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El viraje del yuan en las finanzas globales

  • La expansión de las empresas chinas es tan importante como la financiación

China vuelve a ser la protagonista en los mercados financieros, después de dos cierres de su Bolsa gracias a un sistema de suspensión automática de las cotizaciones de los índices afortunadamente ya eliminado y el "efecto contagio" que ha provocado este comportamiento sobre el resto de Bolsas mundiales.

En general, el criterio de los inversores y analistas oscila entre el escepticismo y la desconfianza ante un fenómeno que equivocadamente se asocia: creer que la Bolsa es una representación fiel de la economía de China y que, por tanto, caídas tan pronunciadas como las de los últimos días mostrarían problemas serios en la segunda economía del mundo.

Focalizar el análisis en este punto, máxime cuando la Bolsa tiene muy poco que ver con la realidad económica de China, provoca una distracción evidente en los detalles y perder de vista lo verdaderamente relevante: una transición económica con unas enormes consecuencias económicas y políticas que afecta a todo el mundo, especialmente a su divisa, el yuan.

Precisamente, el yuan es el centro de gravedad del cambio económico que está llevando a China a ser una economía basada en el sector servicios (ya es el 52,3% del PIB según los últimos datos del tercer trimestre de 2015) frente al anterior modelo de desarrollo industrial y exportador. En paralelo a la transformación del sector productivo, la financiación de la economía también avanza hacia otro modelo radicalmente distinto.

El "viejo" sistema financiero, apalancado en una banca sobredimensionada (más del 80% de la financiación en China proviene de cinco grandes bancos estatales) y una moneda de uso sólo local e intervenida, bascula hacia una mayor presencia de los mercados de capitales -especialmente de la bolsa- para dotar de más fondos propios a las empresas frente a deuda y una divisa de referencia a nivel mundial que entre en competencia con el resto de divisas como el dólar americano, el euro o el yen (internacionalización del yuan).

La capitalización de las empresas no es el único objetivo a alcanzar por parte de la "nueva normalidad" china. Tan importante como la financiación es la expansión de su negocio por todo el mundo. Tal como recoge el XIII Plan Quinquenal aprobado en noviembre, las empresas que alcanzan un tamaño mediano son empujadas a salir al exterior, especialmente a mercados objetivo de China como es América Latina, África y Europa y con dos objetivos muy claros: por un lado, estudiar la demanda para ofrecerle productos adecuados a sus necesidades y, por otro lado, conocer a la competencia, especialmente si ésta destaca por ser innovadora.

Para llevar a cabo esta expansión internacional, las empresas mantienen su domiciliación en China, creando filiales y sucursales en aquellos países en los que quieren establecerse. En este sentido, necesitan de un mercado líquido y transparente donde cambiar divisa nacional (yuanes) por divisa extranjera (por ejemplo, dólares). Hasta hace unos años, esto prácticamente no existía salvo en lugares "especiales" como Hong Kong, donde la divisa offshore (fuera de China Continental) apenas tenía transacciones diarias.

La necesidad de demandar divisa extranjera por parte de las empresas y los operadores que quieren salir de China, está estimulando la creación de mercados de contratación y liquidación en yuan offshore ("clearing hubs") en otras partes del mundo, donde destacan los establecidos en Londres o Fráncfort. Poco a poco, estos mercados se van extendiendo para atender a todos los agentes no necesariamente chinos ya que existe un interés creciente de las empresas extranjeras por entrar en China a través de este tipo de mercados sin control de capitales.

En virtud de esta creciente demanda de divisa extranjera, el yuan chino es presionado a la baja, acumulando una depreciación en el último año del 6,45% contra el dólar. Este ajuste se produce después de que el yuan tuviera una apreciación importante desde mediados de la década, momento en que la demanda de yuanes aumentó gracias al tirón de las exportaciones.

Puesto que las empresas que están internacionalizándose siguen domiciliadas en China, la salida de estas -combinado con una mayor demanda de divisa extranjera- se entiende en términos de balanza de pagos como una salida de capitales. Ahí encontramos el último dato de reservas internacionales de divisas en China, con una merma de 108.000 millones de dólares en sólo un mes hasta los 3,33 billones de dólares en diciembre.

Esta salida de capitales, en suma, lejos de ser una señal de desconfianza, es la consecuencia del cambio estructural de China y del ajuste del valor de la divisa conforme esta abandona su carácter local y se convierte en moneda de referencia internacional. La internacionalización de la empresa china es un paso crucial con una enorme cantidad de consecuencias monetarias, un diferencial de tipos de interés que se vuelve más atractivo para China mientras las expectativas de depreciación de la divisa siguen siendo importantes.

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