Economía

Ucrania nunca entrará en la OTAN

  • Los miembros de la Alianza le arrojaron las miguitas a Zelensky con declaraciones vacías
Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania.

La cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que se celebró en Vilna, capital de Lituania, durante el 11 y el 12 de julio de 2023, no sólo significó el fin de las ilusiones de Ucrania de ser aceptada como miembro de pleno derecho de esta Alianza Atlántica, sino que, de forma adicional, adelantó el obituario político de su presidente, Volodímir Zelensky.

En la actualidad, Ucrania representa un dilema militar para la OTAN y éste no podrá ser resuelto por Occidente mientras el conflicto militar en Ucrania continúe.

Este hecho, en sí mismo, si es que nadie no ha reparado en ello, bien en Washington o bien en Bruselas, es un incentivo poderoso para que la Federación de Rusia continúe con la guerra de desgaste que está desarrollando en el este de Ucrania, sin presión de plazos, hasta su conclusión con la derrota de las Fuerzas Armadas ucranianas y, muy probablemente, con la desaparición del gobierno de Zelensky.

Así, la OTAN no puede aceptar a Ucrania mientras tenga un conflicto bélico en marcha frente a Rusia y la definición sobre sus fronteras nacionales definitivas no esté resuelta.

En resumen, la OTAN no gana nada aceptando a Ucrania dentro de la organización y se arriesga a acercarse peligrosamente a un conflicto nuclear contra Rusia.

El comportamiento social con los anfitriones de la cumbre, la expresión facial, el lenguaje corporal y las declaraciones públicas del presidente de Ucrania durante esos dos días en Vilna fueron el testimonio de la consciencia que de esta situación ha terminado por asumir un personaje que, más pronto que tarde, va a ser abandonado a su suerte por sus controladores.

Zelensky dijo lo que de verdad pensaba cuando, al llegar a Lituania, afirmó que sería "absurdo" que la cumbre de Vilna concluyera sin la adhesión de Ucrania a la OTAN.

El equipo de Biden reaccionó con furia tras conocer este aserto, tras el que se parapetaba el intento de Zelensky de ponerle presión a los tomadores de decisiones dentro de la Alianza sobre su adhesión a la misma.

Por su parte, la paciencia del ministro de Defensa del Reino Unido, Ben Wallace, con el comportamiento de Zelensky saltó por los aires cuando aquel afirmó que su país no es un servicio Amazon de entrega de armas a Ucrania y que Kiev debería hacer que los que la apoyan "vean su gratitud".

Tras haber sido llamado al orden por los socios principales de la organización, las declaraciones de Zelensky, durante el segundo día de aquel encuentro, fueron todo lo políticas que sus manipuladores esperaban.

En resumidas cuentas, los socios de la Alianza, como premio de consolación ante la negativa a la aceptación de Ucrania en la OTAN, ni ahora, ni en un futuro previsible, le arrojaron al presidente ucraniano las miguitas de una declaración vacua y la promesa de más ayuda material y financiera.

Toda esta asistencia se ejecutará en los próximos meses, excepción hecha del envío de tropas de la OTAN al teatro de operaciones.

Bien es cierto, sin embargo, que, hasta ahora, de forma clandestina, centenares de oficiales de la organización se encuentran destinados en Ucrania, desde 2022, e, incluso, desde antes, asesorando y dirigiendo las operaciones de las Fuerzas Armadas ucranianas en su enfrentamiento, anteriormente, contra la población ucraniana ruso parlante y, ahora, contra las tropas de Rusia.

En cualquier caso, la OTAN en Vilna no quiso proponerle a Ucrania un plan de acción para su acceso a la organización, que es el procedimiento que, hasta el momento, han seguido todos los candidatos para su incorporación a la misma.

Dichos planes suelen llevar un año de preparación y son muy detallados, hasta el punto de que suelen exigir a los países aspirantes a realizar cambios legislativos importantes en las normas de sus naciones.

Si a Ucrania se le hubiera propuesto en Vilna uno de estos planes de acción, en la OTAN están convencidos de que su comportamiento no hubiera sido satisfactorio y hubiera quedado muy lejos de lo que se hubiera esperado de ella.

Posteriormente, los planes de acción de la OTAN para nuevos miembros potenciales, tras su aprobación, suelen tener una duración de otros dos años.

La OTAN no podría saltarse este procedimiento con Ucrania porque su legitimidad y su doblez en los procedimientos de adhesión serían cuestionadas por todos los países con aspiraciones, presentes o futuras, de unirse a la Alianza.

Ucrania es un riesgo político demasiado elevado que la OTAN no puede gestionar y, por lo tanto, esta organización no puede asumirlo y socializarlo, sin más, con todos sus miembros.

Una OTAN con Ucrania dentro haría a todos los socios de la organización más inseguros, de forma similar, por otro lado, al hecho de que una Unión Europea (UE) con Ucrania como miembro haría que los riesgos económicos para la Unión y para todos los países que forman parte de ella fueran inaceptables.

La OTAN seguirá sin comprometerse completamente con Ucrania, a la que nunca ofrecerá un plan de acción para el acceso a la Alianza Atlántica.

Al final, la OTAN no podrá resolver los problemas de seguridad de Europa aisladamente y, para ello, tendrá que contar con Rusia.

Cuanto antes la OTAN llegue a esta convicción, mejor será para Europa y para el resto del mundo.

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