Empresas y finanzas

¿Es sólo ficción 'El Jardinero Fiel'? África pone a las farmaceúticas en el punto de mira

Nigeria sentará el próximo julio ante los tribunales a la primera multinacional farmacéutica del mundo por unos hechos en los que John Le Carré se inspiró para escribir una implacable crítica contra los laboratorios en El jardinero fiel.

Será el turno de que el juez de la Corte Suprema Federal de Abuja decida si el ensayo clínico que Pfizer hizo en el país africano se parece o no a la trama del thriller protagonizado por Ralph Fiennes en 2005.

En la balanza están la confianza pública de África en estos estudios clínicos, la propia reputación de las grandes compañías y una indemnización millonaria de 7.000 millones de dólares.

Los sucesos denunciados se remontan a 1996. Nigeria estaba siendo sacudida por una virulenta epidemia de meningitis que afectó a miles de personas en la región de Kano, al norte del país, que se cobró la vida de 25.000 personas en la zona conocida como el cinturón de la meningitis africano, que va desde Senegal y Gambia al oeste hasta Etiopía al este.

Pfizer acometió entonces un ensayo clínico en niños de un nuevo antibiótico inyectable (Trovan), que estaba en la última fase de desarrollo. Pero lo hizo, según las autoridades nigerianas, sin el consentimiento informado escrito de los voluntarios, manipulando datos y pasando por alto la autorización del comité ético nigeriano y del hospital donde se hicieron los ensayos.

Niños muertos y malformaciones

Pese a que el antibiótico se evaluó antes en 5.000 pacientes, el resultado del ensayo -ya conocido como el Test de Trovan de Kano- se saldó con la muerte de once niños y graves malformaciones físicas y mentales en otros 200, lo que ahora se juzga 11 años después.

Los cargos de la acusación penal son de conspiración criminal y homicidio de inocentes.

El laboratorio estadounidense, fabricante del popular Viagra, se enfrenta además a una millonaria demanda civil de 7.000 millones de dólares. La farmacéutica alega que Trovan salvó al menos a 200 niños y logró la tasa más alta de supervivencia -94,4 por ciento- de todos los tratamientos disponibles en el Hospital de Enfermedades Infecciosas de Kano.

También asegura que el ensayo se hizo con "el pleno conocimiento" del Gobierno, de los afectados y de una forma "responsable y ética" que respondía a una petición de ayuda internacional. Para Pfizer las acusaciones de las autoridades de Nigeria son "falsas", como ha señalado su portavoz en Nueva York, Bryant Haskins.

Se quiebra la confianza en África

Los hechos han abierto una brecha entre la confianza de los ciudadanos nigerianos en el sistema de salud y las organizaciones sanitarias.

La región de Kano se negó, por ejemplo, a tomar parte del último programa de vacunación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) contra la polio debido a esta desconfianza hacia la medicina occidental.

Desconfianza que alimentan la corrupción rampante en forma de falsificaciones y las dudas sobre los medios utilizados por las grandes multinacionales para combatir las enfermedades que asolan el continente.

Pfeizer, bajo presión

Como también era inevitable, se ha vuelto a poner en el disparadero a las grandes multinacionales farmacéuticas. Desde que este caso saltó a los medios a través de The Washington Post en el año 2000, Pfizer se encuentra sometida a una especial vigilancia y mucha presión.

Según ha podido saber elEconomista, la compañía ha llegado a ofrecer a sus representantes de Kano una salida de la región en el caso de que vean amenazada su seguridad, si bien ninguno ha tomado de momento esa decisión.

Temor a un desánimo a las empresas

El doctor Jean-Hervé Bradol, presidente de Médicos Sin Fronteras, teme además que la demanda de Nigeria pueda "desanimar a las multinacionales a la hora de emprender ensayos clínicos de sus medicamentos en África, lo que es de vital necesidad para millones de enfermos".

Aunque Hervé Bradol rehúsa comentar la actuación de Pfizer, sí señala que un equipo de Médicos Sin Fronteras presente en la región de Kano en 1996 cuestionó que el laboratorio hiciera ensayos clínicos en medio de una gran epidemia de meningitis.

