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La movilidad inteligente recupera nuestro tiempo

Hace años que el tiempo ya no se mide en minutos, ni en horas ni en segundos. Ahora el tiempo es sinónimo de lo que tardamos en leer el capítulo de un libro, ver el episodio de una serie, una llamada de teléfono o lo que tardas en terminar la presentación del trabajo. Así miden el tiempo los 4.000 millones de viajeros que cada año en España tienen que coger un medio de transporte urbano e interurbano para desplazarse en una gran ciudad. Bien sea en coche, metro, autobús, tren o cercanías.

Desplazamientos que en un futuro próximo se convertirán en más que un problema de pérdida de tiempo si no se toman medidas. Y es que se prevé que para 2030, el 60% de la población mundial vivirá en ciudades, lo que multiplicará los traslados y la saturación del transporte urbano. Porque si a día a de hoy los costes actuales del transporte en todo el planeta oscilan entre el 9%  y el 28% del PIB per cápita y la congestión del tráfico en Europa supone 100.000 millones de euros anuales, ¿cuánto supondrá entonces dentro de 15 años?

Pero esto no es todo. Otro de los problemas derivados del aumento de los traslados es su impacto en el medio ambiente y su contribución al cambio climático. El transporte es responsable del 21% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE y alcanza el 25% en países como España. Una situación que reduce irremediablemente el atractivo de las ciudades afectadas y debilita tanto su economía como sus perspectivas de desarrollo.

Es cierto que no es fácil satisfacer la creciente demanda de desplazamientos a la vez que reducir costes, mejorar la congestión del tráfico y disminuir la contaminación en las ciudades. Pero es posible si se apuesta por una movilidad inteligente y sostenible. Ciudades como Londres, Estocolmo, Hong Kong o Copenhague nos llevan una gran ventaja, pero no son inalcanzables para Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla o Bilbao, entre muchas otras urbes de nuestro país.

Hay tres factores fundamentales que es necesario controlar en la movilidad de cualquier ciudad, que son: la seguridad, la eficiencia y la fiabilidad. Y la única manera de hacerlo es a través de la tecnología, donde la digitalización resulta clave para aumentar el rendimiento y la eficiencia del transporte, así como mejorar la calidad del servicio. De hecho, gracias a la digitalización, los usuarios pueden tener un absoluto control de su viaje y elegir en qué momento les conviene más utilizar una opción u otra.

Para hacer realidad la intermodalidad urbana, ciudades como Lisboa han incorporado soluciones como el e-ticketing, una tarjeta inteligente que desde 2007 permite a los pasajeros usar todos los medios de transporte de la ciudad y acceder a otro tipo de servicios, como el alquiler de coches, motos y bicicletas o la reserva de plazas de aparcamiento. Gracias a esta smart card, se consigue pagar con facilidad, obtener más seguridad y control sobre los trayectos y adquirir la tarifa más económica disponible.

Pero además, este tipo de iniciativas no sólo son capaces de responder a las necesidades de los viajeros, sino que pueden cumplir con objetivos medioambientales. Desde disminuir hasta un 20% las emisiones de CO2 a reducir el tiempo de intervalo entre trenes un 25%, (como ya sucede en Copenhague), bajar el consumo de energía del transporte hasta en un 40% o mejorar la congestión del tráfico. Es el caso de la aplicación de parking inteligente que se está probando en Berlín, que detecta plazas de aparcamiento libres en la ciudad y, con ello, logra no sólo descongestionar el tráfico sino reducir las emisiones de los vehículos; sistemas de gestión de tráfico interconectados, que avisan a los usuarios sobre el estado y la frecuencia de otros medios de transporte; o semáforos que dan prioridad a bicicletas o vehículos de emergencia. No hay que olvidar que la movilidad es una necesidad y un derecho de las personas y debe ser considerada como la mejor opción posible de llevarnos a casa, a nuestro trabajo, de compras, de ocio o de recados.

Estas innovaciones, sin duda, son las que contribuyen a cambiar la percepción de que el tiempo empleado en transporte es tiempo perdido. Pero para poder aplicarlas en nuestro día a día, la inversión en tecnología se tiene que convertir en una prioridad tanto para administraciones públicas como para entidades privadas, ya que es la única manera avanzar en beneficio de la sociedad. Porque una movilidad inteligente y sostenible no sólo garantiza el futuro de nuestras ciudades, -al liberarse de saturaciones, contaminación, sobrecostes o retrasos-, sino que también recupera un tiempo que se mide en minutos y no en esperas.

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