Especial medio ambiente

El fondo marino esconde 14 millones de toneladas de microplásticos

  • Este es el resultado de la investigación que llevó a cabo la Agencia Nacional de Investigación Científica de Australia (CSIRO)
Madrid

Los océanos y los mares de todo el planeta se han convertido en el vertedero de la actividad humana. Esta realidad se puede ver en algunos casos en la superficie, pero la contaminación empeora analizando el fondo del mar

Si hace unos meses la cifra aproximada de las toneladas de desechos plásticos que llegaban a los océanos superaba los 10 millones, durante el año 2020 se ha batido el récord. Más del doble de la cantidad de contaminación plástica estimada en la superficie de los mares del planeta. Este es el resultado de la investigación que llevó a cabo la Agencia Nacional de Investigación Científica de Australia (CSIRO), cuya conclusión más impactante es que hay más de 14 millones de toneladas de microplásticos en los fondos marinos. A pesar de que en los últimos años aumentó la atención a los impactos perjudiciales de la contaminación plástica en los ecosistemas marinos, la vida silvestre y la salud humana, se espera que esta cantidad aumente en los próximos años.

Para llevar a cabo este estudio, el equipo encabezado por la profesora Justine Barret, analizó los sedimentos en seis localizaciones con ayuda de una nueva técnica de separación de densidad de los materiales y un robot submarino para la recogida de muestras.

Las movilizaciones y asociaciones comprometidas con el bienestar del planeta hizo mella en gran parte de la sociedad que, durante los últimos años se ha ido concienciando cada vez más sobre lo peligroso que es para el medio ambiente el uso de las pajitas, platos o bolsas de plástico. En este sentido, la Unión Europea logró un acuerdo político para prohibir a partir de 2021 varios artículos de plástico entre los que se encuentran, además de los ya citados, bastoncillos de algodón o envases de polestireno para alimentos.

No se trata de una investigación que no nos afecte en primera persona, ya que los fondos marinos de las Islas Canarias también lo están sufriendo. De hecho, se calcula que el 90% de la basura acumulada en el mar es plástico. Su ubicación lo convierte en uno de los emplazamientos más susceptibles a la llegada de basura marina: de Europa, norte de África y costa este de Estados Unidos.

En el trabajo realizado por el CSIRO, la cantidad de microplásticos registrada fue 25 veces mayor que la de estudios previos en aguas profundas, lo que significa que los mares y océanos de todo el planeta se han convertido en el vertedero de gran parte de los residuos generados por los humanos. A pesar de que todavía no se conocen demasiados datos sobre la acumulación de microplásticos en los fondos oceánicos, su recuento fue muy variable, pero en prácticamente todos los casos se descubrieron cantidades muy por encima de lo que se podría esperar.

Niveles más altos

Esta situación no es novedosa, ya que el pasado mes de mayo un proyecto de investigación internacional revelaba los niveles más altos de microplásticos jamás registrados en el fondo marino: hasta 1,9 millones de piezas en una capa delgada que cubre solo un metro cuadrado. Esta investigación realizada por varias universidades de Reino Unido, Alemania y Francia mostró cómo las corrientes de aguas profundas actúan como cintas transportadoras, llevando pequeños fragmentos de plástico y fibras a través del fondo marino.

Dichas corrientes pueden concentrar microplásticos dentro de grandes acumulaciones de sedimentos y formar puntos críticos, que se denominan "parches basura". El autor principal del estudio, Ian Kane, señaló que lo más sorprendente de los resultados fue la alta concentración de microplásticos que se encontraron en el fondo marino y que se componen principalmente de fibras de textiles y prendas de vestir. Estos no se filtran de manera efectiva en las plantas de tratamiento de aguas residuales domésticas y entran fácilmente en ríos y océanos. Los resultados resaltaron la necesidad de intervenciones políticas para minimizar todo lo posible los impactos en los ecosistemas.

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