Economía

Qué hay detrás de la 'envidiable' inflación de Italia: el IPC se sumerge por debajo del 1% en noviembre 

  • El IPC general desacelera hasta el 0,8%, mínimos de marzo de 2021
  • La clave está en el efecto base con los precios de la energía
  • El IPC subyacente da una imagen más similar al resto de Europa
Vista de un canal de Venecia. Foto: Alamy

Con la buena noticia de que la inflación de la eurozona desaceleró en noviembre hasta el 2,4%, lo más cerca que ha estado en dos años del objetivo del 2% marcado por el Banco Central Europeo (BCE), este jueves pasó más inadvertido otro titular. El índice de precios al consumo (IPC) de Italia descendía en noviembre hasta el 0,8% interanual, una cifra impropia del clima inflacionario que se ha experimentado en Occidente en los últimos tiempos. Este dato, a priori tan envidiable para los hogares que han sufrido con las subidas de precios (España, Alemania y Francia siguen por encima del 3%) y más propio de las lecturas intermensuales que se han visto desde 2022 o del primer invierno completo del covid, también de los años previos a la pandemia, tiene su explicación.

Como ha venido siendo la norma en la nueva realidad económica derivada de la guerra en Ucrania, este fenómeno se debe al efecto base en la inflación energética. A la hora de obtener el dato interanual de evolución de la inflación, se toma la evolución intermensual de hace 12 meses y la del mes actual. Al ser la variación intermensual de hace 12 meses tan elevada por las grandes subidas que experimentó el precio de la energía, la base de la comparativa es muy alta. Esto facilita que el nuevo dato sea más moderado.

Si la tasa de inflación fue muy baja en el periodo correspondiente del año anterior, incluso una subida menor del índice de precios dará aritméticamente una tasa de inflación alta ahora, parafraseando a la OCDE. Por el otro lado, si el índice de precios aumentó a un ritmo elevado en el periodo correspondiente del año anterior y registró una tasa de inflación alta, un aumento absoluto similar del índice de precios ahora mostrará una tasa de inflación más baja en el presente.

Unos precios de la energía disparados en una Italia que dependía bastante del gas ruso llevaron al IPC general a un máximo del 11,9% interanual en octubre de 2022, el dato más alto desde marzo de 1984. En noviembre del año pasado el dato fue del 11,8% y en diciembre del 11,6%, lo que ayuda a explicar las lecturas que se están viendo ahora, una vez que los precios de la energía se han moderado y los gobiernos han aprobado programas de apoyo. Ya el pasado octubre, el IPC general cayó bruscamente del 5,3% al 1,7%, perforando incluso el objetivo del BCE. La dinámica ha seguido en noviembre.

El mes terminado este jueves se cerró con la citada estimación preliminar de IPC general (datos nacionales, no armonizados para Eurostat) del 0,8%, según los datos publicados por la agencia estadística estatal italiana ISTAT, el nivel más bajo desde marzo de 2021. Al igual que en el mes anterior, el principal motor del descenso anual fueron los bienes energéticos, tanto los regulados (-36% interanual desde el -36% de octubre) como los no regulados (-22,5% interanual desde el -17,7%).

La nota metodológica del ISTAT define como bienes energéticos regulados a las tarifas del mercado regulado de electricidad y gas para uso doméstico, mientras que incluye en los bienes energéticos no regulados a los combustibles para vehículos de motor, los lubricantes, los combustibles no regulados para uso doméstico y la electricidad del mercado liberalizado. Gracias al lastre de los bienes energéticos, en noviembre la inflación de los bienes entró en territorio negativo (-1,3% interanual), ampliando la brecha (ahora en cinco puntos porcentuales) con la desaceleración, pero aún en positivo, de la inflación de los servicios (3,7%). Este descenso generalizado fue respaldado por los alimentos procesados, los servicios recreativos y los servicios de transporte. Por contra, se produjo un moderado repunte de la inflación de los alimentos frescos (del 4,9% interanual al 5,8%).

Una mejor óptica de lo que está sucediendo la da el dato mensual de IPC general (la variación respecto a octubre), que fue del -0,4% y que constata la senda desinflacionista más allá de la volatilidad del efecto base. Sin embargo, es la inflación subyacente (en este caso excluye la energía y los alimentos frescos) la que da el mejor reflejo de lo que está ocurriendo. Esta inflación, que tan acertadamente los italianos llaman inflazione di fondo retrocedió en noviembre del 4,2% al 3,6%. Un descenso idéntico al IPC subyacente de la eurozona (este también excluye el alcohol, el tabaco y los alimentos procesados) y unos niveles más acordes a los de otros países de la eurozona (un 3,8% en Alemania, un 4,5% en España).

