Especial Empresas América

Las firmas españolas luchan por mantener el liderazgo

Ferrocarril canadiense Reseau Express Metropolitain. REM.

Las constructoras españolas mantienen a América como su principal mercado, tanto en cartera como en cifra de negocios. No en vano, las compañías nacionales se sitúan a la cabeza por facturación tanto en América del Norte como en Latinoamérica.

En los primeros meses de 2018, han persistido en sus éxitos al otro lado del Atlántico y acumulan contratos por más de 12.600 millones de euros, cifra similar a la que registraban hace un año. Las expectativas para la región son, en términos generales, muy positivas gracias a los planes de inversión en infraestructuras que tienen en marcha la mayoría de los países del continente americano, con fórmulas que incluyen la colaboración público-privada.

De acuerdo con los últimos datos recopilados por ENR, correspondientes a 2016, las constructoras españolas alcanzaron unos ingresos de 8.914,1 millones de dólares (7.500 millones de euros) en Latinoamérica. Supuso un descenso del 37,3% con respecto a 2015. Este recorte se contextualiza con la caída generalizada de la inversión en la región, de más de 20.000 millones de dólares. La rebaja se explica también por el derrumbe de relevantes compañías en la zona como Abeinsa (Abengoa) e Isolux Corsán. Pese a la importante rebaja, las ACS, Sacyr, OHL, Acciona y compañía lograron elevar su cuota del 26% al 26,4%.

Ahora bien, su supremacía está fuertemente amenazada por el auge de las empresas chinas, que elevaron su cifra de negocio en América Latina hasta los 7.703 millones de dólares (6.500 millones de euros), un 2,5% más. De este modo, la distancia entre españolas y chinas se acota a apenas 1.000 millones de euros, cuando un año antes se aproximaba a los 7.000 millones. Esto suponía que los grupos de España doblaban en facturación a los de China (en 2011 la proporción era de casi cuatro veces más y en 2004 de 16 a uno). La capacidad de financiar las obras, con recursos públicos, explica el vertiginoso crecimiento del gigante asiático.

Mientras, en América del Norte, el dominio de las constructoras españolas es aún mayor. Su cifra de negocios en 2016 ascendió a nada menos que 18.672,1 millones de dólares (15.850 millones de euros), lo que representa la cuarta parte de la facturación internacional (el 25,8%). Un liderazgo que está sustentado por la presencia consolidada de grupos como ACS, Ferrovial, OHL y Acciona. Superan ampliamente a las compañías japoneas, cuyos ingresos se elevaron a 8.044,3 millones de dólares. El tercer lugar lo ocupan, ya a gran distancia, las chinas, con 2.055,5 millones de dólares (1.740 millones de euros). Las firmas españolas están asentadas tanto en la rama de construcción como en las de concesiones, servicios e industrial.

Las empresas de infraestructuras españolas se erigen en dominadoras del mundo, con la excepción de Asia y, sobre todo, África. En estos dos continentes son las constructoras de China las que predominan claramente. Esta condición les permite situarse como las primeras a nivel global, con una cifra de negocios en el extranjero de 98.722 millones de dólares (83.900 millones de euros). Las firmas de España, segundas, alcanzan los 58.988 millones de dólares (50.100 millones de euros).

Con la inversión pública aún en niveles históricamente bajos en España, las constructoras nacionales tienen en el negocio internacional la única vía para seguir creciendo. En esta línea, el Ministerio de Fomento, en colaboración con el sector privado, presentó en diciembre pasado el Plan de Internacionalización del Transporte y las Infraestructuras, que identifica 11 mercados prioritarios. Entre ellos figuran Estados Unidos, Canadá, México, Colombia y Perú (el resto son Arabia Saudí, Australia, Emiratos Árabes Unidos, Noruega, Suecia y Reino Unido). Asimismo, esta iniciativa señala otros mercados de oportunidad, entre los que se sitúan Argentina y Chile. Son varios los países americanos, por tanto, que figuran entre los prioritarios en la estrategia de crecimiento de las empresas españolas y, más concretamente, de las compañías públicas, que quieren acompañarlas en su vocación exterior.

