Empresas y finanzas

La banca pierde 433.000 clientes con la salida de inmigrantes y expatriados

  • El censo de ciudadanos bancarizados cae de 36,4 a 36,01 millones

No solo se ha achicado el negocio financiero por menor operativa, caída en la demanda y concesión de crédito o débil contratación de productos. La crisis ha barrido del mapa además a más de 400.000 clientes para la banca en apenas dos años. La cifra corresponde con la disminución del censo de ciudadanos residentes con 18 años cumplidos estimado por Inmark Europa en su estudio sobre el 'Comportamiento financiero de los particulares'.

"Es por efecto de los inmigrantes y españoles que buscan su futuro fuera. Personas extranjeras que se han dado cuenta del deteriorado mundo laboral y regresan o van a otros destinos; o españoles, bien formados, que no han encontrado trabajo digno en España y sí fuera", explica Manuel López, presidente del grupo Inmark. "La tendencia, a futuro, marca que continúe el deterioro en esta línea", pronostica.

Si bien la desconexión no es automática, a la larga encuentran ventajas en cancelar sus cuentas en España y abrirlas allí donde se trasladan por comodidad, conveniencia y hasta precio. A esta tendencia contribuye la actual política de penalizar, con cargos en comisiones, aquellas cartillas poco o nada activas y si el cliente no está suficientemente vinculado con otros productos.

Insuficiente rentabilidad

Que la cantera potencial de clientes mengüe de 36,44 a 36,01 millones es asumible en sí. El revés procede de que se convierte en un factor de presión añadido para una industria obligada a duplicar su famélica rentabilidad con el viento en contra. La reactivación económica está ayudando a reactivar el flujo de negocio y alivia las pesadas losas en saneamientos, en la medida que frena en seco la entrada en nuevas insolvencias crediticias. Pero la rentabilidad del sector, medida sobre recursos propios o en ROE, se mantiene aún en el 5,87%, conforme a datos de junio del Banco de España y Funcas.

Nadie espera recuperar los 20% logrados en pleno fulgor inmobiliario -en 2007 rozó el 24%-. Ahora bien, el ROE actual está muy por debajo del coste de capital, situado entre el 7 y 8% de acuerdo a estimaciones del sector. Bajo esta presión la banca se ha enzarzado precisamente en una carrera por captar y, sobre todo, vincular la menguante clientela -hoy por las salidas de la diáspora e inmigrantes y, a largo plazo, la amenaza se dibuja en una curva demográfica a la baja-.

En la contienda lo fácil es competir en precios, aunque la ofensiva librada ya ha hecho saltar las alarmas, con avisos de grandes bancos, de que hay ofertas comerciales deficitarias. En el escenario de tipos ultrabajos, la rivalidad ha hundido el tipo de interés medio aplicado en las nuevas hipotecas al 2,47% en noviembre y al 2,33% el correspondiente a la financiación a grandes empresas. En precio aplicado a las pymes, colectivo de máximo interés para la banca porque renta más, se situó en el 3,44% frente al 5,39 de 2011.

Aún con la caída a plomo de los precios, el sector saca margen gracias a poder captar casi gratis el dinero en la ventanilla del Banco Central Europeo (BCE) y a que el euríbor se mueve en el 0,06%.

El problema es que, ni renunciando a márgenes, se contrata crédito suficiente. Aunque la concesión puja a ritmos de entre el 5 y 40%, según el colectivo de clientes y producto, resulta insuficiente para dar la vuelta al hundimiento del negocio crediticio que tradicionalmente ha construido gran parte de las cuentas del sector.

La crisis se ha llevado por delante un 28,61% del stock financiado a sectores residentes -hogares y empresas, básicamente-. El saldo vivo se ha desplomado desde los 1,87 billones récord de 2008 a 1,33 billones al cierre del pasado mes de octubre. Circunstancia que mueve a las entidades a potenciar los productos generadores de comisiones y a aplicar cargos a servicios antes gratuitos o poco gravados, como ocurre con las controvertidas tasas por uso de cajeros.

Un reciente estudio de Analistas Financieros Internacionales (Afi) desvela que desde 2009 se ha volatilizado casi un 42% de los ingresos minoristas, generados por el negocio tradicional de prestar dinero. Ante esta coyuntura, las entidades apuran los ajustes de costes y crecen los rumores de fusiones, azuzadas hasta por el supervisor.

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