Empresas y finanzas

El New York Times pone en duda la seguridad del nuevo canal de Panamá

  • Arroja sombras sobre la calidad del hormigón utilizado en las obras
  • Afirma que los remolcadores pueden ser aplastados por los barcos
Una de las primeras pruebas de paso de los barcos por las nuevas esclusas. REUTERS

El diario estadounidense The New York Times publica esta semana un durísimo reportaje acerca del Canal de Panamá, cuya apertura está prevista para el próximo domingo, y pone en duda aspectos cruciales acerca de la seguridad de sus operaciones, como la resistencia del hormigón utilizado en las esclusas o el peligro de que los remolcadores terminen siendo aplastados.

En una extensa información, el diario cita a la competidora Bechtel (y perdedora a la sazón del contrato adjudicado en 2009 al consorcio Unidos por el Canal, en el que participa Sacyr, por 3.100 millones de dólares) para justificar sus dudas sobre la calidad del cemento utilizado.

Según declaraciones de Paul Gibbs, de Bechtel, "Había un enorme problema con el hormigón", y es que la composición del terreno existente en la zona del Canal no permitía hacer una mezcla que cumpliese las especificaciones de resistencia y durabilidad necesarias para soportar la presión del agua. Según Gibbs, hubiera sido imprescindible -aunque caro- importar esos materiales en lugar de excacavarlos in situ.

Hormigón poco adecuado

Siempre según el diario, el consorcio "con su reducido presupuesto para hormigón" se encontró pronto con ese problema, y trató sin éxito de dejar en manos de la autoridad del Canal la decisión de usar una mezcla que no es la más adecuada.

Citando un análisis de la consultora Hill International de 2010 que examinaba cuestiones como el bajo presupuesto de adjudicación, el diario recoge que, entre los mayores riesgos derivados de esa baja presupuestaria está de hecho el hormigón.

Además de reseñar que el importe por el que se le había asignado a Unidos por el Canal el contrato era 1.000 millones de dólares inferior al del siguiuente competidor, los analistas señalaban que el presupuesto para hormigón era un 71% inferior, y que el los forjados para reforzarlo preveía utilizar un 25% menos de acero.

El diario recuerda además que en agosto del pasado año aparecieron varias grietas en los muros de hormigón de las esclusas (los dispositivos que suben y bajan a los barcos), y asegura que pese a que algunos defendieron entonces derribar lo construido y volverlo a edificar, simplemente se ha procedido a parchear las fugas.

Remolcadores en peligro

Como parte del extenso reportaje, el diario neoyorquino cita además las preocupaciones por la seguridad operativa de los remolcadores. No sólo pone en duda la estabilidad de la flotilla fabricada en un astillero de Vigo, sino que además asegura que la decisión de usar barcos en lugar de locomotoras para mover los barcos dentro de las esclusas es un gran error.

En las esclusas antiguas, cuando un barco penetra en la esclusa, una o dos locomotoras -apodadas mulas- se encargan de remolcarlo por cada borda y desde tierra. En las nuevas, mucho más anchas, se usará un remolcador en proa y otro en popa.

Según algunas fuentes citadas por el medio estadounidense, la longitud de los remolcadores, sumada a la de los nuevos barcos, apenas deja margen por delante y por detrás para que los primeros escapen a un aplastamiento si algo marcha mal.

Siempre según el diario, la mezcla de agua salada del mar y dulce del sistema fluvial provoca corrientes verticales repentinas que, sumadas a un pequeño error de cálculo por parte del piloto de uno de los dos remolcadores, pueden terminar en un accidente fatal y con consecuencias potencialmente destructivas para ellos, para las propias esclusas o para los barcos que usarán las nuevas esclusas.

Tras poner en duda también la fiabilidad del suministro de agua dulce (en épocas de sequía puede limitar el calado de los barcos) e incluso que la demanda de las navieras justifique el dinero pagado en la expansión, el diario concluye afirmando que "es enteramente posible que el Canal funcione como se pretende: que haya agua, que el hormigón dure, que los grandes barcos lo usen y que el pueblo de Panamá celebre este hito histórico. Esa es ciertamente la esperanza", remacha, "incluso entre aquellos que, de forma pública o privada han expresado sus preocupaciones acerca del futuro del Canal".

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