Elecciones 26M

Francia llega a las elecciones europeas 'atada de manos' por los chalecos amarillos

  • Macron se ha visto obligado a 'congelar' parcialmente su agenda por los chalecos
  • El coste de las medidas para contentar a los chalecos asciende a 17.000 millones
  • Macron pretende 'arreglar' Europa, pero primero debería 'arreglar' Francia
Emmannuel Macron, presidente de Francia

La Francia de Emmanuel Macron se ha convertido en el principal valedor de una Europa unida que camine hacia la convergencia fiscal. Sus propuestas para reformar la Unión Europea han recibido más halagos que su economía, cuyo crecimiento pasa un tanto inadvertido, mientras que los indicadores fiscales muestran más penas que glorias. La desaceleración económica global también se está notando en el país galo, que además cuenta con el problema añadido de los chalecos amarillos. Así, el país llega a una elecciones europeas con un presidente que parece tener más vida que la propia economía, que crecerá un 1,3% este año y terminará con un déficit superior al 3% del PIB (incumpliendo el pacto de estabilidad), según las últimas previsiones de la Comisión Europea. | Especial Elecciones 26-M.

En los últimos meses, las propuestas de Macron y los disturbios de los chalecos amarillos han monopolizado los focos en Francia. Este movimiento variopinto y poco habitual estaba formado en un principio por jubilados, artesanos, obreros, pequeñas empresarias, cuidadoras... Y todos de un mismo origen, la Francia rural y profunda, donde nació este movimiento contestatario que ha puesto en jaque al Gobierno francés. 

Aunque las reivindicaciones de este heterogéneo y numeroso grupo eran muchas, destacaba de inicio la oposición a la propuesta de Macron que pretendía subir el precio de los carburantes en un intento por acelerar la transición hacia el uso de energías renovables. Finalmente, el Gobierno francés anunció en diciembre el aplazamiento durante seis meses la entrada en vigor de la subida de impuestos a los carburantes para apaciguar unas protestas que amenazan con recobrar la intensidad pasada a medida que se acerque la nueva fecha para introducir el alza de precios de los carburantes.

El primer ministro francés, Édouard Philippe, anunció la congelación de los precios del gas, la electricidad y de los carburantes como medidas de choque para "apaciguar" las protestas. Además, Macron anunció una bajada de impuestos y una subida de las pensiones para terminar de aplacar este movimiento.

En total, todas las medidas para tratar de apagar la crisis de los chalecos amarillos representan un coste de unos 17.000 millones de euros, según la evaluación hecha hace unos días por el ministro francés de Economía y Finanzas, Bruno Le Maire. Entre las medidas fiscales destacan la bajada del IRPF que beneficiará a 15 millones de hogares o la indexación al IPC de las pensiones inferiores a 2.000 euros mensuales. 

Tanto las manifestaciones como las medidas aprobadas por el Gobierno están teniendo y tendrán su efecto sobre la economía. Los analistas de Oxford Economics creen que hasta ahora el impacto ha sido escaso sobre el crecimiento, "pero si las manifestaciones se prolongan, las consecuencias económicas podrían ser más visibles... Son una clara amenaza para la confianza económica que además podrían hacer descarrilar la agenda reformista de Macron".

Las rebajas fiscales y las medidas implementadas para calmar a los chalecos amarillos provocarán que el déficit público supere el 3% del PIB mientras que la deuda pública alcanzará el 100%. La parte positiva es que "esto no ha alterado la confianza en la deuda francesa, lo que permitirá al Gobierno financiar ese déficit adicional sin grandes problemas", señalan los economistas de Oxford Economics.

Un crecimiento muy lento

En el primer trimestre del año, el PIB de Francia aumentó un 0,3% respecto al trimestre anterior y un 1,1% respecto al mismo periodo del año anterior, el menor ritmo de crecimiento anual desde el tercer trimestre de 2016. Esto se produce por la débil recuperación del consumo privado y por la baja demanda de bienes franceses de los países de la UE. El consumo de las familias ha crecido en el primer trimestre al ritmo más lento desde el primer trimestre de 2014, según datos de Eurostat, la agencia de estadística de la Comisión Europea.

Julien Manceaux, economista de ING para Francia, espera que la economía coja algo de impulso en la segunda parte del año: "La demanda doméstica todavía necesitará tiempo para recuperarse (a pesar de la bajada de impuestos)... los franceses todavía muestran una fuerte preferencia por el ahorro y miedo al desempleo a pesar de que el año pasado se reanudó la creación de trabajo".

Al menos la creación de empleo está despertando tímidamente. El mercado laboral de Francia ha tenido un comportamiento un tanto singular. Tras resistir a la crisis mejor que la mayoría de países de la Eurozona, el desempleo ascendió hasta el 10,5% cuando los países periféricos empezaban a levantar cabeza (finales de 2013 y 2014) y se mantuvo por encima del 10% hasta 2017. Desde entonces comenzó a caer hasta el actual 8,8%, un nivel relativamente alto y que todavía queda lejos del 7% que Macron prometió alcanzar al final de su mandato.

No obstante, Hélène Baudchon, economista de BNP Paribas, cree que las perspectivas de empleo para 2019 son buenas. Las empresas han mostrado sus intenciones de aumentar sus plantillas: "Estos planes para contratar más llegan de la mano de las cada vez mayores dificultades para encontrar trabajadores". Esta escasez de mano de obra puede impulsar los salarios en Francia.

Christopher Thomas, economista de Focus Economics, comenta en declaraciones a elEconomista que "las reformas han comenzado a dar sus frutos... la flexibilización del despido ha cambiado los cálculos de las empresas, que a su vez han incrementado las contrataciones indefinidas".

Este experto ve en el Brexit, la guerra comercial entre China y EEUU, los 'chalecos amarillos' y la ralentización de la Eurozona, las principales amenazas para la economía del país.

Aunque Macron ha sido de los pocos líderes europeos que ha realizado propuestas contundentes para solucionar los problemas de Europa, su credibilidad podría verse mermada si no logra solucionar primero los problemas de Francia, cuyo crecimiento, analizado en términos de renta per cápita, lleva sin superar el 2% en casi quince años.

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