Agro

"El mayor valor de la digitalización está en la integración de toda la red alimentaria"

Madrid

Desde hace dos décadas, Hispatec se ha convertido en uno de los grandes referentes de la digitalización en la agricultura. Primero con el desarrollo de soluciones tecnológicas que ayudan a los productores y empresas agroalimentarias en sus procesos operacionales y desde hace tres años con la incorporación del big data y la inteligencia artificial para analizar millones de datos para mejorar la toma de decisiones.

Su consejero delegado, José Luis Molina, defiende el nivel tecnológico que hay en nuestro país y pide una mayor implicación de las administraciones en el impulso de la Agricultura 4.0. "Hay que pasar de las musas al teatro".

-Para situarnos, ¿qué es Grupo Hispatec?

La actividad de Grupo Hispatec está relacionada con el desarrollo de soluciones tecnológicas que dan soporte a los procesos de negocio desde la semilla hasta el consumidor, tanto en precosecha como postcosecha -gestión de suministros, contabilidad, trazabilidad, control de calidad, gestión de tareas de campo, control de costes, etc.- Hace tres años se puso en marcha la actividad en el ámbito de la analítica avanzada, decisional e informacional, que dimos forma en Hispatec Analitycs y que está específicamente orientada al big data, la analítica avanzada y la inteligencia artificial aplicada a la mejora en la toma de decisiones. Sirve para hacer analítica descriptiva -qué ha pasado-, predictiva, -qué va a pasar- y prescriptiva, -qué debería hacer yo con eso que va a pasar-.

-¿En qué sectores se centran?

Fundamentalmente en los cultivos de alto valor añadido, -frutas, hortalizas, olivar y viñedo-, y el sector transformador y comercializador. Para Hispatec la clave es la visión integrada. Ya no hablamos de cadena sino de red agroalimentaria porque a los flujos tradicionales de producto y de dinero añadimos un tercero que es el de datos, que va más rápido y que es el que está permitiendo cambiar las cosas en su esencia y desde abajo. Trabajamos para cooperativas, empresas agrarias y técnicos, y agricultores, que quieren producir de forma más rentable, hacer las cosas mejor, ser más eficientes. Pero trabajamos también para el cliente final, que es el que nos paga a todos, que quiere productos cada día con mayor calidad nutricional, seguridad alimentaria, mayores atributos, porque ya no somos consumidores de productos físicos, sino de relatos, de productos que nos generan experiencias. El tercer cliente, que es pasivo, es el medioambiente, y se retroalimenta con los otros dos, porque el consumidor quiere productos que respeten el medio ambiente, y en el productor lo ecológico es igual a lo económico porque si usa menos energía, abonos, o fitosanitarios está ahorrando dinero.

-¿Qué datos de facturación, empleo e inversión alcanza Hispatec?

Trabajamos más de 100 personas. En facturación vamos a cerrar este ejercicio en el entorno de los ocho millones de euros, con crecimientos de doble dígito durante los últimos años. La compañía es rentable y está especialmente saneada. En la gestión contable somos muy antiguos, en eso no queremos ser nada innovadores, ni creativos. La innovación la centramos en la tecnología. Invertimos más de un millón al año en I+D+i. Podríamos tener más beneficios, pero tenemos una filosofía de reinversión, porque el mercado tiene una gran necesidad de soluciones sólidas.

"Las administraciones tienen un discurso bastante entusiasta sobre la digitalizaicón, pero hay que pasar de las musas al teatro"

-¿Qué aporta la digitalización a la agricultura?

Permite medir y todo lo que se mide mejora. Si le pregunto a un agricultor cuánto abono utiliza, por ejemplo, para el olivar, dirá que el adecuado. ¿Y cuál es? En una finca hay zonas muy buenas y otras no tanto. ¿Echas a toda la finca el mismo abono que el de la mejor zona? No es lo mismo. Podríamos hablar de herbicidas, de semilla, etc. Y podemos hablar no sólo de la variabilidad espacial, sino también de la temporal. Un mismo cultivo no necesita el mismo abono en enero que en marzo o julio porque tiene distintos ciclos y se trata de medir.

