Economía

La peor relación franco-alemana entorpece las decisiones en la UE

  • París y Berlín tienen posturas divergentes en cuestiones como energía o defensa
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Olaf Scholz. europa press
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Cuando Francia y Alemania hablan idiomas distintos, el diálogo comunitario se bloquea. Por enésima vez desde que Rusia invadió territorio ucraniano y la guerra empezó, las desavenencias entre París y Berlín obstaculizan la toma de decisiones en una Unión Europea que pelea por acortar sus lentos y burocráticos plazos de toma de decisión. La falta de complicidades entre ambos países dificulta el entendimiento. Y la alianza que tradicionalmente ha sido impulsora de grandes decisiones en el bloque, así como de la propia integración europea, flaquea en un momento clave en el que intereses divergentes marcan posturas distantes en cuestiones tan apremiantes como energía o defensa.

Poco tiene de casual que en la Cumbre de líderes de octubre el presidente de Francia, Emmanuel Macron, mandara un mensaje a Alemania sugiriéndole que no era la mejor idea que se aislara a sí misma. Porque fue, principalmente, la postura de Berlín la que tensó las negociaciones en el encuentro por su rechazo a poner un límite de precio a las importaciones de gas. Tampoco concuerda con París en el desarrollo del ya expirado proyecto de interconexión por gasoducto entre Francia y España, Midcat, ni en la apuesta por la autonomía estratégica que defiende Francia. Y no es que tuviera una buena acogida, precisamente, la decisión de Alemania de crear un plan de ayudas contra la crisis energética dotado 200.000 millones de euros para las empresas alemanas.

Macron por un lado, y el canciller alemán, Olaf Scholz, por otro, llegaron a la reunión bilateral de emergencia que tuvo lugar hace dos semanas en París con posturas distantes. Era un ejercicio de supervivencia, un intento por rebajar la inquietud que había suscitado la cancelación del tradicional encuentro entre ambos países en Fontainebleau. Pese a las expectativas, y también presiones, que había puestas sobre el encuentro, París y Berlín sólo sacaron en claro que los recientes subsidios estatales anunciados por Estados Unidos distorsionan el mercado. Estuvieron de acuerdo ambos líderes que se trata de una apuesta proteccionista que busca atraer a las empresas para que trasladen su producción a territorio norteamericano. También, en que la UE tendrá que responder en los mismos términos si la administración Biden no da marcha atrás.

De que las dos mayores economías de la UE se pongan de acuerdo dependen las grandes decisiones del bloque, como ha sido esa gran emisión de deuda conjunta que llegó con la pandemia. El eje franco-alemán aglutina un tercio de la población de la Unión Europea y dos tercios del Producto Interior Bruto comunitario. Como pilares fundadores del acuerdo político de la UE, las decisiones acostumbran a requerir el apoyo de uno de las dos capitales. Si bien los soportes de Francia suelen encontrarse al sur de Europa y los de Alemania reposan sobre Países Bajos, Austria o al este de Europa.

Desencuentro por el gas

Lo que siguen siendo posturas, por el momento, sin reconciliar son las que conciernen al sector energético. Si Francia aboga por poner un límite al precio de las importaciones de gas al mercado comunitario, Berlín defiende que esto podría poner en riesgo el propio suministro de gas a la UE. A Alemania le sigue pesando una losa: la elevada dependencia que ha mantenido del gas de Moscú. Y justifica su cautela la elevada aportación a su mix energético de las centrales de gas y su industria altamente dependiente de este hidrocarburo.

Tampoco se lo puso fácil Francia a la hora de mejorar las interconexiones de gas. El paralizado proyecto del Midcat, para reforzar las conexiones gasísticas entre la Península Ibérica y el mercado galo, empezaba a coger aire como ruta alternativa para suministrar gas al mercado germánico desde el Norte de África. No obstante, el pulso de un París reticente que no veía, en múltiples planos, viabilidad en tal proyecto acabo relegando el Midcat al olvido y reemplazándolo por un proyecto corredor de hidrógeno entre Barcelona y Marsella.

Discrepancias económicas

Y aunque no extrañó la propuesta en sí pues se ampara en el tradicional deje de Alemania por apoyar a su industria, esos 200.000 millones de euros que Berlín anunció de forma unilateral como parte del paquete para ayudar a las empresas a sortear la crisis energética fueron duramente criticados. La cuestión sobre la mesa es si rompe con las normas de competencia en el mercado comunitario, si concede una ventaja competitiva a las empresas alemanas.

Cierto es que en lo que están de acuerdo ambas capitales es en continuar apoyando a Ucrania frente a la invasión militar rusa. Si bien de nuevo difieren en que Francia aboga por la adquisición conjunta de equipo militar para la UE y Alemania, que lo considera una concesión para las empresas galas, se inclina por el material americano.

Y los acercamientos comerciales de Berlín a Pekín despiertan reminiscencias entre los socios comunitarios de esa dependencia del gas de Moscú que ha puesto a Europa contra las cuerdas en términos energéticos. La decisión de Alemania de dar luz verde a la compra de la empresa estatal china, Cosco, de una participación del 25% en una de las tres terminales del puerto de Hamburgo -el más grande del país- alienta la distancia de los Estados miembro, que ven en el Gigante Asiático un rival sistémico, como lo vienen calificando en reiteradas ocasiones.

En este marco, el Gobierno de Olaf Scholz está más centrado en salvar las papeletas con los socios de su coalición que anteriores cancilleres. Y en medio de este pulso franco-alemán, a la Unión Europea le crecen los enanos con la llegada al poder de Gobiernos euroescépticos recientemente en Italia o Suecia, que se suman a los de Hungría y Polonia. Lo que podría ahondar en las escisiones en el bloque comunitario en un momento crucial en términos energéticos, al que parece las suaves temperaturas están concediendo una tregua para encauzar las aguas.

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