En su expansión, Estados Unidos emerge sin duda como la gran apuesta para las grandes constructoras españolas, con inversiones previstas por alrededor más de 700.000 millones de euros para los próximos años. La posición de firmas como ACS, Ferrovial, OHL y Acciona en el país está sobradamente consolidada, con actividad tanto en construcción como en concesiones y servicios. Grupos como Sacyr han dado el salto recientemente y trabajan por fortalecerse, mientras que también las compañías medianas han puesto sus ojos en este mercado..

Las oportunidades en Estados Unidos son incalculables. En estos primeros meses del año, de hecho, las constructoras españolas ya han registrado éxitos notables. Destacan el primer contrato efectivo de Sacyr para construir y operar una nueva planta de tratamiento de residuos en Hartford, en Connecticut, por casi 3.000 millones de euros, y la adjudicación a ACS para la construcción y explotación de un nuevo sistema automático de transporte de viajeros del aeropuerto de Los Ángeles por más de 1.500 millones. Acciona, OHL, Ferrovial o FCC también han logrado en los primeros compases del año engordar su cartera en el país.

Tras Estados Unidos, Canadá emerge como el segundo mercado que mayores oportunidades ofrece para las empresas españolas. Se trata de un mercado maduro y con una alta competencia en el que los márgenes suelen ser más limitados, pero el Gobierno de Trudeau tiene en marcha ambiciosos programas de inversión en infraestructuras de transporte, principalmente, por más de 150.000 millones de euros. ACS, Ferrovial y Acciona son los grupos españoles más consolidados, mientras que Sacyr trabaja por dar el salto al país. OHL, por el contrario, lo acaba de excluir de su radar estratégico.

La apuesta por el mercado canadiense es firme por parte de las principales empresas de construcción de España. Entre todas ellas sobresale, sin duda, ACS. No en vano, el grupo que preside Florentino Pérez puede presumir de haber resultado adjudicatario del mayor contrato del año, de entre todas las compañías españolas, en Canadá. Junto a las locales SNC Lavalin y Pormeleau, su filial Dragados Canadá ejecutará el diseño y construcción del sistema ligero de ferrocarril Reseau Express Metropolitain (REM), por un importe global de alrededor de 3.000 millones de euros.

También en este mercado, ACS se ha hecho en los primeros meses de 2018 con el proyecto de construcción de los aliviaderos y de la estación de generación del nuevo complejo hidroeléctrico Site C Clean Energy Project, en el que también participa, en otras fases, Acciona. El importe de este contrato se eleva a los 1.000 millones. Y sus éxitos en Canadá no terminan ahí, porque recientemente también se ha hecho con el diseño, construcción, financiación y mantenimiento de una nueva línea de metro en Toronto por 775 millones de euros.

El potencial de Latinoamérica

En cuanto a Latinoamérica, las perspectivas económicas son positivas en la mayoría de los países y las inversiones previstas ofrecen múltiples oportunidades para las constructoras españolas. Entre los mercados que Fomento ha identificado como prioritarios, Perú ofrece las mejores expectativas de su economía, con un crecimiento previsto del Producto Interior Bruto (PIB) para este año del 3,8%. La inversión en infraestructuras hasta 2025 se estima en 140.000 millones.

Colombia, por su parte, prevé destinar 62.000 millones a través de un Plan Maestro hasta 2035 y tiene en marcha, asimismo, el programa de colaboración público-privada para desarrollar autopistas de Cuarta Generación (4G), en el que empresas como Sacyr, Ferrovial, ACS, OHL u Ortiz ya han triunfado. En cuanto a México, a la espera de posibles cambios políticos y a pesar de la madurez del mercado, se posiciona como un claro nicho de crecimiento para las firmas españolas.

Por su parte, Argentina planea invertir 520.000 millones en las próximas dos décadas y bajo el mando de Mauricio Macri se ha abierto a la participación de inversores privados en el desarrollo de sus infraestructuras. Chile, entretanto, destinará 92.000 millones hasta 2025.

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