Editoriales

Rebaja fiscal que exige menos gasto

Las rebajas fiscales constituyen una de las líneas maestras del nuevo programa electoral del PP. De hecho, los populares aseguran que su batería de reducciones tributarias será la más importante de la historia democrática española.

Se trata de una iniciativa no solo ilusionante, desde el punto de vista de sus efectos potenciales para la economía, sino también plenamente aplicable a la actual coyuntura de nuestro país, siempre que se cumpla una serie de condiciones que están plenamente al alcance del próximo Ejecutivo.

Sin duda, son previsibles las objeciones al propósito de bajar de forma generalizada el IRPF y también aligerar Sociedades. A priori puede argumentarse que una reducción del tipo máximo del Impuesto sobre la Renta por debajo del 40% (frente al 45% actual) y del tope de Sociedades a menos del 20% llega en un momento arriesgado, cuando el PIB está en franca desaceleración y el déficit amenaza con volver este año al 2,5%.

El programa del PP no especifica el plan de reducción del desembolso que su hoja de ruta tributaria demanda

Ahora bien, en las fases de ralentización del ciclo de crecimiento, las reducciones ambiciosas de impuestos pueden ser tan beneficiosas como en las épocas expansivas si se ven acompañadas por medidas que, en paralelo, reduzcan el gasto público en una cuantía significativa. Sólo así se evitarán fenómenos tan nocivos como la excesiva elevación de la deuda, la amenaza del equilibrio financiero de las Administraciones o el desincentivo de un mayor consumo e inversión en las empresas y los hogares.

Nada se puede objetar, por tanto, al propósito del PP de bajar impuestos y estimular así la economía. Lo único que se echa en falta es la ausencia del que debe ser el segundo pilar de su política fiscal: un verdadero plan de reducción del gasto público.

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