Economía

Moscovici: "Hay muchos Estados reticentes con el Presupuesto para la zona euro"

El comisario europeo Pierre Moscovici explica a Les Echos la postura de Bruselas sobre las propuestas para avanzar en la unión económica y monetaria.

¿La Comisión ha sido más sensible a las sirenas berlinesas que a las parisinas en las propuestas sobre la unión económica y monetaria?

Si hubiéramos propuesto un paquete que solo pusiera en práctica las ideas de Emmanuel Macron, no habría ayudado mucho, porque todos lo que tienen una visión exclusivamente intergubernamental de Europa se habrían puesto a la defensiva. Actuamos con prudencia elemental y es el método idóneo para forjar compromisos.

Pero algunas ideas clave de Macron no están sobre la mesa.

En realidad, las convergencias entre lo que propone la Comisión y lo que contempla Emmanuel Macron son importantes. El proyecto enfatiza el acercamiento de las economías europeas y la democracia, dos pilares importantes del discurso del presidente francés. Es verdad que no hay en nuestras propuestas un Presupuesto de la zona euro en sentido estricto, pero incorporamos una rúbrica "zona euro" dentro del presupuesto de la UE. Creemos que la zona euro tiene vocación de entenderse con casi la totalidad de los miembros de la Unión. No es ningún secreto que muchos Estados muestran reservas frente a dicho mecanismo financiero.

¿Por qué no se ha cifrado esta función de estabilización?

Si lo hubiéramos hecho, nos habríamos expuesto a las críticas tanto de quienes no quieren ningún presupuesto suplementario como de los que desearían un presupuesto casi federal con varios puntos del PIB. Preferimos perfilar un apoyo que permitirá realizar esta función, el mecanismo de decisión que implica, e insistir en la importancia capital de estos fondos. Nuestra economía debe resolver a toda costa y de manera duradera su déficit de inversión. No se nos puede reprochar a la vez ser demasiado imprecisos y adelantarnos al debate.

¿En qué sentido es más democrático el proyecto que usted propone?

Proponemos instituir un fondo monetario europeo (FME), lo que quiere decir que deseamos gestionar las crisis europeas con nuestros propios instrumentos en vez de dirigirnos en un futuro sólo al FMI, aunque este último considere que su participación en el plan griego quebrantaba sus estatutos. Proponemos integrar este FME en las instituciones europeas. Es decir, se sometería a un control democrático incluso si, de hecho, su modo de gobernanza cambiara un poco. Proponemos la creación, en la próxima Comisión, en 2019, de un ministro de Economía y Finanzas europeo que sea vicepresidente de la Comisión Europea y presidente del Eurogrupo. Ahí también nos unimos a las preocupaciones de Emmanuel Macron, ya que se ejercería un control democrático. El Eurogrupo, que actualmente toma decisiones entre cuatro paredes, rendiría cuentas al Parlamento Europeo y sería más transparente. Sus decisiones diferirían, sin duda. Queremos que los nuevos avances políticos o institucionales se inscriban en el marco comunitario y se sometan al control democrático.

Así de paso impulsa su institución...

La Comisión no hace un alegato pro domo. Nuestra finalidad no es aumentar la influencia, pero resulta que en nuestras instituciones las instancias gubernamentales sólo las controla el Parlamento de cada país y el colectivo no lo controla nadie, o no lo bastante. El Parlamento Europeo suele excluirse demasiado. Si recolocamos la Comisión en el centro del tablero, el Parlamento se convierte en la instancia de control del conjunto de las decisiones del Eurogrupo. Lo que estaría en juego en las elecciones europeas sería, a la vez, elegir al presidente de la Comisión, pero también definir las orientaciones en el marco de la zona euro. No se equivoque: es una transformación radical frente a la situación actual, aunque no agote toda la cuestión democrática.

¿Por qué tallar en el derecho europeo las reglas del rigor presupuestario?

No se lo ha inventado la Comisión. La integración de nuestras reglas en los Tratados estaba prevista por las partes contratantes -los Estados-, y lo único que hemos hecho ha sido traducir esa obligación. No supone ningún cambio. El pacto de estabilidad ya es la regla. No se puede excluir a raíz de la aprobación en el Consejo una discusión de nuestras reglas, por ejemplo respecto a las flexibilidades. Hay que apuntar que en el procedimiento de este cambio jurídico se permitiría revisar el texto, en un futuro, a decisión de una mayoría cualificada y no por unanimidad. Es un elemento de flexibilidad y evolución.

¿No era mejor esperar a que se aclare la situación política alemana?

Nadie sabe cuál será la relación de fuerza dentro de un mes o dos en Alemania, pero estamos convencidos de que la ventana de oportunidades para avanzar de verdad es estrecha y se agotará al final del verano o principios de otoño, cuando comience el debate para las próximas elecciones europeas. Algunos asuntos pueden avanzar deprisa, como la puesta en marcha del fondo monetario, la contención para solidificar la unión bancaria o la instauración de un ministro europeo de Economía y Finanzas. Después podremos desarrollar la que será la línea presupuestaria para la zona euro después de 2020.

La UE acaba de dar su lista de paraísos fiscales. ¿Con estos 17 países, está a la altura de la situación?

La lista no merece ni excesos de honor ni críticas vehementes. Constituye un hito importante, una etapa en el combate. Para empezar, 17 países es un número significativo. Además, se extrae de una lista gris de 47 territorios al menos igual de importante porque han adoptado compromisos de reforma y estarán bajo la presión de la Unión. Pero no ignoro los límites de este ejercicio. Primero, porque los sospechosos habituales están en la lista gris y, en consecuencia, habrá que seguir presionando para que tomen efectivamente las medidas necesarias. Y porque, en efecto, debemos seguir combatiendo, en el seno de la UE, unas prácticas fiscales demasiado agresivas. Por último, la lista sólo tiene sentido si se acompaña de sanciones realmente disuasorias. Los Estados miembros deberán definirlas rápidamente. Hasta aquí puedo decir.

Gabriel Gresillon de Les Échos.

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