Una situación así "exigía el uso de protocolos de tratamiento conocidos para ser eficaces, en lugar de ensayos de un nuevo antibiótico de resultados inciertos", asegura.

Ensayos clínicos

El caso ha servido también para revisar los ensayos clínicos en personas que las farmacéuticas hacen para probar la seguridad y eficacia de sus nuevas moléculas contra las enfermedades que sacuden África, como el sida, la tuberculosis, la malaria y las enfermedades tropicales.

Sólo una mínima parte de estos ensayos se llevan a cabo en estos países. De los 5.885 ensayos registrados por las empresas estadounidenses en el mundo, sólo 213 tienen lugar en África.

La tendencia está cambiando

Pero la tendencia está cambiando y las multinacionales han comenzado a desplazar sus investigaciones hacia los países emergentes para reducir costes en el reclutamiento de voluntarios.

Y es que el lanzamiento de un nuevo medicamento puede costar 700 millones de euros. La consultora McKinsey calcula que en 2010 las grandes firmas farmacéuticas invertirán entre 1.000 y 1.500 millones de dólares en estudios clínicos en India.

Para curarse en salud también han introducido mayor transparencia y permitido desde 2005 el acceso a los principales datos de los estudios que hacen las farmacéuticas a través de un portal desarrollado por la patronal de la industria farmacéutica mundial IFPMA.

¿Cómo alejar sospechas de los ensayos?

Una de las reglas de oro para alejar cualquier sospecha sobre estos ensayos es el consentimiento informado de los voluntarios que se someten a estas pruebas.

La Declaración de Helsinki establece que el consentimiento debe ser "formalmente documentado y atestiguado". El problema es que se trata de personas muchas veces analfabetas y que se limitan a firmar en la línea de puntos para obtener una ganancia a un precio muy alto.

Los investigadores aconsejan extremar el rigor y el compromiso de las compañías que realizan los ensayos. También solicitan que las pruebas reúnan unas condiciones mínimas y que estén bajo control de comités éticos de investigación clínica de los países involucrados.

El compromiso de las grandes farmacéuticas con los objetivos fijados en la Agenda del Milenio para reducir la pobreza se calcula en 4.400 millones de dólares invertidos entre 2000 y 2005 en programas de ayuda y de desarrollo de nuevos medicamentos en África, según los últimos datos de IFPMA. Un dinero que ha servido para ayudar a 539 millones de africanos.

Las enfermadades olvidadas

Pero no es suficiente. Médicos Sin Fronteras critica que el objetivo de las multinacionales no sean las enfermedades de los países pobres. Entre 1975 y 2004, sólo 20 de los 1.556 nuevos medicamentos lanzados al mercado apuntaba al tratamiento de las enfermedades infecciosas y parasíticas.

No obstante, las principales firmas farmacéuticas están presentes en los programas de investigación contra el sida que impulsa la ONU, como Abbott, Boehringer Ingelheim, Bristol Myers Squibb, GSK, Merck, Wyett o Roche; la malaria (Novartis, GSK, Pfizer o Sanofi-Aventis); la tuberculosis (AstraZéneca, GSK, Novartis, Bayer o Sanofi Aventis); o las enfermedades tropicales (GSK, Pfizer, Schering-Plough).

Además, se ha estrechado la colaboración público-privada para cubrir las lagunas de la empresa privada. Es el caso del sida (the International AIDS Vaccine Initiative), la malaria (Medicine for Malaria Venture) o la tuberculosis (Global Alliance for TB Drug Development). La Comisión Europea ha aportado 200 millones de euros a estos proyectos.

La Fundación Bill & Melinda Gates es otra de las instituciones volcadas y ha subvencionado con 50 millones de dólares el programa de desarrollo de una vacuna contra la malaria que lidera el equipo del científico español, Pedro Alonso.

Más información sobre las empresas farmacéuticas en elEconomista.es

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud