los vacíos en el verdadero acuerdo de las partes.

Los laureados de este año suponen una recompensa a los estudios que ligan el rendimiento de la economía a la existencia de buenos marcos institucionales y por lo tanto, a un buen gobierno corporativo.

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