Economía

El choque entre Italia y Francia por la migración aleja la reforma del euro

  • La tensión política aventura una cumbre infructuosa para final de junio
Giuseppe Conte, primer ministro italiano. Reuters.

El Gobierno populista italiano echó ayer algo más de disolvente a la maltrecha unidad europea al chocar los dos asuntos que más dividen a los europeos: el reforzamiento de la eurozona y la gestión migratoria. El país cuya economía podría tumbar el euro, y cuyo Gobierno ha colocado la expulsión de inmigrantes como prioridad, canceló un encuentro previsto con Francia para discutir la propuesta para completar la unión económica y monetaria.

El ministro de Finanzas italiano Giovanni Tria anuló la reunión prevista con su colega francés, Bruno Le Maire, para preparar la cumbre crucial de finales de este mes. El feo llegaba como respuesta a los comentarios del presidente francés, Emmanuel Macron, quien describió como "cínica" e "irresponsable" la prohibición de Roma para que atracara la embarcación de rescate Aquarius con 629 inmigrantes.

Horas antes, el ideólogo de la política xenófoba del Ejecutivo italiano, el vicepresidente y ministro del Interior, Matteo Salvini, advirtió a Macron que se tendrá que disculpar si quiere seguir trabajando con Roma. Fuentes del Gobierno francés informaron más tarde que ambos ministros hablaron por teléfono y Tria aceptó acudir a París en los próximos días.

Pero aunque se haya salvado parcialmente el encontronazo, el incidente con el Gobierno italiano del M5E y la Liga ilustra que la tercera economía del euro utilizará cualquier dosier que esté sobre la mesa para imponer su voluntad en el asunto migratorio.

Sin una solución "completa"

El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, advirtió ayer que si los gobiernos y las instituciones comunitarias no consiguen dar una solución "completa" a nivel europeo, más allá del levantamiento de muros, los ciudadanos perderán la confianza.

Timmermans se dirigió al pleno del Parlamento Europeo precisamente en la réplica al primer ministro holandés, Mark Rutte, uno de los principales enemigos de la solidaridad no tanto en el terreno migratorio sino sobre todo en el campo del euro. El liberal holandés no solo rechazó las ideas de Macron para crear un Presupuesto para la eurozona, embrión de una unión fiscal, sino también la de crear un sistema de préstamos blandos para apoyar la inversión o fondos para incentivar las reformas estructurales.

La escalada entre París y Roma, las dudas con el Ejecutivo italiano en asuntos como la culminación de la unión bancaria y la oposición del grupo que encabeza Holanda complican más aún que los líderes vayan a conseguir pasos significativos en el refuerzo de la eurozona en la cumbre del 28 y 29 de junio. Solo se espera el visto bueno para apartar dentro del existente Mecanismo Europeo de Estabilidad unos 60.000 millones de euros para reforzar el fondo para bancos en apuros.

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