Pruebas

Mitsubishi Outlander PHEV: una buena manera de dar el salto al mundo híbrido

El Mitsubishi Outlander PHEV es un todocamino híbrido enchufable, disponible en nuestro mercado por un precio de salida de 35.020 euros. Es el más barato y uno de los más interesantes de su segmento.

Cada vez que me subo a un híbrido enchufable, y no son pocos los que llevo ya a mis espaldas, tengo la sensación de estar a los mandos de un coche distinto, peculiar. Al principio todo resulta raro. Tal es el caso del Mitshubishi Outlander PHEV (Plug-in Hybrid Electric Vehicle), que incluso antes de iniciar la marcha me deja claro que es diferente a lo habitual en muchas cosas: el motor no suena cuando cobra vida, el selector del cambio tiene unos recorridos diferentes a los de cualquier otro modelo, a su lado hay unos botones que tienen que ver con la carga y el ahorro de energía... Ni siquiera las levas que hay tras el volante sirven para subir y bajar marchas sino para seleccionar el grado de retención del motor en las fases de deceleración.

En fin, que en un primer momento uno tiene la sensación de estar a bordo de una especie de electrodoméstico con ruedas. Y en cierto modo es así, porque la tecnología que incorpora este Mitsubishi y su manejo poco tienen que ver con la de los coches que usa el común de los mortales en su día a día. Pero más vale que nos vayamos acostumbrando a todo esto, porque la hibridación es, a estas alturas, no el futuro sino más bien el presente de la automoción. La electrificación pura queda todavía lejos, pero la combinación de un motor térmico con otro eléctrico como solución para reducir los consumos y las emisiones es ya una realidad.

La propulsión híbrida, su razón de ser

El Outlander PHEV se mueve gracias a un motor de 4 cilindros y dos litros, que entrega 121 CV y un par de 190 Nm, al que se suman otros dos motores eléctricos de 82 CV cada uno. El resultado es un sistema que mueve a las cuatro ruedas y que también genera energía, con una potencia conjunta de 203 CV. La transmisión queda en manos de un cambio automático de variador continuo del que que hablaremos más adelante. El consumo, sobre el papel, es muy bajo (1,8 litros /100 km), aunque como sucede en todos los híbridos es mejor no tomárselo al pie de la letra, porque la realidad está lejos de la cifra oficial.

Llega el momento de empezar a rodar y, una vez superada la incertidumbre, empiezan a aparecer las ventajas. Que son muchas, por cierto, y casi todas ellas derivadas de la parte eléctrica. Para empezar, las baterías tienen una autonomía teórica de 52 km (algo menos en la práctica), lo que permite moverse en ciudad en modo puramente eléctrico para hacer recorridos cotidianos sin necesidad de gastar una sola gota de carburante; además, se puede aparcar en ciudades como Madrid sin pagar parquímetro y circular por el centro los días que hay restricciones de tráfico por contaminación. Incluso los carriles de alta ocupación como el BUS-VAO son de libre acceso para este Mitsubishi.

Pero lo mejor de todo, lo que acaba creando incluso una cierta adicción, es el silencio de marcha. La insonorización del coche unida a la nula rumorosidad de los motores eléctricos, hace que moverse a baja velocidad con el Outlander PHEV sea un placer. También gusta la capacidad de aceleración inmediata que proporcionan las baterías, contundente y sin rastro alguno de patinamiento cuando se inicia la marcha. Nada que ver en este sentido con casi cualquier coche que se mueva con un motor térmico.

Con sus virtudes y defectos

El Outlander se ha puesto al día recientemente con una serie de cambios que afectan a la parte frontal -paragolpes, faros y parrilla- y al interior, donde aparece una nueva consola central rediseñada. El híbrido, además, pone su nota distintiva con el cromado de la parrilla y la parte inferior de las puertas, el paragolpes trasero y los pasos de rueda pintados en el color de la carrocería, las llantas específicas... De alguna manera se distancia estéticamente de sus hermanos de gama con estas pequeñas sutilezas.

El habitáculo es amplio, de hecho, este quizá sea uno de lo mejores reclamos del coche para todos aquellos clientes que busquen buenas dosis de habitabilidad, sobre todo en la segunda fila de asientos. El maletero tampoco se queda escaso con sus casi 500 litros.

Pero al margen de las virtudes que han ido quedando reflejadas a lo largo de esta prueba, también hay una serie de argumentos en contra de este híbrido que quizá merezca la pena tener en cuenta para evitar sorpresas, como son:

- El consumo: esos 1,8 litros a los cien que declara el fabricante son difíciles de conseguir en la vida real. Quien conduzca a menudo en ciudad le sacará partido a la parte híbrida, lo que supone un gran ahorro. Por el contrario, quien suela recorrer grandes distancias fuera de la urbe se encontrará con unos consumos en autopista que pueden rondar los 10 litros, lo que cambia la cosa de forma radical.

- El motor: el sistema de propulsión rinde 203 CV en conjunto. Caballos que a veces cuesta encontrar cuando se pisa el pedal a fondo. Dicho de otra manera, que nadie espere unas aceleraciones fulgurantes en este Outlander que, si bien es muy correcto en este apartado, en ningún caso llega a ser un tiro.

- La transmisión: a pesar de que varios fabricantes siguen recurriendo al cambio automático de variador continuo como solución para sus híbridos -este Mitsubishi también-, lo cierto es que no ayuda a exprimir las posibilidades del motor y además resulta molesto cuando se acelera con intensidad porque el motor se queda estancado a regímenes de giro muy elevados.

- El espacio: la habitabilidad es una de las grandes virtudes de este coche, es indiscutible. Pero el PHEV no puede tener tercera fila de asientos y su maletero tiene una capacidad algo reducida en comparación al resto de la gama Outlander. Esto se debe al motor eléctrico que va ubicado en la zaga y resta espacio.

- Diseño: la puesta en escena interior y la sensación de calidad percibida no llegan a estar al altura de algunos rivales generalistas de su segmento. Existen algunos competidores orientales del segmento SUV que han sabido interpretar mejor el gusto europeo a la hora de definir sus diseños.

Visto todo esto y a pesar de no ser un coche perfecto, el Mitsubishi Outlander PHEV puede ser una gran opción para entrar en el mundo de los SUV híbridos por la puerta grande. Es amplio y práctico, en ciudad aporta muchas ventajas y, lo más importante de todo, es el modelo más barato de su segmento. Es incluso más económico que un Outlander diésel con equipamiento similar. Así que, ¿por qué no dar el salto a la nueva tecnología?

Lo destacable

- Tres formas de cargar las baterías: enchufado a la red, con el motor térmico y con la frenada regenerativa

- Amplitud

- Suavidad de marcha

Lo mejorable

- Consumo en condiciones reales en un uso mixto

- Menos maletero que otros Outlander

- Transmisión de variador continuo

Ficha técnica

Motor: gasolina, 4 cil, 1.998 cc + 2 eléctricos

Potencia conjunta: 203 CV

Par motor conjunto: N.D.

Consumo mixto oficial: 1,8 l/100 km

Transmisión: automática

Maletero: 498 litros

Velocidad máxima: 170 km/h

Aceleración 0-100 km/h: 11,0 segundos

Precio: 35.020 euros

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