Economía

El sindicato de los precarios

Abonada a los contratos temporales y a las becas eternas, la juventud española, cualificada o no, se ha afiliado al subempleo, razón de ser de la Oficina Precaria, una asociación que es el particular sindicato de los trabajadores precarios.

"En la empresa donde trabajaba me pagaban menos de lo que ponía en mi convenio y tampoco me abonaban los días festivos". El testimonio es de Chema, un joven madrileño de 27 años, pero bien podría ser el de otros tantos que, como él, trabajan bajo condiciones similares.

Un día, cuando ya no aguantó más, Chema decidió acercarse a la Oficina Precaria, que tiene su sede en el 21 de la madrileña calle Pez, o lo que es lo mismo, en el Patio Maravillas, desde donde asesoran y apoyan -tanto en las calles como en los tribunales- a aquellos que precisen su ayuda.

Compuesta por unos 30 jóvenes que desinteresadamente aportan a la asociación lo que mejor saben hacer en materias tan diversas como la comunicación o el derecho, desde la Oficina Precaria tienen muy clara su razón de ser.

Repensando al lucha laboral

"El objetivo con el que nacimos era repensar la lucha laboral teniendo en cuenta que los nuevos métodos de trabajo que ha traído la crisis alejan a las personas del sindicalismo tradicional", explica María Montero, una de las militantes de la asociación, que cubre en Madrid los espacios a los que no llegan los sindicatos de toda la vida.

Montero subraya que en la Oficina Precaria detectaron el "desencanto" de ciertos trabajadores con los "tradicionales representantes sindicales", lo que les llevó a tomar la alternativa en materia de lucha laboral tras el 15-M, cuando la mayoría sólo eran jóvenes universitarios en busca de un hueco en el mercado laboral.

"Hacía falta un nuevo sindicalismo que llegara a todos los trabajadores", subraya Montero, quien cede el testigo a Alicia Gárate, una de las abogadas que colabora con la asociación y que destaca que "ya no se puede hablar de que los sindicatos cumplan su función como antaño porque la situación del trabajador ha cambiado".

Los casos que llegan a la "Ofi" -como cariñosamente se refieren a ella algunos de sus miembros- son muy variados.

"Vemos muchos incumplimientos de convenios, horas extra que no se pagan, despidos improcedentes que no se abonan, abusos con los contratos, cantidades no percibidas...", enumera Montero, quien también deja claro que la precariedad no tiene edad: "Acuden jóvenes y también no tan jóvenes".

Hasta allí llegó Chema, quien está preparándose junto al equipo legal de la Oficina Precaria para un posible juicio contra su empresa en el caso de que no alcancen un acuerdo en el acto de conciliación, un paso que pocos se atreven a dar por temor a perder su puesto de trabajo.

"Muchos llegan con miedo, pero también con desconocimiento sobre sus derechos laborales", lamenta Montero al respecto, quien aboga por hacer "un esfuerzo para visibilizar las herramientas a disposición de los trabajadores".

La presión como herramienta útil

Pero no sólo existen medidas legales, sino que la Oficina Precaria también presta otro apoyo de carácter más social, cuyo objetivo no es otro que ejercer presión sobre el empleador que ha infringido las normas.

"Además de los actos de presión en los centros de trabajo -más conocidos como escraches-, últimamente hemos realizado varios escraches virtuales que han funcionado muy bien", indica Montero al explicar el abanico de opciones ofrecidas por la asociación.

"Los empresarios ven que la gente joven quiere trabajar e intentan aprovecharse al máximo", critica Chema, quien aconseja a otros que estén en su situación que den el paso y "no se aguanten".

Una vía para ello es la Oficina Precaria, "una herramienta para la precariedad, desde la precariedad", como subraya Gárate, que lucha a diario para que gente como Chema pueda disfrutar de unas condiciones de trabajo dignas.

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