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Campaña electoral: embuste continuado

  • Los candidatos no tienen interés en mejorar España, sino en la Moncloa

La mayoría de ciudadanos tiende a observar las campañas electorales y los subsiguientes comicios como importantes períodos de reflexión colectiva en los que se decide el rumbo del país durante los próximos cuatro años. Las distintas formaciones políticas publicitan sus propuestas y cada votante escoge aquellas que mejor encajen con sus preferencias ideológicas. Se trataría de un intercambio similar al que tiene lugar en cualquier mercado pero, en este caso, dentro del ámbito político-institucional.

Sin embargo, la anterior no constituye una adecuada descripción del proceso electoral: en la realidad, los distintos candidatos no pugnan por ofrecer a los ciudadanos aquel catálogo de medidas factibles que, a su sincero juicio, promoverá de un mejor modo los intereses generales del país. Al contrario, el objetivo nuclear de los políticos es otro: ganar las elecciones y llegar a La Moncloa. Y, con tal de lograr ese objetivo nuclear, están dispuestos a mentir, engañar y manipular al electorado tanto como sea necesario: sus promesas electorales no son programas de gobierno, sino calculados embustes para tomar el poder. Por eso, llegado el momento, resulta muy poco relevante si esos programas electorales se terminan cumpliendo o no: su propósito termina una vez concluyen las elecciones y se ha efectuado el reparto de escaños.

Lo anterior, claro está, no equivale a decir que un partido pueda obviar completamente el programa con el que ha concurrido a unas elecciones. Primero porque la legitimación social del poder político no sólo se necesita en el momento de acceder a él, sino durante todo el período en el que éste se ejercita: esto es, unos políticos que, sin motivo aparente, incumplieran la totalidad de sus promesas no sólo contarían con la oposición de quienes no los votaron, sino también de quienes sí lo hicieron. Segundo, porque normalmente los políticos aspiran a permanecer en el poder más de cuatro años -si no ellos mismos, sí el resto de cargos y burócratas que los aúpan al liderazgo del partido-, por lo que no pueden dilapidar toda su credibilidad en unos solos comicios.

Ahora bien, tales restricciones resultan en la práctica muy difusas, ya que el votante es bastante reacio a reconocer que ha sido engañado. Una vez embaucados y seducidos por el líder, una masa importante de electores -los famosos "suelos" de los partidos, a saber, la hinchada fanática y militante- está dispuesta a creerse las nuevas mentiras con las que pretenden justificar por qué mintieron previamente. Por ejemplo, "nos comprometimos a bajar impuestos y los hemos subido porque la situación económica era mucho peor de lo que nos habían contado"; o "prometimos el pleno empleo y hemos sufrido el mayor aumento del paro de nuestra historia porque la crisis financiera global resultaba imprevisible"; o también "anunciamos el fin de los recortes y un impago generalizado de la deuda, pero aprobaremos más recortes y asumiremos más deuda porque la alternativa habría sido salir del euro".

A su vez, cuando la impaciencia por acceder al poder de un grupo de políticos es muy elevada, los costes futuros de incumplir abiertamente su programa tampoco resultan demasiado restrictivos. Por ejemplo, si un partido político cree que, debido a circunstancias excepcionales, sólo posee una oportunidad de acceder a las instituciones, tratará de mentir y de engañar tanto como sea posible durante la campaña electoral para aprovechar esa ventana pasajera: tal fue el caso de Podemos en las pasadas elecciones europeas (cuando presentaron un programa absolutamente irrealizable y cuyo fraude atribuyen impostadamente hoy a la ingenuidad e inexperiencia de su nacimiento) y, en gran medida, sigue siéndolo hoy cuando promete aumentos exorbitantes e infinanciables del gasto público.

Lo esencial, empero, es que estamos viviendo una (pre)campaña electoral donde todos nos están mintiendo sin escrúpulo alguno. Su gran ambición es conquistar el poder y la propaganda constituye, indudablemente, una de las mejores herramientas para ello. De hecho, cualquiera que entre en la escena política sin intención de manipular a los ciudadanos terminará siendo barrido electoralmente por sus más populistas competidores. Mas, justamente porque ésa es la peligrosa e inquietante naturaleza de la política, deberíamos preocuparnos por ponerle límites a su ejercicio: cuanto menor margen de actuación sobre nuestras vidas tengan personas sin escrúpulo alguno para manipular y abusar del poder, tanto mejor para todos... salvo para ellos.

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comentariosforum15

ilegal_alien
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¿Alguien duda que se manipula el Euribor para que ganen los bancos y pierdan los hipotecados? ¿Por qué, repetidamente, el EURIBOR se mantiene hasta finales de octubre para desplomarse, a partir del día 1 de noviembre? ¿Hay algún estudio que revele que los tipos de interés de la gran mayoría de las hipotecas están sujetos a revisión anual y, concretamente, con relación al Euribor del mes de octubre?

Puntuación -13
#1
hipotenuso
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Magnífico artículo señor Rallo, y que conste que no suelo compartir sus ideas. Todo el mundo discutiendo si a los debates debiera ir fulano o mengana, cuando da lo mismo porque todos mienten. Hay que exigir que los programas electorales tengan responsabilidad jurídica vinculante, con penalizaciones por incumplimiento. Sin eso, todo es charlatanería.

Puntuación 30
#2
yomismo
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La gente ya sabe que las promesas de los partidos políticos antes de las elecciones tienen un valor relativo. En esto no se diferencia de la publicidad de las marcas comerciales, prometen más de lo que dan. Regular legalmente este tema para que no se pudiera incumplir las promesas puede ser factible, pero eso es intervencionismo público y usted como buen liberal debería saberlo, dejemos que sea el mercado electoral quien regule el asunto. ¿No se supone que los mercados lo arreglan todo?. ¿O esto solo vale cuando hablamos de mercado de coches o de detergentes?