-¿Se pueden cuantificar los reportes económicos?

-Desde el momento que puedes medir, pasas del muchómetro a las cifras y en cuanto tienes una línea base hay ahorros o mejoras en los ingresos. Se trata de mejorar las cuentas de resultados de los agricultores, cooperativas y empresas agrarias. Por ejemplo, tenemos casos de quienes empiezan a utilizar sensores y mecanismos inteligentes de gestión basado en datos. En los dos primeros años de funcionamiento empieza a ver que se ha reducido, por ejemplo, un 10 por ciento la cantidad de abonos, o un 20 por ciento en fungicidas. Pero además han mejorado un 8 por ciento la cantidad de producto final y sobre todo las calidades y calibres mejor pagados por el mercado, que a lo mejor antes representaban un 55 por ciento de su producción y ahora es un 70 por ciento. En términos de ingresos ha mejorado un 17 por ciento más y ha reducido sus costes un 8 por ciento. Eso en cuenta de resultados es una barbaridad. Tenemos muchísimos proyectos con un retorno de menos de dos años. Son proyectos que se pagan solos.

-¿Se necesita ser una gran explotación para invertir en digitalización?

-Merece la pena para todos los tamaños, pero es verdad que la unión hace la fuerza. Nuestra visión de dónde está el mayor valor de la digitalización tiene mucho que ver con la integración de esa red agroalimentaria. Si por ejemplo vamos a capturar uno de los principales valores, ligar la producción con el consumo, ahí recomiendo la integración de los sistemas de información del productor con su cooperativa, con su distribuidor, con su retailer porque la digitalización en islas no es lo importante porque tu negocio en realidad va de producir lo que maximice su valor. Si tu riegas bien, el valor termina en el agua o la energía que te ahorras, pero si lo haces de forma integrada, además de lo que te ahorras, estás contando al consumidor que tu huella hídrica es menor y además le estas dando pistas a tu comunidad de regantes de cómo se puede utilizar mejor esa agua, o a la cooperativa los volúmenes de producción que tienes previsto, en qué fechas, de manera que se puede organizar para transformarlos o comercializarlos. Luego hay un componente que también tiene que ver con la digitalización de esa red agroalimentaria completa y es que en los últimos 50 años la cuota de bolsillo de los consumidores en alimentación ha ido cayendo y la tendencia es a la baja. La alimentación tiene una oportunidad de defender su cuota e incrementarla en la medida de vender experiencias. Pero para eso hacen falta relatos, información, datos que acompañen a esos productos y la digitalización tiene mucho que decir porque es capaz de generar ese vínculo que en muchos casos se ha perdido entre el consumidor y la producción.

-¿Y nos creemos en España esto de la digitalización, qué nivel de penetración hay?

-Aquí somo cainitas, algo que tiene una parte mala, la de hablar mal hacia el exterior de los nuestro y que es tirar piedras a nuestro propio tejado, pero también una buena, que te lleva a tratar de mejorar todos los días. En España, en los subsegmentos más competitivos hay una receptividad más o menos clara hacia la digitalización. Queda mucho camino, pero se está haciendo bastante. Veo un sector con ganas de mejorar y de cambiar. Somos el líder mundial en exportar frutas y hortalizas, con 13.000 o 14.000 millones de euros, y seguramente es por algo.

-¿Y en desarrollo tecnológico cómo estamos?

En España hay gente que hace cosas muy positivas. Y lo explico con datos. En 2001 se creó en Almería la Fundación Tecnova, que aglutina a la industria auxiliar de toda la horticultura protegida del sudeste de España. En ese momento, las empresas adheridas tenían una facturación de unos 300 millones de euros con una producción hortícola en la provincia de 2.500 millones. Hoy, con una producción hortícola de 3.000 millones, las empresas de Tecnova tienen una cifra de negocio de 1.800 millones. Son unas 150 compañías que están vendiendo a medio mundo, tanto a los productores españoles como de países como Holanda, Sudáfrica, Estados Unidos, etc.

