Economía

Crédito social chino: el sistema de puntos que ya se exporta a otras sociedades

  • Premia o penaliza a los ciudadanos según el cumplimiento o no de las leyes
  • Saltarse un semáforo o fumar en lugares públicos conllevan ciertas restricciones
  • Bolonia ha sido la primera ciudad europea en usar este controvertido sistema
Foto: Alamy

Los orígenes del sistema de crédito social chino se remontan a 1980, cuando por aquel entonces el gobierno intentó desarrollar un sistema de calificación crediticia bancaria y financiera personal, especialmente para las personas que habitan en zonas rurales y pequeñas empresas carentes de registros legales. Esos fueron realmente los inicios hasta que poco a poco el gobierno chino cambió paulatinamente de objetivo.

En 2009, el programa, ya con tintes puramente sociales, inició pruebas regionales; y en 2011, el primer ministro chino, Wen Jiabao, lo presentó durante una de las reuniones del Consejo de Estado. En 2014, se lanzó un piloto nacional con ocho empresas de calificación crediticia. Sin embargo, no fue hasta 2020 cuando el sistema de crédito social se instauró de manera ininterrumpida. 

Ángel o demonio

El gobierno chino ha proclamado como objetivo mejorar la confianza social y regular a las empresas con respecto a cuestiones como la seguridad alimentaria, el robo de propiedad intelectual y el fraude financiero. Sin embargo, existen dos posturas diferenciadas; por un lado, los partidarios que afirman que el sistema ayuda a regular el comportamiento social, a mejorar la "confiabilidad" de los ciudadanos en el seguimiento de actividades como el pago de impuestos y facturas a tiempo, y a promover los valores tradicionales.

Por el otro, el de los críticos del sistema, que afirman que traspasa el estado de derecho y viola los derechos legales de los residentes y las organizaciones, especialmente el derecho a la reputación, el derecho a la privacidad y la dignidad personal, y que el sistema es una herramienta para la vigilancia gubernamental y la supresión de la disidencia del gobierno chino.

La lista negra

En este sentido, este controvertido sistema guarda un lado oscuro. En él, los ciudadanos pueden entrar en una lista negra con bastante facilidad, lo que tiene graves consecuencias en la vida real. Acciones tan cotidianas como saltarse un semáforo, fumar en lugares prohibidos, tener deudas impagadas o cometer fraude, además de su correspondiente sanción administrativa, conlleva ciertas restricciones: como la prohibición de viajar en avión o en trenes de alta velocidad, y la compra de artículos de lujo.

En algunas ciudades, se publicita la información de las personas morosas en pantallas LED de centros comerciales, camiones o paradas del autobús, desvelando datos personales y suponiendo un escarnio social para la persona afectada y su familia. Según informes, ya son más de 20 millones de personas las que forman parte de la lista negra. Algunas recurren a difundir públicamente sus disculpas y advertencias a la ciudadanía a través de las redes sociales, como Douyin, el Tiktok chino.

Por si fuera poco, si el crédito social es negativo, no se podrán solicitar subvenciones, acceder a préstamos o conseguir matrícula en las mejores escuelas o universidades públicas. En esta línea, este sistema no especifica qué comportamientos pueden penalizarse. En este sentido, Xinkai, residente de Pekín, asegura que "no hay un sistema de crédito social comportamental, pero sí se utiliza este término de 'déficit de crédito social' cuando se infringe la ley".

Por otro lado, también se pueden recuperar puntos haciendo donaciones económicas a los servicios comunitarios de distrito, donando sangre, o bien teniendo un comportamiento ejemplar. Desde hace años existe un sistema de puntuación alternativo desde la aplicación de pago electrónico Alipay (perteneciente a Alibaba), el conocido como Zhima Credit, y la cifra (entre 350 y 950 puntos) está relacionada con el historial de compras. Es, básicamente, un programa de fidelización donde su puntaje responde únicamente a datos económicos.

En la actualidad, existen multitud de empresas que aplican este sistema. Algunas de las pioneras fueron Ant Financial, parte del grupo Alibaba y dueña de Alipay, que puntúa a sus clientes en función de sus hábitos de consumo o si pagan sus facturas a tiempo; y también Ziroom, una de las inmobiliarias con más presencia en Pekín, que tiene su propio método de calificación y da puntos a sus inquilinos según su comportamiento para que puedan obtener descuentos.

De China a Italia

Bolonia, además de ser la ciudad más minusvalorada del mundo, ha sido la primera urbe europea en adoptar este sistema de puntos, llamado "Smart Citizen Wallet" (Cartera Ciudadana Inteligente), el cual premiará mediante puntos a las personas por diversas acciones, como reciclar, usar el transporte público o administrar bien la energía. 

Es voluntaria y se lanzó en otoño de 2022, mientras que en Roma se encuentra en su etapa experimental. "Obviamente, nadie se verá obligado a participar", aseguró Massimo Bugani, director de la "Agenda Digital" de la ciudad norteña. Además, mencionó que "aquellos que quieran podrán dar su consentimiento al descargar y usar la aplicación". "Queremos hacerles entender que no son 'perdedores', sino que su comportamiento es recompensado".

Por otro lado, este crédito social también se ha exportado a Venezuela. Asimismo, toda la tecnología china de vigilancia y control de masas también la ha ido exportando a otros países de Asia, África y Suramérica, incluida Europa. Así, en diversos países de África, Huawei representan el 70% de su red 4G.

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