Energía

La guerra cambia la velocidad de la transición energética

  • El CES avisa del riesgo sobre los avances políticos necesarios para su impulso
  • Su éxito dependerá de la gobernanza de los desafíos económicos, sociales y laborales
Parques eólicos en España. iStock

En paralelo, el CES afirma que la plena incorporación de las mujeres a la transición energética representa un desafío lleno de oportunidades para aprovechar su talento. Y que esta transición debe ser inclusiva desde el punto de vista económico, puesto que uno de sus riesgos es la intensificación de la pobreza energética, especialmente desde la pandemia.

El debate en torno a la velocidad de la transición energética en la Unión Europea (UE) ya estaba servido antes del acuerdo alcanzado recientemente para disminuir un 15% el consumo de gas. Que el pasado 26 de julio se viera fumata blanca no significa que el posicionamiento comunitario sea unánime. De hecho, España podrá acogerse a una excepción que reduciría ese ahorro a la mitad, un 7%, gracias a la flexibilidad con que se ha dotado a los objetivos contraídos para hacer frente a los más que posibles cortes del suministro por parte de Rusia.

En cualquier caso, lo cierto es que la invasión de Ucrania trastocará la política energética a escala, al menos, europea. Prueba de ello es que tanto el Parlamento como la Comisión decidieran recientemente que las inversiones en energía nuclear y gas natural serán consideradas verdes. Y ello afectará a los ritmos de la transición energética incluso de los países más contaminantes. Es el caso de Alemania, por ejemplo, que si bien a comienzos de año inició un proceso de descarbonización, ahora ha reactivado algunas centrales térmicas de carbón ante el miedo a quedarse sin suministro energético.

Expertos consultados consideran que la concatenación de calamidades -pandemia, guerra en Ucrania, etc.- adentra a la UE en una nueva era que obliga a realizar ciertos reequilibrios para evitar mayores damnificaciones. En este sentido, alertan de que la descarbonización, aunque sea incuestionable a medio y largo plazo, en estos momentos no debería provocar lo que en los años 80 y 90 del pasado siglo originó la desindustrialización en términos de empleo y actividad.

En esta línea, el Consejo Económico y Social de España (CES) advierte de que el principal riesgo de la transición energética en España es no acertar con el ritmo necesario. A juicio de este órgano consultivo del Gobierno en materia socioeconómica y laboral, mientras que una transición pausada pone en peligro alcanzar a tiempo los objetivos de emisiones, acrecentando la posibilidad de que los riesgos medioambientales se conviertan en irreversibles; si la transición es excesivamente rápida y desordenada se pueden originar desajustes económicos, laborales y sociales que generen desafección y malestar de la ciudadanía.

En resumidas cuentas, el Consejo asegura que el éxito de la transición energética dependerá de la buena gobernanza de los desafíos económicos, laborales y sociales que conlleva. Y avisa de que, de lo contrario, podría generar resistencia al cambio y poner en riesgo los avances políticos necesarios para impulsarla. En este marco, el Consejo ve necesario contar con el diálogo social, con una cooperación interinstitucional a todos los niveles de la Administración y con cauces adecuados para una mayor participación ciudadana.

Dentro de España, el sector automovilístico podría servir como ejemplo de estos peligros. El empobrecimiento de los hogares españoles como consecuencia de la espiral inflacionista está resucitando con fuerza el fenómeno de los coches mileuristas que trajo la crisis de 2008, hasta el punto de que las ventas de vehículos de más de 20 años crecieron un 18% en el primer semestre y uno de cada 10 coches vendidos en el mercado de ocasión arrastra ya dos décadas a sus espaldas, según Sumauto, especialista en portales verticales de automoción. En la actualidad, los precios del mercado se están volviendo prohibitivos para muchos de los hogares españoles. Actualmente, un usado se sitúa en 17.561 euros de media, según MSI, mientras que uno nuevo se mueve en un promedio de 20.500 euros, según la AEAT.

Transporte e industria

Un escenario que refleja la realidad de muchas familias españolas y choca de frente con la transición energética y el objetivo de descarbonizar el parque a marchas forzadas para alcanzar cero emisiones netas de dióxido de carbono para 2050.

En su Memoria sobre la situación socioeconómica y laboral de España 2021, que radiografía la situación actual de la economía, el trabajo y la sociedad en España de manera consensuada entre empresarios, sindicatos y sociedad civil organizada, el CES recomienda ir hacia un transporte menos carbonizado, mejorando la eficiencia energética y las soluciones para los vehículos eléctricos y pesados, así como ayudas selectivas para la renovación de flotas. Entre los retos y recomendaciones del Consejo también se encuentran la descarbonización de la industria y de la edificación o el papel estratégico del sector agrario.

Pero el CES insiste en la necesidad de no dejar a nadie atrás y de velar por una transición energética justa, también para el pequeño tejido empresarial, al cual sugiere hacerle llegar los beneficios e involucrarlo en el proceso. Asimismo, en su opinión habría que apoyarse en una digitalización sin brechas, especialmente en el mundo rural, donde convendría garantizar una adecuada integración ambiental y territorial de las renovables, y contar con la participación de las comunidades locales en la toma de decisiones.

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