Empresas centenarias

Cien años de éxito de la economía española, una revolución desde abajo

  • La apertura al exterior y la modernización de los sectores productivos han sido clave
  • La economías española debe retomar la senda de la convergencia
Cien años de éxito de la economía española
Madrid.

La economía española es una historia de éxito basada en la apertura al exterior, la modernización de los sectores productivos, un cambio estructural de sus instituciones económicas (también políticas) y el surgimiento de múltiples innovaciones e inventores que revolucionaron a un país que viniendo de muy abajo, consiguió colocarse como la cuarta mayor economía de Europa y entre las diez primeras a nivel global.

Cuando se hace el ejercicio de mirar hacia el pasado, normalmente los analistas mencionan como característica principal de España su atraso secular (recordando las frases demoledoras que escribió Lucas Mallada), quedando por detrás de los países relevantes del entorno europeo. Sin embargo, no hay que dejar de recordar que una economía no se revoluciona de la noche a la mañana, sino que es un proceso que va madurando lentamente hasta que se produce un hecho que cambia por completo el curso de los acontecimientos y acelera todos los cambios. Este es, en los últimos 100 años de economía española, el año 1959.

1959 marca el inicio de una economía moderna a partir de una situación autárquica insostenible y con una política económica que a duras penas había conseguido mantener a un país arrasado por una Guerra Civil. En este sentido, la primera generación de economistas, junto con los técnicos de la Administración, fue determinante para imprimir un giro radical a las decisiones públicas a través del Plan de Estabilización presentado en el verano de 1959. La España de ese momento había conseguido salvar los muebles de la posguerra y ahora necesitaba otro tipo de marco institucional, empezando por un control efectivo del déficit público que hasta ese momento se financiaba prácticamente de forma íntegra con recurso al Banco de España y un saneamiento de raíz de las cuentas exteriores para detener la sangría de divisas. Como siempre ocurre en Economía, es necesario abordar las tres políticas económicas básicas: política monetaria, fiscal y cambiaria.

Con estos puntos de apoyo, además de salvar la urgencia, se inauguró una nueva política económica que en los años siguientes se tradujo en una apertura amplia hacia el exterior que permitió la entrada masiva de divisas, la confianza de los organismos internacionales en la economía española y Fue, parafraseando al economista chileno José Piñera, "el inicio del cohete" español que representa la explosión de la renta per cápita de España medida en dólares homogéneos de 2011. España entró en el mismo club de desarrollo que los países de la Europa Occidental, con tasas de crecimiento sólo comparables durante más de una década a las de Japón o Corea del Sur, concretamente del 7,73% medio anual entre 1959 y 1973.

Dicha generación de técnicos y economistas tuvo un sólido respaldo teórico, pero también práctico, tal como reflejan los múltiples intercambios de destacados economistas hoy acertadamente recordados gracias al profesor Juan Velarde. Sería injusto no mencionar la importancia de aquellos que llegaron a ser responsables políticos y que gracias a ellos se implementaron las reformas como Mariano Navarro Rubio, Fernando María Castiella, Alberto Ullastres, Laureano López Rodó, Enrique Fuentes Quintana y muchos otros más.

Desde 1959, la renta disponible bruta per cápita de un español se ha multiplicado por 5,6 veces en términos de paridad de poder

Para que el "cohete" siguiera funcionando en los años siguientes, España necesitaba desarrollar una clase media amplia, potente y que constituyera la mayoría de la base social. Esto es lo que se empezó tímidamente a formar a finales de los años cincuenta, explota durante los sesenta y se consolida entre los años setenta y ochenta. Desde 1959, la renta disponible bruta per cápita de un español se ha multiplicado por 5,6 veces en términos de paridad de poder adquisitivo de compra según datos de la OCDE. Eso permitió una expansión del ahorro y, por tanto, de la inversión.

El Pacto de la Moncloa, al igual que el Plan de Estabilización, marcó un antes y un después obligando a una profunda reforma del sistema fiscal

Tras esta primera etapa, han venido otras caracterizadas por los ciclos económicos de las economías occidentales donde el empeño siempre ha sido el de reformar las estructuras productivas para modernizar el país. A este respecto, una primera fecha de capital importancia es 1977, momento en que se produce la gran reforma tanto de las instituciones políticas como de las económicas, habiéndose agotado el modelo de los sesenta que tenía como punto esencial un coste muy reducido de la energía. El Pacto de la Moncloa, al igual que el Plan de Estabilización, marcó un antes y un después obligando a una profunda reforma del sistema fiscal, la generalización de los servicios públicos, la puesta en marcha de las reformas necesarias para detener la sangría del paro y el control de la inflación.

En segundo lugar, 1986 significa la entrada de España en la Comunidad Económica Europea pero, al mismo tiempo, el inicio de un proceso de reconversión industrial imprescindible para ingresar en el club europeo y acabar con los vicios de una industria económicamente ruinosa que comía continuamente recursos de la economía productiva. En sí, fue uno de los primeros pasos del proceso de convergencia hacia el núcleo duro europeo.

Por último, 1998 es la última fecha crucial en este éxito al conseguir España entrar como socio fundador del Área Monetaria Europea después de haber hecho un duro proceso de ajuste fiscal, liberalización y privatización de empresas públicas. Aunque ahora se pretenda caricaturizar el final de los noventa y el principio de los 2000 sólo como el "inicio de la burbuja inmobiliaria", es una época crucial para sentar las bases de una economía que ha generado líderes empresariales y negocios innovadores en el textil, la agroindustria, el turismo, el automóvil o el sector químico y farmacéutico, entre otros.

PIB real per capita de España desde 1850 a 2017

Para que la economía española siga siendo esta historia de éxito, es necesario retomar la senda de la convergencia, situándose el PIB per cápita en el 92% de la media en el caso de España. Durante la crisis, los "periféricos" han perdido demasiados años de convergencia con una estructura económica que se ha resentido con respecto a países como Alemania, Holanda o Finlandia en términos de competitividad y productividad. Si bien es inequívoco el proceso de convergencia condicional a partir del nivel de PIB per capita en paridad de poder adquisitivo en 1999, apoyado en el crecimiento de la productividad total de los factores (PTF), se han producido diferencias importantes: mientras que en Alemania, Holanda o Austria, el crecimiento promedio anual de la PTF se situó entre 1999 y 2014 entre el 0,5% y el 1%, en España, Italia, Grecia y Portugal, el crecimiento promedio de la productividad ha sido nulo, estando en el mismo lugar que en 1999. Esta es, sin duda, la tarea urgente y necesaria por hacer.

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