Economía

Faltan 53.000 millones contra el cambio climático

Los países ricos se han comprometido a facilitar 88.000 millones de euros -100.000 millones de dólares- anuales a los países pobres a partir de 2020 para que afornten el cambio climático; de momento, aportan 35.000 millones.

Los países ricos destinaron 35.200 millones de euros a proyectos de cooperación al desarrollo relacionados con el medio ambiente en 2013, bien directamente, bien por medio de instituciones financieras internacionales, como el Banco Mundial (BM) o los bancos regionales de desarrollo. EurActiv, el portal de Internet especializado en información europea, se ha preocupado de calcular el dato a partir de la información facilitada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y la Comisión Europea, gracias al patrocinio de la Fundación de Bill y Melinda Gates.

Los sectores que han recibido las mayores inyecciones de capital son la energía, con 5.000 millones y el transporte, con 4.400 millones. En un segundo escalón, en el entorno de los 2.300 millones, están el agua, la agricultura y la protección del medio ambiente en general. El mayor donante es Japón -muy por delante del segundo, el BM-, con 6.400 millones, y el mayor receptor es India, con 2.650 millones.

Las cifras no sólo son importantes, sino que se contabilizan en un momento muy oportuno, justo cuando se aceleran las reuniones preparativas de la cumbre climática de París del próximo diciembre, en la que se espera alcanzar un acuerdo internacional que frene las emisiones de dióxido de carbono y el subsiguiente calentamiento global.

Y son muy oportunas porque uno de los elementos que están encima de la mesa es el modo de cumplir el compromiso alcanzado en cumbres climáticas anteriores de ayudar a los países pobres a crecer económicamente sin emitir mucho CO2 con 100.000 millones de dólares al año -88.000 millones de euros al cambio actual- a partir de 2020.

Este compromiso ha sido clave para que los países pobres también se comprometan a luchar contra el cambio climático, algo que sucedió en la última cumbre, celebrada en Lima el pasado diciembre.

Antes de esta reunión, los países emergentes y los eufemísticamente llamados menos desarrollados se negaban a implicarse, alegando que ellos tienen el mismo derecho que los ricos a crecer económicamente y a contaminar para conseguirlo. Los ricos admitieron el argumento durante un tiempo -el Protocolo de Kioto, firmado en 1997, sólo afecta a los países desarrollados que han querido someterse a él-, pero el crecimiento económico de las últimas dos décadas lo ha invalidado: en términos absolutos, China es el primer emisor del mundo, con 6.017 millones de toneladas de CO2 anuales, seguido por EE UU, con 5.902, Rusia, con 1.704, e India, con 1.246.

Fondo Verde para el Clima

También en la cumbre de Lima empezó a cobrar forma la herramienta financiera destinada a canalizar esos 100.000 millones de dólares anuales para ayudar a los pobres: el Fondo Verde para el Clima. Ideado en cumbres anteriores, hasta la cita de Perú no empezó a recibir aportaciones económicas. Al cierre de la misma, había conseguido 8.240 millones de 24 donantes, entre los que hay siete países en vías de desarrollo: Perú, Panamá, Colombia, México, Indonesia, Corea del Sur y Mongolia. El primer donante fue EE UU, con 2.660 millones -3.000 millones de dólares-, el doble que el segundo, Japón, con 1.330 millones. España también se comprometió a aportar 134 millones.

Gracias a este impulso, el Fondo ya no es sólo una idea, sino una institución que se está configurando, aunque más despacio de lo previsto. El pasado mes de mayo, Japón le libró los fondos prometidos, y ya dispone de 4.800 millones, con los que empieza a evaluar la financiación de los primeros proyectos.

Para alcanzar la cifra prometida falta mucho, aunque menos de lo esperado, a la vista del monto que ya se destina a proyectos de cooperación directamente relacionados con el medio ambiente. En cualquier caso, se han lanzado varias ideas poco ortodoxas al objeto de conseguir los fondos prometidos, bajo la etiqueta de mecanismos financieros inteligentes no convencionales:

La primera consiste en capitalizar los Derechos Especiales de Giro (DEG) emitidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

La segunda es una Expansión Cuantitativa verde, que permitiría a los bancos centrales canjear bonos para financiar los proyectos bajos en carbono.

Y una tercera es la creación de Bonos de Carbono emitidos por un Banco Central, que permitiría a los promotores de los proyectos pagar con ellos una parte de sus deudas a los bancos comerciales, conmutándolas por las reducciones de CO2 obtenidas.

Con esas tres medidas se podrían canalizar hacia la lucha contra el cambio climático cientos de miles de millones; sólo con la capitalización de los DEG se alcanzarían los prometidos 100.000 millones de dólares al año.

Menos de 100 días para París

Pero para que todo eso, si procede, pueda ponerse en marcha, primero hay que muñir un pacto global en la cumbre de París que permita frenar la tenencia y que la temperatura del planeta no suba más de dos grados centígrados al final de la presente centuria, umbral a partir del cual los efectos serán catastróficos, según alertan los científicos. En el caso de seguir como hasta ahora, la temperatura subirá alrededor de cuatro grados.

Y aunque hay augurios esperanzadores, como el compromiso de EE UU y China de reducir sus emisiones por primera vez, todavía faltan muchos países por informar a la ONU de sus intenciones.

Hasta la fecha, sólo 56 países han facilitado sus previsiones de reducción de CO2; sus economías son responsables del 61 por ciento de las emisiones globales, pero aún faltan países tan importantes como India, Brasil, Indonesia, Argentina, Arabia Saudí, Suráfrica o Turquia; la propia China aún no ha concretado sus buenos propósitos.

Más que eso, Christina Figueras, la responsable del clima de la ONU, ha advertido que las posibilidades de frenar a tiempo el calentamiento se esfuman con rapidez y que, hasta el momento, las declaraciones de intenciones recibidas no permitirán contener el alza de las temperaturas a dos grados.

Por otro lado, la preparación del documento básico sobre el que deben girar las negociaciones en París está muy lejos del consenso. La última versión consta de unas poco manejables 80 páginas que rebosan de salvedades y puntos de discrepancia planteados por los estados; además, son prácticamente los mismas que los del texto original, presentado a inicios de año.

Todavía quedan una decena de reuniones de los negociadores técnicos hasta la cumbre de París -la próxima será en Marruecos, entre el 12 y el 13 de octubre-, y antes de que se celebre hay otras citas importantes donde los líderes mundiales se verán las caras y tratarán del tema: en septiembre está la Asamblea General de la ONU, en la que se aprobarán los Objetivos de Desarrollo Sostenible, íntimamente relacionados con el cambio climático; en octubre las citas serán en el BM y en el FMI, y en noviembre en la reunión del G-20.

Para que haya éxito se necesitan tres cosas: quórum, un objetivo claro y ambicioso, y mecanismos de transparencia y verificación del cumplimento de los compromisos de cada Estado.

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