"La inflación subyacente ofrece una mejor imagen de la tendencia de fondo. La caída al 3,6% confirma una tendencia desinflacionista acelerada. La desaceleración de los precios de los servicios recreativos y de transporte es una prueba más de que el efecto de la reapertura está llegando a su fin. La suavización del entorno económico debería, en principio, favorecer la extensión de las presiones desinflacionistas a otras partes del ámbito del sector servicios", valora en una nota para clientes Paolo Pizzoli, economista de ING para Italia y Grecia.

"Es cierto que esto no es lo que nos decía el componente de intención de precios de la encuesta de servicios en noviembre (un segundo aumento consecutivo del equilibrio de aumento de precios), pero si la atonía económica continúa y las presiones sobre los precios de la energía se mantienen contenidas durante el invierno, deberían prevalecer las intenciones de precios moderadas", explica Pizzoli.

"Parece que el debilitamiento del entorno económico está dando un impulso adicional al proceso desinflacionista, más allá de los efectos base más evidentes en el componente energético. Estos últimos seguirán influyendo en el perfil de la inflación general, y probablemente la harán subir en los próximos meses, pero una inflación media en 2024 cercana al 2% parece ahora más que una clara posibilidad", concluye el experto de ING.

Qué viene ahora

En su análisis del dato de octubre, el propio Pizzoli contemplaba la escasa probabilidad de que el componente energético pudiese seguir actuando como lastre y apuntaba a que la inflación volverá a situarse por encima del 2% durante el invierno. El ritmo de desaceleración de la inflación subyacente, señalaba, dependerá fundamentalmente de la evolución del consumo.

Como muestra el crecimiento del PIB en el tercer trimestre (el dato se ha revisado este viernes al 0,1% intertrimestral tras el 0% preliminar), la economía italiana prácticamente se estancó durante el periodo y en los últimos 12 meses (también un crecimiento del 0,1%). En el desglose publicado hoy, se aprecia que el consumo de los hogares repuntó un 0,7% en el tercer cuarto, aunque cae un 0,2% en términos interanuales.

"El crecimiento económico en Italia sigue al filo de la navaja. El PIB real se estancó en el tercer trimestre tras contraerse un 0,4% intertrimestral en el segundo trimestre. Sin embargo, esperamos que la actividad se recupere nuevamente en el último trimestre de 2023, seguido de una estabilización de la tasa de crecimiento entre el 0,2% y el 0,3% a lo largo de 2024", escribió en octubre, al conocerse la lectura preliminar, Guillaume Derrien, analista de BNP Paribas.

"Gracias a la resistencia del mercado laboral y a un crecimiento salarial decente, sospechamos que el consumo podría obtener un apoyo potencial durante el invierno por el impacto de la disminución de la inflación sobre la renta real disponible. Esto podría frenar el descenso de la inflación subyacente a través del componente de servicios", valoraba hace un mes Pizzoli.

También hay trazos que preocupan. El repunte en noviembre de los alimentos frescos se ha sustentado en una considerable subida intermensual del 0,9% justo después de que el gobierno de Giorgia Meloni aprobase el llamado "trimestre anti-inflación". Este acuerdo entre el Ejecutivo, los fabricantes y los distribuidores que desde el 1 de octubre prevé descuentos en los precios de determinados productos de primera necesidad no ha generado el ahorro esperado. Desde la Unión Nacional de Consumidores se ha pedido que no haya euforia con el dato del 0,8% en el IPC general, ya que "es solo un espejismo debido a las matemáticas y al hecho de que en noviembre de 2022 se alcanzó el 11,8%. En definitiva, es solo un efecto óptico".

Pero, pese a estos matices, la perspectiva italiana está claramente más apostada en el lado del crecimiento (su mal endémico), más que en el de la inflación. En su primer discurso sobre política monetaria, el recientemente nombrado gobernador del Banco de Italia, Fabio Panetta, viejo conocido del BCE, advirtió al banco central de que no perjudicara innecesariamente a la economía con su política restrictiva (subidas de tipos de interés y tipos altos durante más tiempo). "La desinflación está en marcha", dijo en Roma este jueves. "Debemos evitar daños innecesarios a la actividad económica y riesgos para la estabilidad financiera, que en última instancia pondrían en peligro la estabilidad de precios".

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