Especial medio ambiente

Hacia la cuenta verde de resultados

Gregorio Peña, presidente-editor de Editorial Ecoprensa

Nadie duda de que es una necesidad colaborar hoy día en la lucha contra el cambio climático y el cuidado del medioambiente. Sin embargo, los diferentes países y las zonas en desarrollo hacen que esta cuestión no se aborde de manera homogénea y, sobre todo, que los objetivos difieran.

La Cumbre del Clima de Glasgow, recientemente clausurada, ha puesto de manifiesto las diferentes posturas u objetivos de los distintos países. Basta citar las posiciones de China e India.

Con este debate hacia el cuidado del clima hay que ser cuidadosos. Es innegable la necesidad de progresar hacia la reducción de emisiones, pero también hay que reconocer la disparidad de trato en los países orientales y en los occidentales. Las empresas radicadas en estos últimos territorios tienen unas mayores exigencias y, por tanto, mayores costes.

El pasado día 16, elEconomista publicaba un artículo sobre el plan de China para instalar 150 reactores nucleares como medida para reducir sus 2.090 generadores de carbón y sustituirlos por energía limpia en 2060 (considerando la energía nuclear como limpia). Con esta iniciativa se prevé reducir 1.500 millones de toneladas de emisiones de carbono, más de lo que generan el Reino Unido, España, Francia y Alemania, juntas.

Por ello, desde el convencimiento de la necesidad de aumentar el paso hacia la protección del clima, también éste ha de ir acompañado por una exigencia de esfuerzos en todos los territorios del planeta y atender a la seguridad de suministro. Las necesidades del clima y las medidas no deberían ser un elemento de competencia económica entre Estados.

España se ha comprometido a cumplir la Agenda 2030, aprobada en 2015 por todos los países de las Naciones Unidas, como una apuesta de todo el planeta con 17 objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas.

Con todo, nuestro país está haciendo sus deberes. En 2020, disminuyó sus emisiones de carbono un 7,9%, lo que ha situado a nuestro país como el tercero del G-20 que más ha avanzado en esta materia. La empresa española se encuentra igualmente a la vanguardia. Hasta 23 compañías se han incorporado a la lista de 300 en todo el mundo que han reducido sus emisiones entre 2014 y 2019.

La lucha contra el cambio climático de los índices de valoración ESG es un elemento diferenciador y de prestigio para las grandes corporaciones. Ya se utilizan criterios y rankings de ESG para las decisiones de inversión y hay empresas que consideran una estrategia diferenciadora su decisión en el cuidado o reducción de emisiones de CO2. En algunas licitaciones públicas y privadas de países del norte de Europa (Noruega, Suecia), es un elemento incluso determinante para la elección del adjudicatario.

Ésta es una cuestión fundamental que no consigue una unidad de criterio por todos los Estados. Más allá del trato diferenciador, en alguna medida, es un argumento de mejora de competitividad que no ven razonable los países subdesarrollados, porque necesariamente su desarrollo les llevaría a más emisiones.

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