Puntuación -2
#3
hipotenuso
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Yomismo, pero aquí no hablamos de lavadoras, sino de pensiones, salarios, sanidad y cosillas así de trascendentes. Y un partido que llegue al poder mintiendo, en 4 años puede hacer un daño irreparable al país, cargándolo con una deuda y déficit impagables, condenando a varias generaciones a la pobreza o al subempleo. Por ejemplo el senado debiera servir para fiscalizar al gobierno, y si es necesario revocar cargos.

Puntuación 10
#4
yomismo
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HIPOTENUSO, estoy de acuerdo en que se debería regular el tema pero era para poner en evidencia las contradicciones ideológicas en que incurre el articulista, muy liberal pero a tiempo parcial.

Puntuación -9
#5
Blanco
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....está dispuesta a creerse las nuevas mentiras con las que pretenden justificar por qué mintieron previamente.

40 años de Democracia y Capitalismo de Estado.

Puntuación 3
#6
Javier Zubiaur
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#3 #5 YOMISMO

¿Podrías indicarme dónde dice Rallo que debemos regular los compromisos de los programas electorales?

Rallo alienta a todos a reducir el poder que los políticos tienen, para minimizar el impacto de las mentiras y sus consiguientes destrozos tras ganar las elecciones.

Puntuación 11
#7
Talión
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Si te engañan una vez eres una victima. Si te engañan doscientas eres gilip.... perdido.

Que los políticos de este país mienten como bellacos, no tienen escrúpulos y solo van a lo suyo lo saben hasta los niños de preescolar. Que el Sistema lo promueve y lo protege, también y que ninguno quiere cambiarlo porque los beneficia, también.

Y por ello, la única solución es que todo se vaya al garete, a ver si así tomamos conciencia de una puñetera vez con la necesidad y mandamos este Sistema partitocrático y corrupto a tomar por saco.

No hay otra solución

Puntuación 11
#8
perdigón
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6

¿40 AÑOS DE DEMO......QUEEEEEEEEEE??????????.

¡Venga ya, hombre!

Puntuación 3
#9
yomismo
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AL COMENTARIO 7. El artículo habla de sancionar las conductas de los políticos que mienten en lugar de dejar que sea el mercado (los electores) los que sancionen dichas conductas no votando a partidos que incumplen promesas electorales. Es equivalente a sancionar a una empresa que no cumple con lo publicitado, para un liberal ortodoxo será el mercado el que, al dejar de comprar los productos de dicha empresa, hará justicia. Aquí , en el artículo, se habla de regular y sancionar comportamientos mediante leyes y mediante el poder público, al final serían los jueces los que tendrían que acabar diciendo si nuestros políticos cumplen o no cumplen y en que grado, y la sanción a aplicar. Esto rige en algún lugar del mundo? Se ha aplicado alguna vez en la historia? No, que por que? Porque es absurdo. En todos las democracias quien controla al gobierno es el parlamento y al parlamento los electores (al menos en teoría), hacer una ley que regule los incumplimientos supone automáticamente pasar el control democrático (parlamento y ciudadanos) a jueces que tendrían que decir si se incumple, en que medida y la sanción a aplicar. La esencia de la democracia, el control del gobierno, en manos de jueces.

Esto dicho por un liberal no puede ser mas contradictorio, es liberal para lo que no debiera como la desregulación del sector económico y sin embargo es antiliberal donde no debiera, el control político del gobierno.

Puntuación -2
#10
Un economista
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Totalmente de acuerdo, pero la culpa no radica en los políticos, sino en la ciudadanía que no quiere escuchar la verdad.

Puntuación 5
#11
Zinn
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Todos mienten, y aun así seguimos votándolos.

El decrecimiento es inevitable, cualquier científico medio no comprador por los poderes económicos te lo va a corroborar. Lo único que podemos decidir es cómo nos dirigimos hacia este nuevo paradigma.

Por un lado, la derecha neoliberal ya ha puesto en marcha su plan: mantener el sistema económico actual, donde si el pastel de los recursos es cada vez más pequeño y los ricos quieren seguir quedándose la misma porción o mayor, sobra cada vez más gente. Evidentemente, estas políticas hay que disfrazarlas o justificarlas mediante mentiras o verdades a medias, porque en caso contrario habría una revolución mañana mismo.

Por otro lado, la izquierda sigue con el mismo discurso de siempre. Te hablan de incentivar el consumo de las familias, del keynesianismo, del pleno empleo, de buscar el crecimiento… O bien mienten porque, al contrario que la derecha, realmente no son conscientes de la situación actual y se creen su propio cuento, o bien es que, al igual que la derecha, saben que nunca ganarían proponiendo las recetas necesarias. Ambas posibilidades son muy decepcionantes.

Pero la culpa es únicamente nuestra, de unos porque no quieren oir la verdad aunque duela, y de otros porque asumimos que ningún partido político podría ganar si expusieran la cruda realidad y las medidas que son necesarias.

Puntuación 0
#12
MINA
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Sr. Rallo:

Como siempre, dando en el clavo.

Pero claro:

Estamos en una etapa histórica que no es:

Políticamente correcto decir verdades como puños, como las que usted acaba de manifestar en su art.

Puntuación 3
#13
Savia nueva.
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El ambiente político huele mal. Renueva el ambiente. Vota aire fresco

Puntuación -1
#14
Savia nueva.
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Desprestigiar a los políticos puede esconder una ideología fascista.

Vota aire fresco?

Puntuación 0
#15