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Cómo afrontar los momentos incómodos en una entrevista de trabajo

Cuando llega el momento de preparar una entrevista de trabajo, es normal que muchas inquietudes nos aborden: ¿qué me preguntarán?, ¿lo haré bien?, ¿cómo espera la empresa que me comporte?, ¿existen respuestas idóneas?, ¿quiénes serán el resto de candidatos y cuál será su experiencia?

Como podéis imaginar, desde el prisma de candidatos, no tenemos la respuesta a muchas de estas cuestiones. Sin embargo, sí tenemos el poder de reflexionar sobre nuestra trayectoria para poder proyectar la mejor imagen de nosotros mismos y salir airosos de aquellas preguntas que puedan resultarnos más dificultosas (recordemos aquí el momento de hablar de las tres virtudes y los tres defectos del candidato, algo que explicamos anteriormente en este espacio).

En esta misma línea, otro momento incómodo es cuando, como candidatos, queremos informarnos sobre aquellos aspectos que normalmente suelen ser, por su naturaleza, más difíciles de encarar. Así, algunas de las inquietudes más repetidas entre los aspirantes y, por el contrario, sobre las que no está claro si se deben o no incidir en la entrevista, versan sobre los siguientes temas: salario, promoción, horario laboral, vacaciones, teletrabajo, política de vestimenta, etc.

A través de este artículo, me gustaría intentar dar luz sobre qué cuestiones son más o menos oportunas preguntar dentro de este contexto. En este sentido, mi recomendación es clara: proceder con naturalidad y, siempre, con honestidad. Por ejemplo, no es lo mismo abordar el tema de la promoción con una pregunta del tipo: "¿aquí puedo ascender?" que preguntar "¿podrías explicarme cuál es el plan de carrera de la empresa?" o "¿tenéis algún tipo de sistema de evaluación del desempeño?". Asimismo, no es igual preguntar por el salario con un "¿cuánto voy a cobrar?" que con "a nivel salarial, ¿tenéis alguna política en relación a los salarios de entrada o depende de otro tipo de factores?", "¿podrías comentarme, en la medida de lo posible, de qué va a depender en el segundo caso?".

La idea fundamental es que debemos despejar, dentro de lo posible, todas las cuestiones que nos inquietan ya que así favoreceremos las probabilidades de encaje futuro en caso de llegar a ser seleccionados (recordemos que todo proceso de selección tiene que estar conducido por la transparencia y por un intercambio de información bidireccional). Sin embargo, hay que pulir la forma en la que formulamos las preguntas ya que un punto clave, más allá del propio contenido de las mismas, es la forma en la que elaboramos el mensaje (recordemos que un 30% es lo que decimos y un 70% cómo lo decimos).

En definitiva, cuando realicemos una entrevista de trabajo, debemos esforzarnos por obtener información sobre los aspectos que nos gustaría conocer sin descuidar la forma a través de la que vamos a obtener dicha información. Y es que es en esta combinación donde se encuentra el triunfo de una entrevista de trabajo.

Por: Carmen Rodríguez, consultora de Recursos Humanos en Deloitte España.

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