Empresas y finanzas

Pierluigi Collina, el árbitro de las mil caras

Pierluigi Collina, uno de los árbitros más valorados del mundo del fútbol. Foto:Archivo

Ahora, Pierluigi Collina se dedica a la consultoría y se prodiga como conferenciante para empresarios.

Si algo caracteriza al ex árbitro internacional más famoso del mundo es su imagen, la expresividad en sus ojos claros, su calvicie y su rostro. Respetado por aficionados, jugadores, responsables de la FIFA y seguidores del fútbol en general, se ha convertido en un mito del arbitraje internacional. Y ahora, en un conferenciante para empresarios, con indudable éxito.

Es la calvicie una de sus características más peculiares. A los 26 años sufrió una alopecia que le dejó completamente calvo. Con una trayectoria profesional de 28 años, 15 de ellos al máximo nivel internacional, Pierluigi Collina se describe como un maker o leader, porque un árbitro tiene que tomar una decisión en medio segundo, de forma tajante, definitiva. Y tiene que ser aceptada por todos.

Mientras que los empresarios utilizan plumas estilográficas y trajes, las dos características de un árbitro son las cartulinas y el silbato. Por cierto, que en tiempos remotos se agitaban pañuelos blancos para parar los encuentros. Su primer gran desafío internacional fue en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, donde dirigió la final que disputaron Argentina y Nigeria, por la medalla de oro, ante 80.000 espectadores. "Pitar un penalty en esa situación y en medio segundo, eso sí que es presión", señaló el italiano.

Jugar individualmente, tanto en los negocios como en el fútbol, lleva a la derrota. Collina pone como ejemplo a la selección brasileña. Aun teniendo el mejor equipo, si juegan individualmente no consiguen nada. "Por eso perdieron el Mundial de 2006 y por eso Estados Unidos también fue derrotado en el Mundial de Baloncesto de este año", aclara. El ex árbitro italiano fue el primero al que le consintieron un acuerdo publicitario con su trabajo en el césped, lo que le costó a la larga, según muchos expertos, su puesto.

Opel, el patrocinador de la camiseta del Milan, acordó pagarle un millón de euros. La Federación italiana le vetó en la Serie A y fue descendido a la B. No obstante, a Collina no se le cayeron los anillos por ello, pero un problema por contratos de publicidad firmados por él con empresas que eran sponsors de distintos clubes italianos le obligaron a presentar su dimisión. "Al final, hemos perdido todos", dijo al marcharse y es que su retirada no sólo le afectó a él; también perdieron el arbitraje, los jugadores, los clubes y los aficionados.

En su momento, el entonces presidente de la Asociación Italiana de Árbitros, Tullio Lanese, le calificó de "patrimonio mundial", todo un lujo. Con su retirada, el mundo del deporte perdió un icono, pero lo ganó el de la empresa y la economía. Actualmente tiene 46 años y ejerce como consultor financiero. En 2003 escribió Mis reglas del juego. Lo que el fútbol me ha enseñado en la vida. El libro trata sobre la importancia que se debe dar a las reglas, como uno de los valores básicos. En su opinión, lo que un empresario y un árbitro tienen en común es "la toma de decisiones y el liderazgo". Para el italiano, la clave para ganarse el respeto de todos, en cualquier ámbito, es "la preparación para obtener el éxito en cualquier situación o actividad, tanto en el deporte como en la vida económica".

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