Empresas y finanzas

La 'startup' de mi abuelo

  • Tribuna de Gabriel Torres Pascual, director de Innovación de Pascual
Gabriel Torres Pascual, director de Innovación de Pascual

Mi abuelo fundó una startup láctea en 1969 con mucha pasión. Una afirmación algo osada en pleno siglo XXI, pero la idea sobre la que basó su modelo de negocio no se diferenciaba demasiado de algunos rasgos de las modernas foodtech. Según Eatable Adventures en su informe El estado del foodtech en España en 2020, este término engloba a todos aquellos agentes que aplican "tecnología a la cadena de valor agroalimentaria, desde la producción hasta el consumo del alimento aportando eficiencia, seguridad y una mejora importante de la sostenibilidad".

Hace cincuenta años un emprendedor tuvo un sueño: producir leche de gran calidad en Aranda de Duero recogida a ganaderos locales y comercializarla en Valencia, Madrid o Barcelona, y no solo en las ciudades limítrofes. Esto que hoy parece obvio era entonces un auténtico desafío técnico. Para ello, resultaba imprescindible que la leche estuviera envasada en recipientes que permitieran su conservación durante mucho más tiempo. Una idea disruptiva aplicada a un negocio, una tecnología.

Si a principios de los 70 Tomás Pascual recorrió Europa en búsqueda del ansiado grial, un brik de leche sometida a un proceso de uperización manteniendo todas sus propiedades, hoy afrontamos un nuevo recorrido en un mercado que maneja palabras como omnicanalidad, biotecnología, robótica, blockchain, big data, entre otras muchas. El consumidor sigue siendo el impulsor principal de esta innovación.

Las tendencias actuales multiplicadas por el Covid también nos están abriendo los ojos

Aunque parezca mentira, siguen existiendo factores comunes entre ambas épocas, la pasión por descubrir, el afán por explorar terrenos desconocidos, la actitud abierta hacia el riesgo, la resiliencia hacia las dificultades o la flexibilidad para cambiar planteamientos. Ahora contamos con una ventaja decisiva, la tecnología nos permite compartir un volumen de información impensable hace -no ya medio siglo sino apenas unos pocos años-, así como disponer de una increíble capacidad relacional en tiempo real y acceder sin barreras a un ecosistema innovador global.

Aquellos ejemplos de empresarios casi heroicos, surgidos por generación espontánea en la segunda mitad del siglo XX han dado paso a una nueva economía digital en la que nuestro país y nuestro sector agroalimentario se la juegan.

El relevante peso de la industria de alimentación y bebidas en la economía española y su elevada capacidad exportadora deben seguir siendo nuestro motor de crecimiento. Pero las tendencias actuales multiplicadas por el Covid también nos están abriendo los ojos. El desarrollo de un potente segmento de foodtech es crucial para todos, grandes empresas y pymes, administraciones públicas y centros tecnológicos, fabricantes, productores y retailers. Impulsar nuestro i+D+I y nuestra capacidad innovadora son obligadas bazas para seguir jugando en la Champions agroalimentaria mundial.

En este nuevo escenario es preciso afrontar el miedo al riesgo y superar la resistencia de la cultura interna a adoptar cambios

Hablamos del trinomio Alimentación-Gastronomía-Turismo para fomentar el consumo nacional, el turismo y la promoción de los productos españoles en el extranjero. Quizás haya que incorporar a un cuarto invitado: la innovación colaborativa. Sirvan solo dos datos. Según Five Season Ventures, "en Europa en 2019, la inversión en startups del sector foodtech alcanzó los 2,3 billones de euros". Y el segundo, tal y como afirma el Informe 2019 del Observatorio del Sector Agroalimentario Español, "La inversión en i+D+I de la Unión Europea ha acumulado un crecimiento del 22% en el periodo 2008-2017, frente a una caída del 9,5% en el caso de España". En España hay más de 400 startups que trabajan en el sector primario (Agritech), en la producción y transformación de alimentos, en la logística, la distribución y el retail o en la hostelería (Restaurant tech). Sepamos sacar partido a todo este talento.

Los retos son enormes, culturales en primer lugar. En este nuevo escenario es preciso afrontar el miedo al riesgo y superar la resistencia de la cultura interna a adoptar cambios. Ya no es suficiente lanzar, por citar un ejemplo clásico, una leche funcional con alto potencial en el mercado, los fabricantes consolidados se mueven en un escenario que cambia cada día: tienen las fortalezas que les otorga su experiencia y posicionamiento, que deben saber aprovechar. Pero, sobre todo, combinarlo con las herramientas y actitudes que caracterizan a las startups: know how en tecnología digital, capacidad para identificar las necesidades insatisfechas del consumidor, especialmente los que han cambiado su comportamiento por la creciente digitalización, así como creatividad para diseñar con rapidez soluciones que combinan componentes tecnológicos digitales de forma inteligente. Por supuesto, no podemos obviar la complejidad que todo proceso de cambio conlleva. Pero, ¿acaso no era complicado extender el consumo de la leche en brik en los años setenta?

Las startups españolas, según El estado del foodtech en España en 2020, consideran como la herramienta más eficaz para crecer el apoyo de la industria alimentaria española mediante programas colaborativos. El panorama del foodtech español es prometedor y hay un largo camino por recorrer en cuanto a capacidad y calidad de inversión, colaboración público-privada, facilitación burocrática o influencia de universidades y centros de investigación, por citar algunos ejemplos. En nuestras manos está la oportunidad de adelantarnos. Todo cambia menos la pasión.

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