Economía

El BCE planea echar un capote a Grecia: podría perdonar los intereses de los bonos

El presidente del BCE, Mario Draghi

El Banco Central Europeo está estudiando cómo podría echar una mano a Grecia sin necesariamente asumir pérdidas en la reestructuración de los bonos griegos. El Gobierno heleno todavía está negociando con sus acreedores privados las condiciones de la quita y la intención es presentar los detalles del acuerdo el próximo lunes.

Es probable que el BCE no adelante cómo piensa ayudar a Grecia hasta que el país no llegue a un acuerdo con sus acreedores, aseguran los economistas de ING Group y de Deutsche Bank en declaraciones a Bloomberg.

Mientras los acreedores griegos están aumentando la presión para que la institución se una al canje de bonos, el BCE mantiene en secreto sus intenciones. ¿Hacia dónde podrían ir los tiros? El organismo podría perdonarle los intereses de sus bonos griegos o destinarlos a uno de los fondos de rescate de la región.

Además de negociar las condiciones de la quita, el Gobierno griego tiene que llegar a un acuerdo antes de marzo sobre el segundo paquete de rescate, ya prometido en octubre, por un valor de entre 130.000 y 145.000 millones de euros. Sin ese acuerdo, Grecia no podría pagar el 20 de marzo el vencimiento de bonos por 14.500 millones de euros.

El objetivo de la quita es reducir el peso de la deuda en las finanzas griegas desde el actual nivel del 160% del PIB hasta el 120% en 2020, un volumen que los expertos consideran "asumible".

Para lograr ese nivel, el director general del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Charles Dallara, que representa los intereses de los acreedores privados, piensa que la participación del sector público en la reestructuración de la deuda griega quizá sea necesaria, en la medida en que los tenedores privados de bonos sólo poseen el 60% de la deuda griega.

El ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos, reconoció esta semana que los acreedores deberán asumir pérdidas "superiores al 70% del valor presente neto" de los actuales títulos.

El economista de ING en Bruselas, Carsten Brzeski, asegura que el BCE hará todo lo posible para no tener que asumir pérdidas en la reestructuración de los bonos griegos. "Si bien no participará en la quita, prescindir de los intereses de la deuda helena sería una buena opción" para echar una mano al país.

Al parecer, en la cumbre celebrada en Bruselas el pasado lunes, al presidente del BCE, Mario Draghi, rechazó la idea de transferir los beneficios de la tenencia de bonos de nuevo al gobierno heleno, según una persona con conocimiento de las conversaciones, que pidió no ser identificada.

Desde el lanzamiento de su programa de compra de bonos, en mayo de 2010, el BCE ha invertido un total de 219.000 millones de euros en la compra de deuda de países con problemas. Según las estimaciones realizadas por Barclays, la institución ha adquirido desde el lanzamiento del programa y hasta finales de 2011 alrededor de 36.000 millones en bonos griegos.

El BCE se niega a participar en la quita, al asegurar que la institución adquirió deuda helena únicamente con fines de política monetaria. El BCE considera que unirse a los inversores privados a la hora de aceptar pérdidas sobre la deuda griega dañaría la confianza de la institución.

Venta de bonos

Algunos economistas han sugerido otras opciones, como que el BCE venda de nuevo sus bonos a Grecia, o al fondo de rescate temporal, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, o a su sucesor, el Mecanismo Europeo de Estabilidad.

"El BCE podría comprometerse a vender a su vencimiento sus bonos griegos al Banco de Grecia a mismo precio que los adquirió", apunta Holger Schmieding, economista jefe de Berenberg Bank.

"Que la institución vendiera sus bonos al Mecanismo Europeo de Estabilidad al precio de compra sería la mejor opción", señala por su parte Brzeski. El fondo de rescate permanente tendrá el capital suficiente para financiar tal medida, mientras que el EFSF tendría que reunir dinero en el mercado con anterioridad.

"Es posible que el BCE ya esté trabajando en una estrategia a puertas cerradas", concluye Michael Schubert, economista de Commerzbank.

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