Economía

Malasia quiere copar el mercado del aceite de palma pero las circunstancias están en contra

Foto: Dreamstime

Malasia es muy consciente de que algunos trenes solo pasan una vez en la vida. La guerra entre Rusia y Ucrania, las sanciones internacionales, el auge generalizado de los precios y la limitación a las exportaciones de aceite de palma en Indonesia han creado la ocasión perfecta para que Malasia redoble esfuerzos para aprovecharse de una situación que pocos podían prever hace apenas medio año: el incremento de la demanda en un producto que había sido denostado. Pero no lo va a tener fácil.

Las críticas hacia el aceite de palma en la última década habían ido en aumento por dos grandes motivos. En su faceta nutricional, tiene un alto contenido en ácidos grasos saturados, por lo que ha sido desaconsejado desde el punto de vista médico. Por otra parte, en la vertiente medioambiental, el cultivo del aceite de palma genera deforestación allí donde se planta, lo que además acaba con el hábitat natural de los animales que allí viven.

La oportunidad de Malasia

Esto hizo que parte de la industria agroalimentaria de Occidente empezase a prescindir de este tipo de aceite en sus productos, sustituyéndolo generalmente por aceite de girasol, algo más caro. Pero ahora este sustitutivo se ha encarecido enormemente, puesto que sus dos mayores productores, Rusia y Ucrania, se encuentran en guerra, de forma que la producción en la zona se ha desplomado, y el suministro resulta muy complicado.

En consecuencia, multitud de productores están regresando al aceite de palma, encareciendo también los precios de esta materia prima. Aunque firmas como Nestlé han apuntado que solo comprarán a plantaciones que realicen una producción medioambientalmente responsable, la realidad es que el consumo ha aumentado para sorpresa de propios y extraños.

Ante esta tesitura, el primer productor mundial, Indonesia, se encontró ante la paradoja de cultivar más que nadie pero tener problemas de suministro interno, ya que los precios que estaban dispuestos a pagar los importadores eran superiores a los de las compañías del propio país. Esto llevó al gobierno indonesio a prohibir durante casi un mes la exportación del aceite refinado con el objetivo de asegurarse el suministro interno.

El freno a Malasia

Rápidamente, Malasia se ofreció a cubrir la demanda internacional. Pero las circunstancias no juegan a su favor.

Por una parte, el precio de los fertilizantes se incrementó al inicio de la temporada de cultivo, lo que hizo que los productores tuvieran dificultades para adquirir producto suficiente. Esto por una parte aumenta el precio de venta, pero por otro mengua el número de toneladas que son capaces de extraer por cada hectárea.

Por otra parte, Malasia lucha con una carestía de recolectores. Antes de la pandemia, el estado ya estimaba que necesitaba unos 36.000 trabajadores extra para poder recoger toda la producción, pero actualmente se estima que la cifra se ha incrementado hasta los 120.000 empleados. Por ello, aunque el gobierno estima un incremento de la producción hasta un rango de 23 a 25 millones de toneladas este año, las patronales del sector reducen la previsión hasta los 18,5 millones, una cifra que rozaría su mínimo del último lustro.

El regreso a bolsa de Kulim

Esta misma semana, la firma de inversión controlada por el estado malayo Johor Corp ha anunciado su intención de sacar a bolsa su división de plantaciones (Kulim Malaysia), en una OPV que espera recaudar unos 1.000 millones de dólares malayos (ringgit), el equivalente a 215 millones de euros. El objetivo es hacer pública la división antes de que acabe el año en Kuala Lumpur, según informa Bloomberg. Kulim cuenta con más de 55.000 hectáreas de árboles de palma en Malasia y más de 7.000 hectáreas en Indonesia, según la web de la compañía.

Kulim, una empresa con casi nueve décadas de trayectoria, ya cotizó entre 1975 y 2016, cuando Johor la excluyó de bolsa. Ahora, ante el espectacular crecimiento del precio de la materia prima, parecen haber encontrado la oportunidad perfecta para devolverla al mercado público de acciones. La firma no da beneficios en un ejercicio completo desde el año fiscal 2018.

El aceite de palma ha entrado, por primera vez este año, en pérdidas en el conjunto de 2022. La commodity arrancó el año moviéndose alrededor de los 5.200 dólares, pero en marzo, apenas una semana después del inicio de la invasión de Rusia a Ucrania, superó los 8.100. Durante prácticamente toda la primavera, el aceite de palma cotizaba con subidas de entre el 20 y el 40% en el año, pero el mes de junio ha supuesto una caída casi constante que le ha devuelto a los 5.000 dólares. Pese a ello, hay que apuntar que desde los mínimos del covid se ha revalorizado más de un 130% en poco más de dos años.

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