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Cómo ganarse a la gente tóxica en situaciones difíciles

  • Los sentimientos hostiles pueden provocar incluso daños en la salud

Es habitual encontrarse en el entorno laboral a gente con la que es difícil tratar, unos de manera puntual y otros constantemente. Lo mejor es huir de la gente tóxica, pero la mayoría de las veces no solo no es posible, sino que es necesario esforzarse para poder trabajar con ellos.

"Las personas tóxicas tienen que ser manejadas con cuidado", advierte Juanma Romero, periodista especializado en emprendedores y experto en comunicación. Muchas veces la hostilidad no es más que la muestra de problemas internos de esa persona.

Redfor Williams, profesor de psiquiatría en el Centro Médico de la Universidad de Duke en EEUU, ha pasado más de veinte años estudiando el impacto de la mente y las emociones en la salud. Afirma que "enojarse es como tomarse una dosis de veneno suministrado lentamente. El enojo produce presión en la sangre y daños arteriales".

Así, los sentimientos hostiles son propensos a provocar daños incluso en la salud si no saben manejarse.

Grupo tóxico

Cuando en vez de una persona se trata de un grupo tóxico, la cosa se complica. A la gente problemática no se le puede convencer a la vez, sino que es necesario ir uno a uno. Divide y vencerás, como dice el refrán.

Hay que convencer a cada uno para que se sume a la propuesta, recurriendo a técnicas diferentes con cada uno. Poder, presencia y humanidad son tres patas básicas para tener carisma y magnetismo personal. A unos se les convence mejor con razonamientos, a otros utilizando el poder y a otros mostrando el lado humano, llegando al corazón.

Por otro lado, para ganarse a alguien definitivamente, más allá de convencerle, se puede recurrir al 'efecto Franklin', como explica Romero. Lo primero es que no le hagas favores para quedar bien, a no ser que te los pida. Es preferible que seas tú quien le pida el favor.

Es lo que hizo Benjamín Franklin, todo un artista en esto del trato personal. Se ganó a muchos de sus oponentes políticos pidiéndoles favores. Era tan bueno haciendo esto que en una ocasión conquistó a uno de sus más feroces opositores a través de una nota. Le pidió que le prestase un libro 'poco común' que su oponente tenía. Le informó que era para leerlo y le prometió devolvérselo lo antes posible. Poco después se lo devolvió con una nota de agradecimiento.

Cuando ambos se encontraron en el Congreso fue el otro quien le habló a Franklin (nunca lo había hecho antes) y lo hizo con gran cortesía. Llegaron a ser buenos amigos y su amistad llegó hasta el final de sus vidas.

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