
Si te consideras un auténtico amante del impresionismo, seguro que en tu lista de sueños pendientes se encuentra bailar en alguna de las concurridas plazas de Renoir, almorzar sobre la hierba como en los cuadros de Manet o pasear por los mágicos jardines en los que Monet se embelesaba con el movimiento de los nenúfares en el estanque. En el caso de este último pintor, es posible hacerlo, ya que desde el año 1980 el hogar en el que estuvo viviendo el pintor durante más de cuarenta años está abierto al público.
A las afueras del bullicioso París, concretamente a 75 kilómetros al noroeste, encontramos Giverny, un encantador pueblecito de apenas 500 habitantes en el que el arte se ha quedado impregnado en su ambiente. De estilo normando y rural, Giverny es conocido por ser el hogar de Claude Monet, aunque es mucho más que eso: son calles empedradas y cautivadores jardines.

El hogar del impresionismo
Claude Monet nació el 14 de noviembre de 1940 en París y aunque a día de hoy es conocido por ser el padre del impresionismo, no lo tuvo fácil en un inicio. Fue criticado y rechazado durante varios años por el Salón de París y la Academia Real de Londres. No obstante, eso no le detuvo y siguió pintando hasta que en el año 1886 llegó su primer gran reconocimiento: una exposición en Nueva York.
Un impulso creativo le llevaría hasta Giverny en el año 1883 donde compró la propiedad y se enamoró de sus jardines. Decorado con un puente de estilo japonés pintado de color verde, arces, peonías japonesas y sauces llorones, Monet encontró un refugio en el que experimentar con la luz, el color y el reflejo del agua. Además, que fue allí donde encontró la inspiración para pintar una de las sagas más icónicas de su arte: 'Los nenúfares'.

A pesar de haber transcurrido 86 años de su muerte, la magia de este pintor todavía se respira en el ambiente. Los escenarios que fueron fuente de inspiración para algunos de los cuadros más famosos del artista se pueden visitar gracias a la Fundación Monet. Y no solo se podrá pasear por el estanque, sino que las puertas de la casa también están abiertas para poder conocer lo que fue el taller del impresionista.
Un pueblo con encanto
Más allá de la casa y sus jardines, Giverny es también un destino ideal para todos aquellos que buscan desconectar en la naturaleza y disfrutar de la historia y la cultura de esta zona francesa. Con un aire todavía rural, sus casas de piedra y sus calles estrechas contrastan con el ruido de la capital parisina. Además, visitarlo en primavera o en verano es todo un regalo para la vista, ya que el pueblo se inunda de flores. Normal que Monet quisiera pasar aquí el resto de su vida.
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