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Las multinacionales españolas cambian de estrategia en América Latina

Amador G. Ayora, director de 'elEconomista'. Foto: Archivo.

España conmemoró el año pasado el quinto centenario de su entrada en Iberoamérica. Hace exactamente 500 años, Hernán Cortés culminó su conquista de México. En 1989, hace más de treinta años, Telefónica, la mayor empresa de telecomunicaciones española, hizo su primera incursión en América Latina. Aquella operación pionera desató una avalancha de inversiones durante los años noventa.

Cuando los países latinoamericanos comenzaron a liberalizar sus economías a fines de los años ochenta, España tenía una población escasa, empresas que miraban hacia adentro y una necesidad apremiante de globalizarse. Pocos europeos creían que cumpliría su objetivo de convertirse en la puerta hacia América Latina. Pero lo consiguió. En unas pocas décadas, se situó como el segundo mayor inversor extranjero en la región, después de Estados Unidos. Sus empresas atesoran hoy inversiones en el subcontinente valoradas en más de 150.000 millones.

El idioma compartido, así como el portuñol en Brasil, les facilitó operar con ventaja en países donde las telecomunicaciones, la banca y los servicios públicos estaban muy atrasados. La prosperidad del subcontinente con el auge de la minería permitió a las empresas españolas compensar los efectos nocivos de la crisis financiera de 2008-09.

En cambio, los últimos años estuvieron marcados por las protestas y la crisis económica en la región. El foco del coronavirus se ha trasladado de Europa a Sudamérica. Los bancos, las energéticas y el resto de compañías tienen motivos para preocuparse por el lento crecimiento y la volatilizad de las divisas. Su industria sufre, ademas, un grave retraso tecnológico. Para muchas de aquellas sociedades pioneras, América Latina ya no es una tierra de oportunidades, sino de disgustos.

Desde la crisis del tequilazo de México en 1994-95, las megadevaluaciones y la agitación política en Brasil ó Argentina, hasta la dictadura de izquierda en Venezuela, los inversores españoles han tenido un curso acelerado en la gestión de desastres.

Después de 30 años, Telefónica ha decidido poner coto a sus pérdidas en las antiguas colonias españolas y puede vender sus negocios allí por completo para centrarse en Brasil. Otras multinacionales españolas han realizado cálculos similares: BBVA se concentró principalmente en México y Santander también en Brasil.

A medida que aumenta la presión sobre los bancos para adaptarse a la era de la tecnología ó sobre las empresas energéticas, como Repsol e Iberdrola, para reducir las emisiones de carbono, el enfoque ha cambiado para centrase en unos pocos países, en los que se requieren sumas ingentes de inversión. Ya no tiene sentido la antigua estrategia de la construcción de imperios multinacionales. Incluso Cortés se vio obligado a replegarse en 1520 en la llamada Noche Triste. Se trata de una retirada táctica para fortalecer sus balances y prepararse para volver con bríos renovados cuando la tormenta amaine.

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