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Los grandes ganadores y perdedores de la 'nueva normalidad' china

  • Sectores como la sanidad o el turismo podrían salir muy beneficiados
  • Los gigantes tecnológicos como Apple o Facebook podrían entrar en declive

Una tasa de crecimiento anual del 6,9%. Un crecimiento de ventas minoristas de más del 8 por ciento y online por encima del 25% anual. Son la clase de cifras del auge económico por el que casi cualquier banquero central, presidente y primer ministro mataría. Si no fuese porque son los últimos datos de China y porque suponen el índice más bajo anual de crecimiento del PIB desde allá por 1990, no habría caído como un chorro de agua fría.

Pero había un dato aun más curioso entre las últimas cifras sobre la economía china. Por primera vez, más del 50% del PIB correspondía al sector servicios y aunque el crecimiento ahí también se había ralentizado algo, no deja de ser robusto. En realidad, lo que le está sucediendo a la economía china no esconde ningún misterio. Se llama "normalización" o el paso de una nación recién industrializada a algo mucho más parecido a las economías maduras de Norteamérica, Europa occidental y Japón. La pregunta interesante no es si ocurre o por qué, sino cuáles serán los efectos para el resto de la economía global en los próximos años.

¿Quiénes serán los grandes ganadores de la normalización gradual de la economía china? Echemos un vistazo a los bienes de lujo, los activos de propiedad intelectual, la sanidad, el turismo y tal vez casi toda la educación. Mayoritariamente, beneficiará a Estados Unidos y a unas cuantas grandes economías de Europa, como Gran Bretaña, Francia o Italia. Las economías dependientes de recursos o de la infraestructura necesaria para crear una economía industrial serán las perdedoras, al igual que (sorpresa) los gigantes tecnológicos predilectos de los mercados bursátiles en los últimos años.

Que China haya logrado crecer a más del 7% anual en el cuarto de siglo entre 1990 y 2015 es excepcional en sí pero no iba a durar para siempre. En algún momento bajaría la marcha a un ritmo más normal de crecimiento y se transformaría gradualmente en una economía de consumo, basada en los servicios, como ha pasado con tantas otras. "Si escuchamos las últimas noticias, parecería que China está en plena crisis financiera", escribe Salmad Ahmed, estratega global de Lombard Odier en una nota a los inversores.

"Pero no es así. El crecimiento se ralentiza pero el país no está abocado al hundimiento financiero. Es importante recordar que la economía china se está reestructurando para que haya un mejor equilibrio entre el consumo y el gasto de inversión. La actual desaceleración es en gran parte un reflejo de esta transición".

Aun así, si la industrialización china ha sido uno de los grandes motores de la economía global en el último cuarto de siglo, la aparición de su mercado de consumo orientado a los servicios podría ser la fuerza dominante en el cuarto de siglo siguiente. Habrá ganadores y perdedores, y serán muy diferentes de los de la primera fase de desarrollo. Hay cinco sectores que podrían beneficiarse más. El primero y quizá más obvio son los productos aspiracionales.

Ya ha habido un mini boom en coches de alta gama y vinos caros, la clase de mercancías que a un nuevo milmillonario en Pekín le gusta comprar, pero aun no hemos visto nada. Unos cuantos multimillonarios aquí y allá no generan una demanda real porque no son suficientes. Será la aparición de una nueva clase media, inmensa y floreciente, la que impulsará la siguiente fase del desarrollo. Los gigantes franceses de la cosmética podrán sacar provecho, al igual que las cadenas de moda británicas e italianas.

El segundo es la propiedad intelectual. Los sectores musical y editorial lo han pasado muy mal en la última década cuando Internet hizo estallar sus cómodos viejos modelos de negocio. Ahora casi han tocado fondo en el ciclo y, con un cronometraje impecable, un nuevo mercado chino de enormes proporciones está a punto de meter el turbo a su recuperación. El Reino Unido alberga grandes editoriales, como Pearson y Bloomsbury. Cuenten con que les vaya bien.

El tercero es la sanidad. Cuando la gente se enriquece, se cuida mejor y gasta una proporción creciente de sus ingresos en medicinas y sobre todo en cuidados para los más mayores. No hay muchas farmacéuticas chinas pero sí estadounidenses, británicas y suizas. A medida que crezca el mercado chino, sus ventas harán lo mismo.

El cuarto es el turismo. Los ricos se van más de vacaciones y se gastan más dinero también. Londres, París y Roma ya están llenas de turistas chinos con capacidad de gasto que se hacen selfies con el teléfono, pero se llenarán más a medida que vayan llegando muchos más visitantes foráneos. Podrán ser malas noticias para los nativos exasperados pero estupendas para los hoteles, restaurantes y comercios que les atienden.

El último es la educación. China puede que haya acabado con su política formal de hijo único pero sigue teniendo familias muy pequeñas para un país con rápido crecimiento de la renta. Todos sabemos lo que los padres con mucho dinero y solo uno o dos hijos hacen con él: gastárselo para que su prole empiece con buen pie. No muchos podrán ir a Oxford o Harvard pero sí pagarse los libros de texto y cursos en línea impartidos por docentes de esos centros académicos. Las barreras lingüísticas harán que sean sobre todo negocios estadounidenses y británicos.

¿Los perdedores? A Alemania le ha ido a las mil maravillas equipando a las fábricas chinas con maquinaria pero ese negocio es historia. Australia y los miniestados del Golfo han suministrado materias primas y energía, pero eso también ha tocado techo. Los gigantes tecnológicos de Estados Unidos, como Apple, Facebook, Alphabet y Amazon, han logrado dominar gran parte del mundo pero cuesta creer que serán capaces de controlar China de la forma que lo han hecho en EEUU y Europa, y podrían entrar en un declive gradual cuando la competencia doméstica, como Alibaba, cobre fuerza.

Muy pronto, la clase media china será el motor de la economía global, y juez y parte de qué multinacionales funcionan mejor, como lo fue una vez la clase media americana. Los sectores que rendirán mejor ya han empezado a emerger y los inversores astutos se abalanzarán hacia esa tendencia enseguida.

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