Economía

FMI, Banco de Italia y Congreso dudan de las previsiones de Matteo Renzi

  • El Parlamento transalpino ve 'demasiado optimista' un PIB del 1% en 2017
Caricatura de Matteo Renzi. Autor: Napi.

El Gobierno italiano presentará esta semana los Presupuestos para 2017, con la esperanza de convencer a la Comisión Europea para que otorgue más flexibilidad a Roma. Sin embargo, a la espera del visto bueno de Bruselas, las cuentas de Matteo Renzi y de su Ministro de Economía Pier Carlo Padoan no convencen ni al Parlamento transalpino. | Renzi asegura que la UE sólo ha defendido los intereses de los países "dominantes"

La semana pasada la Oficina Parlamentaria de Presupuestos pidió la opinión del Banco Central y del Tribunal de Cuentas sobre las previsiones del flamante Documento de Economía y Finanzas (DEF), la hoja de ruta presupuestaria del Gobierno de Renzi.

El resultado fue un suspenso casi unánime. El crecimiento del 1% del PIB estimado para 2017 es un "objetivo ambicioso" según el Banco de Italia, incluye un "efecto expansivo muy marcado" según los consejeros de cuentas, son "estimaciones muy equivocadas por exceso de optimismo", según la oficina de control del Parlamento. Ésta es una opinión compartida por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que acaba de revisar a la baja las perspectivas de crecimiento de Roma llevándolas del 1% al 0,9%.

Así que mientras el ministro Padoan defiende que se trata de "objetivos ambiciosos, según algunos observadores, pero realizables", la Oficina Parlamentaria de Presupuestos amenaza con no dar su visto bueno al documento, lo que supondría un problema para la credibilidad de Renzi de cara a las negociaciones con Bruselas.

El desacuerdo, entre el Gobierno y el Parlamento de Roma, es sobre si Italia podrá crecer un 1% el próximo año. En su documento, el Ejecutivo explica que el dato surge de la suma de dos componentes: un avance del 0,6% "tendencial", es decir que se realizaría sin cambios en las políticas económicas; y uno del 0,4% que, según el Ejecutivo, se podría generar con las nuevas medidas que Renzi está a punto de presentar.

La Oficina Parlamentaria de Presupuestos afirma, sin embargo, que "es difícil que se logre este resultado con lo que el DEF propone". El problema es que el primer ministro todavía no ha presentado las normas que deberían estimular la economía: "Desafortunadamente no estamos informados en detalle de las medidas previstas, a pesar de que la nueva ley presupuestaria, así como las viejas reglas, lo prevé. Según las indicaciones que tenemos, el crecimiento previsto para 2017 resulta excesivo" incidió la Oficina de control del Parlamento.

Sus miembros juzgan poco fiables las previsiones de inversión (que según el Ejecutivo deberían pasar del 1,5% al 3,2% gracias a la disminución del impuesto regional sobre las empresas), así como sobre los consumos (de 0,4% a +1%).

El problema es que el Gobierno italiano está basando sus negociaciones en Bruselas sobre el objetivo del 1% de avance en 2017. Renzi quiere alcanzar entonces un déficit del 2,4%, con respeto al objetivo del 1,8% fijado en las negociaciones del pasado mayo (el anterior compromiso era del 1,4%). Sería una flexibilidad presupuestaria de casi 10.000 millones, que se sumarían a los 19.000 millones que Roma ya obtuvo para el bienio 2015-2016.

Sin embargo si el PIB de 2017 fuera inferior a los cálculos del Gobierno (tal y como prevé la Oficina parlamentaria de Presupuestos) el déficit transalpino se dispararía hasta superar el 2,5%, un nivel inaceptable para Bruselas. No hace falta un gran desvío para echar al traste los planes de Renzi: según los datos presentados por el Fondo Monetario la semana pasada un crecimiento del 0,9% (es decir un 0,1% menos de lo que prevé el primer ministro) sería suficiente para disparar el déficit hasta el 2,5%.

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