Economía

Italia deberá ajustar sus Presupuestos tras la ralentización de su economía

  • El Banco de Italia y el FMI revisan a la baja el crecimiento previsto para este año
Milán.

El espejismo del presupuesto italiano ha durado menos de un mes. Los últimos datos macroeconómicos confirman las dudas de los principales supervisores económicos, italianos e internacionales: la economía italiana ralentiza y, como acaba de indicar el banco central transalpino, el riesgo de una recesión está a la vuelta de la esquina.

La desaceleración del PIB italiano socava el andamiaje de las cuentas italianas para 2019, empezando por el objetivo de déficit que, tras una larga negociación con Bruselas, Roma ha establecido en el 2,04%. Una cifra que Italia puede lograr sólo si, tal y como previsto en el texto de los Presupuestos, su economía alcanzará un crecimiento del 1%.

El Gobierno de Giuseppe Conte en diciembre ya revisó a la baja el objetivo que en el primer borrador de los Presupuestos era del 1,5%. Sin embargo la marcha atrás podría ser insuficiente y obligar el Ejecutivo a un nuevo ajuste en primavera. El Banco de Italia en su último informe revisó a la baja sus previsiones sobre el crecimiento de la economía: del 1 al 0,6 para 2019, del 1,1 al 0,9% para 2020. Además sus analistas indican que, según los datos preliminares, el PIB italiano, que ya se había contraído en el tercer trimestre de 2018, podría haber caído también en los últimos tres meses del año. Si se tuviera que confirmar esta tendencia (por esto se espera el informe que el instituto nacional de estadística difundirá el próximo jueves) Italia entraría oficialmente en "recesión técnica".

Unos días más tarde el FMI echó más leña al fuego de las preocupaciones sobre la economía italiana: en un análisis que indica como en Italia la debilidad de la demanda interna se suma a los mayores costes de la deuda, el Fondo fija en el 0,6% el crecimiento previsto para 2018. Al presentar el informa al Forum Económico Mundial de Davos, la directora de investigación del FMI Gita Gopinath alertó que "la onerosa interacción entre riesgos soberanos y riesgos financieros en Italia sigue siendo una amenaza" para el crecimiento global.

El Gobierno populista italiano, come de costumbre, reaccionó atacando los supervisores nacionales e internacionales. El vicepresidente y líder de la derechista Liga, Matteo Salvini, que ya llamó "borracho" al presidente de la Comisión Jean-Claude Juncker y acaba de criticar el BCE por su "ataque" a la banca italiana, contestó al informe del Fondo: "más bien es el FMI que es un peligro para la economía mundial" para sus "previsiones equivocadas, escasos éxitos y muchos desastres". Por otro lado el también vicepresidente de Gobierno y líder del Movimiento 5 Estrellas, Luigi Di Maio, decidió meterse con el Banco de Italia, subrayando que "no es la primera vez que sus estimaciones luego no resultan justificadas". "Lleva varios años sin acertar. Cuando había el anterior Gobierno hacía estimaciones a la alza, ahora a la baja" añadió Di Maio.

Una reacción tan fuerte del Ejecutivo italiano se debe al temor de un nuevo ajuste a pocas semanas de la aprobación definitiva del Presupuesto para 2019. El revés es evidente: los dos partidos que apoyan el Gobierno han fundado su pulso con Bruselas en la necesidad de estimular el crecimiento a costa del déficit. La culpa de la ralentización italiana, no es sólo de la política económica del Gobierno, sino se enmarca en una situación macroeconómica problemática a nivel mundial. Sin embargo el Ejecutivo populista transalpino, tal y como destaca el FMI, es responsable por la subida de la prima de riesgo y la incertidumbre política y económica generada cada día por las declaraciones de sus miembros. Durante la última semana, por ejemplo, una serie de ataques al presidente francés Emmanuel Macron ha enfriado las relaciones entre Italia y Francia, poniendo en vilo algunas operaciones financieras sobre todo la compra del astillero francés Saint Nazaire, por parte del astillero público Fincantieri.

En todo caso según los analistas y los medios transalpinos el crecimiento inferior a las previsiones del Gobierno haría necesario un ajuste de entre 3.000 y 8.000 millones de euros. El ministro de economía, Giovanni Tria, de momento indica que "la ralentización no supone en sí misma algún ajuste". Como a menudo pasa en la política transalpina la suya más que una negativa, parece una manera para ganar tiempo y volverse a organizare de cara a nuevas negociaciones con Bruselas.

La principal preocupación de los dos partidos que apoyan al Ejecutivo -Liga y Movimiento 5 Estrellas- es evitar cualquier ajuste antes de las elecciones europeas que se celebrarán en mayo. Por esto la Comisión europea en el acuerdo sellado en diciembre ya ha previsto un momento de control en julio, cuando Roma tendrá que decidir qué hacer con los 2.000 millones de gasto que han sido congelados, precisamente como provisión en caso de cambios en la previsiones económicas del Gobierno italiano.

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