Economía

Demasiadas guerras para tan poca pólvora: Europa se queda sin munición y expuesta a China

Artilleros ucranianos. Archivos.

La situación política internacional vive uno de los mayores momentos de inestabilidad desde la caída del muro de Berlín. La Academia de Ginebra de Derecho Humanitario contabiliza 110 conflictos armados en todo el mundo, entre los cuales destacan, por su impacto en el devenir político y estratégico global, la invasión rusa de Ucrania y la guerra en Gaza. En este contexto de tensión, los Estados han optado por armarse y almacenar, lo antes posible, sus almacenes de proyectiles de artillería. Sin embargo, se han encontrado con un problema fundamental para ello: hay escasez de pólvora a nivel internacional.

La demanda de pólvora ha superado a la oferta disponible y no hay suficiente para todos los países. Ello ha provocado que las compañías armamentísticas estén desbordadas. Así, la firma alemana Rheinmetall está trabajando en la construcción de una nueva fábrica en Baja Sajonia (Alemania), así como tres factorías en Ucrania, con el objetivo incrementar su producción y poder llegar a los plazos de sus pedidos, cuyo valor en 2023 alcanzó los 38.300 millones de euros, un incremento del 44% respecto al año anterior. Al otro lado del Atlántico, Lockheed Martin, principal firma armamentística del globo, comunicó su plan para incrementar la producción de sus misiles y sistemas lanzacohetes para cumplir con el aumento de la demanda.

Adiós a los dividendos de la paz de los 90

Sin embargo, la industria armamentística vive un importante cuello de botella generado por la gran demanda actual, las consecuencias de la pandemia del COVID en la cadena de suministro y, muy especialmente, el estado de desactualización de sus sistemas de producción. En relación con esta última cuestión, durante los años noventa se produjo una reducción del gasto militar como consecuencia del fin de la Guerra Fría: era el momento de los "dividendos de la paz", término acuñado por George H.W. Bush y Margaret Thatcher al inicio de esa década para denominar las ganancias generadas por la disminución de la inversión en armamento.

Es decir, que la industria no estaba preparada para asumir el ritmo de producción actual: el gasto global de defensa aumentó un 9% hasta la cifra récord de 2,2 billones de dólares en 2023, una tendencia al alza que mantendrá este año según indicó el think thank británico IISS, incrementado, en buena parte, por el empuje de los miembros de la OTAN. El exceso de demanda ha disparado el precio de la pólvora, algo que ya se nota en el coste de la munición en EEUU, país con mayor número de armas por habitante, y en el municipio alicantino de Elda, donde hacen cálculos para poder costear la munición con la que celebrar la fiesta de los Moros y Cristianos.

Reciclaje de pólvora ante su escasez

A nivel sectorial, algunos fabricantes de armas se están centrando en la fabricación de cuerpos de proyectiles en lugar de pólvora, ya que sale más rentable en estos momentos. Algunas firmas también tienen que hacer frente a la escasez de la mano de obra, así como a los costes de producción encarecidos por la inflación. Por otro lado, no existe una pólvora universal. Los proyectiles son diversos según el cañón utilizado, por lo que la pólvora elaborada por India, por ejemplo, puede no ser compatible con las necesidades de los sistemas lanzacohetes HIMARS estadounidenses o CAESAR franceses, ambos utilizados por Ucrania en la guerra contra Rusia.

De hecho, en el país galo, segundo mayor exportador de armas a nivel mundial, existe una gran preocupación por esta carencia de pólvora. Tanto es así que el ministerio de Defensa francés le ha pedido a las compañías armamentísticas Eurenco y Nexter que reciclaran la pólvora de 155 milímetros de los cañones de artillería AuF1 y TRF, que estaban destinados a la destrucción.

Algodón pólvora para ayudar a Ucrania

Emmanuel Macron, que ya habla abiertamente de adoptar una economía de guerra en su país, alertó en febrero de la escasez de pólvora, un factor que puede comprometer el plan europeo para rearmar a Ucrania, bajo el cual Bruselas aprobó en marzo un envío de ayuda militar valorado en 5.000 millones de euros. Es la última ayuda enviada por los aliados de Kiev, los cuales quieren, además, resolver uno de los principales problemas militares de Ucrania: la mayor parte de su arsenal consiste en proyectiles de artillería soviéticos cuyo calibre alcanza los 152 milímetros. Kiev necesita emplear los modernos misiles de 155 milímetros, que proporcionan un mayor alcance, para expulsar a las tropas rusas de su territorio.

Sin embargo, para elaborar pólvora, es necesario utilizar nitrocelulosa, un compuesto altamente inflamable conocido como algodón pólvora. Se trata de un producto de doble uso civil-militar, creado a partir del ácido nítrico (usado en fertilizantes) y la celulosa (empleado en papel). Pues bien, actualmente existe una carencia tanto de la nitrocelulosa como de los elementos precisos para crearla. Ello ha alarmado a los fabricantes europeos, los cuales se ven demasiado expuestos a la dependencia de China: el país asiático concentra casi la mitad de toda la cuota de mercado de borras de algodón, material necesario para obtener algodón puro.

Objetivo: asegurar el negocio en un mundo multipolar

En este contexto, representantes de Saab, que además de coches fabrica armas, indicaron en conversaciones con Financial Times que la dependencia de Pekín puede suponer un riesgo futuro "mientras aceleramos la capacidad y la producción de la industria en Europa". El propio director ejecutivo de la firma, Micael Johansson, señaló que la nitrocelulosa constituía un ejemplo de la necesidad por parte de las compañías del sector de adaptarse a un "mundo multipolar", con el objetivo de establecer cadenas de suministro más efectivas.

Pero no es tan sencillo. Actualmente, hay una pugna por hacerse con estos materiales, y la condición de doble uso de estos ha abierto un hueco en las sanciones occidentales por el que se está colando Rusia, gracias a la ayuda de Turquía. Moscú duplicó la importación de nitrocelulosa elaborada en países como Taiwán y Alemania, la cual llegó a través de una firma turca. Además, a eso hay que sumarle el aumento de las importaciones rusas de 'algodón pólvora' elaborado en China.

El país asiático, por su parte, decidió reducir sus compras de armas en el último lustro para suplirlas con armamento fabricado en territorio chino. Sin embargo, según SIPRI las importaciones de armas se duplicaron en Europa en los últimos años: aumentaron un 94% entre 2019 y 2023. Además, durante ese periodo, las importaciones de EEUU aumentaron un 17%, e India se convirtió en el mayor comprador de armas del mundo.

En este contexto, las firmas del sector parecen estar adaptándose rápidamente a la nueva coyuntura de tensión global tan provechosa para ellas. Así, en 2023, algunas firmas importantes de la industria armamentística registraron incrementos vigorosos en sus ganancias. Las ventas de Rheinmetall aumentaron un 12% hasta los 7.200 millones de euros, obteniendo un beneficio operativo (EBITDA) de 980 millones de euros. Por su parte, Lockheed Martin registró un beneficio neto de 6.352 millones de euros, un incremento del 20,7% respecto al año anterior. En el caso de Thales, las ventas en 2023 aumentaron un 7,9%, superando sus propias expectativas. Como siempre, cuando hay guerras, los fabricantes de los instrumentos para llevarlas a cabo se frotan las manos.

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud