Economía

May abre una espita con la UE al aspirar a un acuerdo del Brexit a medida del Reino Unido

  • Logra una inusitada unidad en torno a una idea descartada por Bruselas
Theresa May, primera ministra británica.

El primer debate formal del Gobierno británico sobre la "solución final" a la que aspira una vez fuera de la Unión Europea se saldó ayer con una inusitada unidad en torno a una idea que, para su escarnio, será difícilmente aceptable para Bruselas. Theresa May propuso en el último Consejo de Ministros del año un acuerdo diseñado especialmente para Reino Unido que permita maximizar la cercanía al mercado común, pero con suficiente divergencia normativa como para no restringir los pactos con otros países.

El problema es que la UE ya ha aclarado a su futuro exsocio que no puede aspirar a ambos. Su negociador jefe insiste en que es la consecuencia de las "líneas rojas que los británicos han trazado" con su apuesta por abandonar el mercado único, pero la primera ministra defendió ayer de nuevo esta decisión. En su opinión, permanecer en el bloque comercial sería "democráticamente insostenible", dada la obligación de aceptar leyes comunitarias sobre las que Londres no tendría ya ni voz, ni voto.

Su objetivo sigue estando inspirado por el acuerdo que Bruselas cerró con Canadá tras siete años de negociación, pero con una fórmula "significativamente más ambiciosa". En términos prácticos, la intención es obtener con el mercado común una mayor interacción que la que disfruta el país norteamericano, pero, a la vez, replicar las ventajas derivadas de las diferencias regulatorias de los términos pactados con Ottawa.

Inevitable de materializar

La propuesta es indudablemente atractiva, pero inevitablemente complicada de materializar, puesto que implicaría elegir las prebendas de cada uno de los modelos existentes y combinarlas para mayor gloria de Reino Unido. Michel Barnier ya se ha encargado de rebajar expectativas debido a la necesidad de no sentar precedente en materia de seleccionar prerrogativas: los Veintisiete tienen la determinación de emplear el Brexit como prueba de que abandonar el club acarrea consecuencias, tanto para desincentivar futuras secesiones, como para reforzar su cohesión interna, por lo que no pueden permitirse transmitir la imagen de que Reino Unido mantiene lo mejor de los dos mundos.

Con todo, en la reunión de ayer, May retomó su apelación a la "creatividad" en la definición de la futura relación y confirmó que las bases para el modelo al que aspira siguen fundándose en los dos grandes discursos que ha pronunciado este año en torno al divorcio: el de enero en Londres y el de septiembre en Florencia.

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