-El sector agrícola se identifica con un cierto retraso ¿tenemos una imagen equivocada?

-Una de las formas de analizar la evolución tecnológica de un sector es su grado de productividad y la mejora que ha tenido el sector agrícola español en los últimos 50 años no es equiparable a ningún otro, ni a la industria, ni a los servicios, ni a las telecomunicaciones, y estoy hablando de un sector en el que hace unos años las operadoras enchufaban una clavija. Hace 70 años en España un agricultor alimentaba a 3 familias, hoy a 50 familias, y tendemos a mejorar el ratio. La mejora ha sido espectacular y se debe a muchas tecnologías, como la genética, la química, la mecanización, etc. Hoy la digitalización es una tecnología más que se suma y de forma sinérgica ayuda a mejorar las productividades a todos los niveles, no sólo desde el punto de vista de más volumen sino de producir más euros. Este es un sector que ha mejorado muchísimo y esa imagen anticuada es injusta.

-¿Qué papel están jugando las administraciones en el impulso de la Agricultura 4.0?Hasta ahora están siendo bastante entusiastas con el discurso de la digitalización, pero hay que pasar de las musas al teatro. Hay que hablar de inversiones y de incentivos concretos. Por poner un ejemplo, para una mejora del regadío, o la construcción de una nave está muy bien que tengan ayudas, las que tengan que ser, pero ¿por qué la digitalización no? O para todo o para nada. Tenemos una oportunidad muy interesante porque las administraciones en los próximos 5 o 10 años van a digitalizar todo su proceso de control y gestión del sector agrario. Es una oportunidad extraordinaria para crear un ecosistema tecnológico de empresas del sector agro que luego puedan vender en muchos países y ser un motor para el propio sector en España. Hace 20 años fuimos pioneros con el SIGPAC, fue algo extraordinario, pero no generamos ninguna industria, ninguna empresa con la ambición de venderlo en 50 países del mundo, que era lo que debería haber ocurrido. No cometamos el mismo error.

-¿Y cómo se puede articular eso?

-La compra pública innovadora se creó hace diez años. Desde entonces, las administraciones han adquirido productos y servicios por valor de 230.000 millones anuales, que representa un 20 por ciento del PIB. Pero desde 2009 se han licitado unos 90 millones de euros en total y casi todos en un nicho muy concreto. Es lamentable. Debemos aspirar a que haya un porcentaje del 3, el 4 o el 5 por ciento por compra pública innovadora. Lo que hay que hacer es plantearle al mercado las necesidades que puede tener la administración y pedirle las mejores soluciones tecnológicas en vez de decirle quiero esto y que el analista programador tenga el menor coste posible. Así no vamos a innovar nada.

-¿Qué papel tienen las cooperativas en la digitalización?

-Un papel clave. La forma favorita de asociación y de coordinación de la producción y la comercialización son las cooperativas. Para nosotros el objetivo es que sean un eje vertebrador del sector y además de las funciones de sincronización para la comercialización, la defensa de sus intereses o de funciones logísticas, que se unan por los datos. Pocas cosas hay que unan más que los datos, como bien han demostrado las redes sociales en los últimos diez años. Se trata de que haya un vínculo de datos, un aprendizaje organizacional de las cooperativas con sus productores y en su interrelación con los mercados basado en datos. Es un cemento adicional.

-Hispatec está internacionalizada ¿Cómo les va en Sudamérica?

-En 2014 dimos el salto de una manera tímida en México con el objetivo de tener un rodaje de dos o tres años para aprender de las dificultades de la internacionalización a todos los niveles. Hasta 2017 estuvimos en México luego empezamos a estar en Perú y Chile, donde ya estamos totalmente establecidos. Tenemos también operaciones en Brasil, República Dominicana y estamos en un proceso de

Sumario: "Para Hispatec, la clave es la visión integrada de crecimiento acelerado".

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