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La actividad de Chile avanza a buen ritmo, pero cerrará el año por debajo de las expectativas

  • La menor actividad industrial y las tensiones comerciales son los riesgos
Santiago de Chile. Foto: Dreamstime.

La economía chilena cerró el año pasado, el primero del presidente Sebastián Piñera, con un crecimiento del producto interno bruto (PIB) del 4%. Incremento muy superior al promedio de 1,5% logrado durante el periodo de Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet.

Esta cifra, junto con la positiva evolución de otros parámetros económicos como la inversión -con un incremento en sus dos componentes fundamentales: 4,7% de alza anual en la formación bruta de capital fijo e incremento de 1,3% del PIB en la acumulación de existencias- marcaban un escenario positivo y fortalecían las expectativas de crecimiento para el país en el presente año.

Con esto se confirmaba la confianza depositada en el nuevo mandatario, que durante su campaña electoral hizo de la economía y el crecimiento sus banderas fundamentales, al punto de asociar su candidatura a la llegada de "tiempos mejores".

Las cifras del 2018 parecían abrir y fundamentar proyecciones optimistas, en especial con el cambio de expectativas internacionales y el aumento el precio del cobre, principal producto de exportación del país y que representa el 45% de los envíos totales de la economía chilena.

En este escenario, las previsiones de expertos, analistas, mercado, autoridades y organismos financieros apuntaban a un crecimiento similar al del año previo, pero los indicadores del primer mes de 2019 empezaron a apuntar en otra dirección y a hacer aparecer las primeras nubes en el horizonte de la economía chilena.

A modo de ejemplo, en enero el Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) marcaba un avance de 2,4%, siendo el menor desde septiembre del año previo y ubicándose en la parte baja de las estimaciones del mercado. En el mismo mes la producción industrial marcaba una caída de 0,9%, con descensos en la minería, electricidad, gas y agua.

Así, con estas cifras, confirmadas con las de febrero, donde la economía solo avanzó un 1,4%, destacando el retroceso del Imacec Minero -con una merma de 7,8%-, las expectativas y estimaciones comenzaron a anotar un descenso, menor, pero que ha sido constante durante los primeros cuatro meses del año.

En diciembre del pasado año, el Banco Central ajustó sus pronósticos y en su Informe de Política Monetaria (IPoM) estimó un crecimiento de 4% para la actividad económica, reduciéndolo desde sus estimaciones de septiembre. En el mes de marzo, nuevamente, la entidad revisó sus pronósticos y lo situó en un rango de entre el 3% y el 4%, debido principalmente a un desempleo del sector minero mayor al esperado.

Esta tendencia se reforzó con los números del Ministerio de Hacienda, que recortó su perspectiva y bajó su estimación de crecimiento desde el 3,8% (previsto en octubre del año pasado) hasta un 3,5%. A este cambio de viento se sumó el Fondo Monetario Internacional (FMI), que proyectó una evolución de 3,4% para este año y solo de 3,2% para el siguiente. Ello se sumó a la proyección de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), que fijó el alza del PIB en 3,3%.

De esta forma, de un fin de año entre aplausos se pasó a un primer trimestre en el que las proyecciones se consolidaron a la baja y que, dados tanto los escenarios externos como internos, hacen pensar que a fin de 2019 los números no serán tan positivos como los que se estimaron en un primer momento.

En el mismo periodo, el Banco Central decidió aumentar la tasa de política monetaria (TPM) en 25 puntos porcentuales, subiéndola hasta 3%. Pero lo relevante fue que la entidad, en el plazo de dos meses, decidió que el recorte del impulso monetario se demoraría un poco más, por lo que, en su segunda reunión anual y ante sorpresa del mercado, mantuvo la TPM y no la recortó como se estimaba a fines de año.

Ambiente enrarecido

La modificación del clima, desde el optimismo pleno a un aire enrarecido, se basa en los nuevos escenarios que se han ido conformando. En lo internacional, clave en la economía chilena por su apertura al mundo, las amenazas de guerra comercial entre Estados Unidos y China -ambos claves en el comercio externo de Chile, el primero como principal inversionista y el segundo como el mayor consumidor de productos nacionales- han llevado a la ralentización de inversiones y el retiro de capitales desde los países emergentes.

A ello se ha sumado la incertidumbre en la concreción del Brexit, lo que ha impactado en la toma de decisiones de mercados relevantes para el país, aun con un precio del cobre en alza y acercándose a los tres dólares por libra.

En los internos, las sombras son aún más importantes debido a la multiplicidad de reformas estructurales que ha planteado el Gobierno del presidente Piñera y a la reacción negativa que han tenido estas en la oposición, que es mayoría en ambas cámaras del Congreso. En este punto especial problemática ha suscitado la reforma tributaria planteada por el Gobierno, donde el eje central es dar origen a un sistema integrado, lo que implicaría, según los críticos a la iniciativa, una rebaja tributaria a los sectores más acaudalados, por lo que sería regresiva.

Polémica tributaria

La polémica generada por los cambios propuestos y las exigencias de compensación de parte de diversos actores ha llevado a que aumente la incertidumbre, en especial, para el empresariado, el cual es altamente sensible a este tema al momento de tomar decisiones de inversión. Ello se ha reflejado en diversas declaraciones de parte del gremio que los representa, llegando incluso a señalar que con tanto cambio es mejor no hacer nada. A esta reforma hay que agregar los cambios presentados en el sistema de salud, de pensiones, y laboral, todas de largo aliento y con elementos que, hasta ahora, no consiguen un consenso y generan profundas diferencias entre los actores sociales y políticos.

Otro de los elementos sensibles en el escenario económico son las cifras del desempleo las que a pesar del crecimiento del año pasado continúan manteniéndose en niveles elevados.Así, en el primer trimestre del año la tasa de desempleo se ubicó en un 6,9% y no registró variación respecto a igual período del año anterior, lo que da cuenta del rezago que presenta este ítem, a pesar de que el Gobierno señala que lo relevante es la creación de nuevos empleos por su mejores características, donde disminuye la precariedad.

Tasa de desempleo

La resistencia que muestra la tasa de desempleo refleja, según distintos expertos, el desafío que enfrenta el país ante la revolución digital, donde la automatización y el creciente uso de inteligencia artificial están disminuyendo las posibilidades para la fuerza laboral. Por ello, se hace necesaria una reestructuración del mercado laboral, pero nuevamente la falta de consenso político y social hacen que estos cambios se dilaten, transformándose en una nueva nube para el desarrollo del país.

Teniendo en cuenta todos estos factores, tanto internos como externos, los pronósticos se hacen cada vez más difíciles, aunque todo indica que las cifras irán a la baja. Pese a todo, serán mejores que las de la anterior Administración y superiores a muchos de los otros países, pero son decepcionantes considerando las expectativas y el optimismo que reinaban cuando comenzaba este año.

Así, la economía chilena se prepara para vivir un año de crecimiento, pero donde los nubarrones hacen pensar que no se llegará a los niveles que apuntaba el actual Gobierno.

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