Editoriales

Buenas expectativas para el ladrillo

Resulta bien conocido el resurgimiento que experimenta el mercado de la vivienda en España. Lo reafirman, mes tras mes, estadísticas como las divulgadas ayer, cuando se supo que el precio de las casas se elevó un 4,2% en el trimestre pasado, lo que equivale a su mayor alza desde 2007. Igualmente, junio fue el undécimo mes consecutivo en el que las compraventas crecieron, casi un 14% interanual.

Sin embargo, conviene ampliar la perspectiva y constatar que el cambio de ciclo afecta al inmobiliario en su conjunto. No en vano, sólo entre abril y junio, este sector absorbió la tercera mayor inversión de Europa, 5.497 millones, tras experimentar un alza del 131% interanual.

Detrás de esas cifras se encuentra el regreso del apetito de los grandes inversores internacionales, animados por los síntomas de que el ajuste de los precios está cerca de culminar, acabando así de digerir los efectos del estallido de la burbuja en 2008. Con todo, también los compradores nacionales se están movilizando, gracias a las buenas perspectivas de futuro que el ladrillo vuelve a lucir en España.

Aquéllas no son sólo de naturaleza económica, como corresponden al país de la zona euro que más está creciendo, sino incluso demográficas: la generación nacida en los 80, de reciente incorporación al mercado laboral, es la más numerosa de nuestra historia tras el boom de la natalidad en los 60. Las expectativas, por tanto, son óptimas para que el inmobiliario, purgado de excesos pasados, vuelva a contribuir al crecimiento. Para ello, resultará esencial, como ayer manifestó el Servicio de Estudios de BBVA, que factores como la inestabilidad política no alcancen niveles que inquieten a los inversores y trunquen el despertar.

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